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miércoles, 20 de octubre del 2021

Enseñanzas de Ecuador

En Ecuador estuve en la elección presidencial, el pasado 19 de febrero, y   luego por 15 dí­as recorrí­ distintas regiones del paí­s. Platiqué con personas   de diversa condición social y simpatí­as polí­ticas. Lenin Moreno, el candidato   de Alianza Paí­s, el partido del presidente Rafael Correa, obtuvo 39.6% de los   votos. Le faltaron cuatro décimas para no ir a la segunda vuelta, misma que   tendrá lugar el próximo 2 de abril, contra Guillermo Lasso, de Creo-Suma.

Ahora, en los últimos 10 años he estado cuatro veces en este paí­s,   entendí­ mejor la importancia que tiene en el sistema electoral ecuatoriano el   voto obligatorio y la segunda vuelta electoral. Aquí­ el voto no es un derecho   sino una obligación que, de no cumplirse, no queda impune y tiene sanciones   que se hacen valer. El ciudadano que quiera puede votar en blanco. La   participación electoral en todas las elecciones ronda en 85 por ciento.

La obligatoriedad reduce de manera radical la relación clientelar entre   partidos y ciudadanos y otorga a estos últimos gran independencia respecto a   los primeros. Los electores votan porque deben hacerlo y no porque tal o cual   partido hizo entrega de una dádiva, para “animar” la participación electoral.   El órgano electoral no está llamando a los ciudadanos a votar y se reducen dramáticamente   los costos de promoción del voto. En los hechos, no hay necesidad de hacerlo.
  

Lograr que se establezca el voto obligatorio debe ser una causa de la   sociedad civil mexicana. Evitarí­a muchos de los vicios del actual sistema   polí­tico e implicarí­a empoderamiento de los electores respecto a los   partidos. Harí­a también más democrática la competencia electoral, que estarí­a   sujeta a la obligación de votar y no al “compromiso” con los partidos. La   perversa estructura partidaria de los actuales promotores de voto   desaparecerí­a.

La segunda vuelta tiene también claras ventajas sobre las elecciones de   golpe de suerte o “descontón”. Obligan a la construcción de mayorí­a que   desata un complejo proceso de alianzas y acuerdos que garantizan legitimidad   y también dan estabilidad al sistema. Los perdedores de la primera vuelta   pueden ganar espacio a partir de la negociación. No todo es para el ganador y   nada para el perdedor, como ocurre en nuestro sistema polí­tico de una sola   vuelta.
  

En éste alguien puede ser presidente con menos de 30% de los que se   presentaron a votar, que no son más que 60% del padrón. Es claramente un   presidente elegido por una minorí­a. Está muy lejos de representar a la   mayorí­a. Eso provoca de entrada, como ha ocurrido con el presidente Peña   Nieto, el rechazo de la mayorí­a. El actual sistema electoral de una vuelta ya   dio y debe dar lugar al de dos vueltas.

La próxima reforma electoral deberí­a contemplar estos dos pilares del sistema electoral ecuatoriano: el voto obligatorio y la segunda vuelta. Urge al sistema electoral mexicano elevar sus niveles de confianza y credibilidad. Estas dos medidas contribuirí­an claramente, para que eso ocurra. De otra manera el sistema se seguirá desgastando, provocando un creciente rechazo y desconfianza. México tiene mucho que aprender de las lecciones del sistema electoral ecuatoriano.

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