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viernes, 07 de mayo del 2021

Elecciones de 2019: consideraciones e historia

Tomando como referencia de análisis las elecciones presidenciales del año 2019 a partir de los resultados de cada elección presidencial desde el año 1989, destacaremos algunas hipótesis de discusión que tienen como finalidad batir el excesivo fanatismo que adormece a millares de ciudadanos jóvenes. Dos son pues las perspectivas que a partir de las experiencias pasadas sobresalen: el gradual y estoico trayecto del triunfo que alcanzó el FMLN en un lapso de 15 años, proceso que hizo desplazar a otro partido polí­tico a una fuerza partidaria electoral minoritaria y la inaudita fuerza de atracción electoral que ha mantenido ARENA por casi 30 años.

Desde que tomó vida la figura partidaria de los grupos exguerrilleros hacia el final del siglo pasado, la tendencia de crecimiento del caudal de votos de dicho instituto se desarrolló desplazando al Partido Demócrata Cristiano (PDC) como segunda fuerza de más peso electoral. En los comicios de 1989, el PDC obtuvo el 36.0% del total de votos válidos, en 1994 cuando aparece el Frente como opción de votación, el PDC cae al 16.15% y en 1999 este mismo partido polí­tico se desmorona al 5.78% como opción favorita posibilitando al FMLN ser la segunda fuerza partidaria de mayor captación de votantes. La paciente fuerza electoral del partido rojo de izquierdas desplazó la legitimidad y atracción de la democracia cristiana.

Por otro lado, desde 1989, ARENA, como institución partidaria electoral, ha mantenido una condición óptima y saludable que nada más pareció ponerse en riesgo en las elecciones del año 2015; no obstante, ello nada más fue circunstancial pues casi derrotaba en segunda vuelta a Salvador Sánchez Cerén y Óscar Ortiz. Con cuatro victorias continuas desde 1989 hasta 2005, el partido tricolor de derechas no parece languidecer ni mucho menos ser de mí­nima atracción del cuerpo electoral salvadoreño.

Podrí­a suceder que el partido de derechas se agencie de nuevo la administración del Órgano Ejecutivo en una victoria electoral en 2019 impidiendo al FMLN mantener el poder sin que este partido necesariamente tenga que desaparecer y siga competiendo en venideras elecciones.

Cabe destacar en este punto que con la incorporación del partido Nuevas Ideas de Nayib Armando Bukele Ortez, el análisis de las elecciones del año 2019 exige que se considere dicha variable. Aparentemente, Nayib Bukele, la cara visible de este instituto partidario que todaví­a carece de existencia jurí­dica, cuenta con una viable aceptación en los resultados de las encuestas de opinión. La estrategia de reproducir constantemente dichos resultados nada más intenta posicionar la imagen de Bukele pues los sondeos de opinión recogen un conjunto exageradamente limitado de percepciones ciudadanas que se aventuran a desconsiderar cientos de variables que intervienen en el dí­a de las elecciones. Nadie puede predecir el resultado electoral a partir de una o más encuestas de opinión. Estas son útiles únicamente para debilitar los ánimos de los adversarios y estimular a los adeptos.

En los años de la postguerra en El Salvador, ninguna fuerza polí­tica que nace apenas de algunos meses faltantes de una elección presidencial ha logrado la victoria, precisamente y entre otras razones porque instaurar una estructura organizacional en todos los municipios de El Salvador exige una gestión imposible de concretizarse en cuestión de meses. A lo mejor, el partido Nuevas Ideas de Nayib Bukele pase a conformar una alternativa polí­tica minoritaria de izquierdas en la oferta partidaria existente. Pero si atrevidamente tomamos como parámetro el devenir histórico electoral y consideramos que la emergencia de una nueva figura partidaria debe sustituir a una de las dos fuerzas polí­ticas de mayor captación de votos, entonces la que ya demostró que podrí­a ser reemplazada con el tiempo es la del FMLN. Hay una diferencia sustancial entre el proyecto del partido rojo y Nuevas Ideas: el FMLN no concentró sus fuerzas en una figura unitaria, sino en una organización definida que creció poco a poco hasta que logró arribar a la presidencia luego de varios años como oposición.

El error más grave que está realizando Nayib Bukele es concentrar las fuerzas organizacionales y partidarias en su figura individual pues esto equivale a que todo dependerá de la unicidad, verticalidad y unidimensionalidad del edil capitalino. Ninguna organización polí­tica opera a partir de una figura particular humana. La debilidad de concentrar todas las fuerzas en Bukele radica en que si este resulta derrotado, todo el movimiento será derrotado sin recomponerse con facilidad.

En conclusión, la persuasión del voto de ARENA en casi 30 años, en vez de disminuir podrí­a más bien aumentar dado que los resultados recientes de las elecciones municipales y parlamentarias, muy cercanas a las presidenciales, han motivado al partido tricolor esperanzas de triunfo pues el voto del FMLN parece haberse dividido con la expulsión de Bukele. El FMLN podrí­a de igual forma comenzar una laboriosa carrera hacia un tercer perí­odo presidencial a sabiendas que debe reconquistar el flujo de votos perdidos o podrí­a ser reemplazado por el partido del edil capitalino y así­ pues fraccionarse el voto de aquellos que jamás marcarí­an la papeleta de votación por ARENA. En fin, la variable de la organización de todos los recursos que mejor prepare el partido que aspire a gobernar a partir del próximo quinquenio es significativamente mucho más importante que los mensajes propagandí­sticos que intenten ubicarse en la esfera pública para persuadir al cuerpo electoral.

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Ricardo Paniagua
Columnista Contrapunto

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