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lunes, 17 de mayo del 2021

El virus del odio inoculado por Donald Trump

A partir de la crisis económica iniciada en 2008, se ha producido un fenómeno político-religioso a nivel mundial que ha generado en importantes sectores de la población mundial actitudes racistas, xenófobas, antisolidarias, individualistas, antiecológicas, racistas, sexistas, etc. Son actitudes propiciadas por organizaciones políticas, sociales, económicas y culturales de extrema derecha, atizadas por líderes políticos como Donald Trump, Jair Messias Bolsonaro, Santiago Abascal, Viktor Orban, Matteo Salvini, Andrej Duda, y legitimadas por movimientos religiosos integristas.

Una de las personas que más ha contribuido a la difusión del discurso y de las prácticas de odio ha sido Donald Trump durante los cuatro años de presidencia de los Estados Unidos, que ha culminado con el asalto —verdadero golpe de Estado frustrado— al Congreso de los Estados Unidos, alentado por Trump y llevado a cabo por sus seguidores. El discurso y las prácticas de odio de Trump han contado no solo con el apoyo del Partido Republicano, sino con un numeroso e influyente sector del movimiento evangélico fundamentalista, que, en enero de 2020, puso en marcha la campaña “Evangélicos por Trump” para apoyar su candidatura.

La organización religiosa Capitol Ministries, apoyada por el vicepresidente Mike Pence, el secretario de Estado Mike Pompeo, la secretaria de Educación Betty DeVos, el secretario de Energía Nick Perry y el fiscal general Jebb Sessions, ha legitimado su política belicista, ultraneoliberal, xenófoba, patriarcal, racista, negacionista del cambio climático, belicista y generadora de fake news, a través del falseamiento del sentido liberador de los textos de la Biblia judía y la Biblia cristiana.

El apoyo a Trump ha venido también de grupos católicos ultraconservadores y de importantes personalidades de la Iglesia católica, como el cardenal Timothy Dolan, arzobispo de Nueva York y ex presidente de la Conferencia Episcopal de la Iglesia Católica de Estados Unidos, que mantuvo estrechas relaciones de complicidad con Trump a lo largo de todo su mandado y dirigió la oración en la Convención Nacional del Partido Republicano que confirmó a Trump como candidato a la presidencia de Estados Unidos para un segundo mandato. Legitimaba así religiosamente, al más alto nivel, dicha candidatura.

En las elecciones del 3 de noviembre Donald Trump fue derrotado. Sin embargo, consiguió 75 millones de votos, en torno a nueve millones más que en las elecciones de 2016. Tales apoyos demuestran que su derrota no representa el fin del trumpismo. Todo lo contrario, se mantiene vivo, activo y pujante. No repetirá como presidente de los Estados Unidos, pero ya ha incubado el virus del odio del racismo, la xenofobia, el machismo, la LGTBIfobia, etc., no solo en la ciudadanía estadounidense, sino en la población mundial. Cuenta para ello con el apoyo del presidente de Brasil, actor principal de la Internacional de odio y eficaz predicador del cristo-neofascismo, con algunos de los gobernantes europeos de la derecha y extrema derecha como Viktor Orban en Hungría y Andrjez Duda en Polonia, con algunos líderes políticos como Salvini en Italia, Santiago Abascal, algunos dirigentes del Partido Popular y determinadas organizaciones ultraconservadoras católicas como HazteOír, El Yunke, Infocatólica y la Asociación de Abogados Cristianos en España. Desactivar el discurso y las prácticas de odio no va a resultar fácil, porque están fuertemente arraigados en el imaginario social y cuentan con fuertes apoyos económicos, políticos y religiosos. Pero hay que intentarlo con una pedagogía adecuada porque están en juego la democracia y la dimensión liberadora de las religiones.

Como respuesta a este fenómeno, que está mutando el mapa político y religioso hasta constituir una grave amenaza para la democracia, me he dedicado durante el confinamiento a escribir el libro que acaba de aparecer: La Internacional del odio. ¿Cómo se construye? ¿Cómo se deconstruye? (Icaria, diciembre 2020, 222 páginas), donde ofrezco un riguroso análisis de la nueva relación entre religión y política en América Latina, Estados Unidos y Europa.

La alianza entre la extrema derecha política y los movimientos cristianos fundamentalistas ha dado lugar al nacimiento de una nueva religión, la Internacional cristo-neofascista, que se alimenta del odio, crece y disfruta con él, lo fomenta entre sus seguidores y lo inocula en la ciudadanía. El odio se dirige contra la llamada ideología de género y el feminismo, los colectivos migrantes, las personas musulmanas, el movimiento LGTBI, el matrimonio igualitario, la interrupción voluntaria del embarazo, el laicismo, etc. La nueva religión se guía políticamente por la dialéctica amigo-enemigo, religiosamente por la teología de la prosperidad y económicamente por el neoliberalismo a ultranza. Niega el cambio climático, la discriminación y violencia contra las mujeres, se opone a la educación afectivo-sexual en las escuelas e interpreta el coronavirus como castigo de Dios.

El libro muestra cómo se construye el odio, ofrece una pedagogía para deconstruirlo y propone alternativas para la creación de una sociedad interreligiosa, intercultural, interétnica, solidaria con las víctimas del odio, respetuosa de las diferencias, que combine la redistribución igualitaria y el reconocimiento no jerárquico de las diferentes identidades y se aleje del nacionalismo étnico excluyente, del supremacismo, del individualismo neoliberal, de los fundamentalismos religiosos y del doctrinarismo dogmático. Una sociedad comprometida en la construcción de un feminismo del 99%, según la propuesta de Nancy Frazer, y de una mayoría ciudadana contraria al 1% que detenta el poder económico y político en el mundo.

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Juan José Tamayo
Teólogo, director de la Cátedra “Ignacio Ellacuría”, de la Universidad Carlos III, Madrid

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