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domingo, 09 de mayo del 2021

El sexo antes de Hernán Cortés

Una revista arqueológica revela las prácticas sexuales prehispánicas prohibidas y permitidas por los mayas, aztecas y demás pueblos mesoamericanos.

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Los pueblos prehispánicos de Mesoamérica permití­an la poliginia, la sodomí­a y hasta la pedofilia, aunque castigaban con la mutilación o la muerte el adulterio y otras transgresiones, según el editor de la revista ‘Arqueologí­a Mexicana’, Enrique Vela.

El arqueólogo explicó que la sexualidad entre los pueblos anteriores a la colonización fue un asunto censurado por los conquistadores debido a que consideraron pecaminosa la sexualidad abierta, aunque los primeros cronistas rescataron en sus escritos diversos aspectos de prácticas sexuales que vieron al llegar al nuevo territorio.

El número de la revista del bimestre julio-agosto recoge estudios de varios especialistas sobre diversos aspectos de la sexualidad prehispánica, como la homosexualidad entre los mayas, la masturbación ritual en Centroamérica, la sexualidad en la tradición mesoamericana o las transgresiones sexuales.

Vela dijo que durante siglos estos asuntos no se trataron y numerosos vestigios de temática sexual fueron ocultados al público, entre ellos los falos gigantes de la huasteca o de los mayas, así­ como imágenes sobre homosexualidad y otras alusiones sexuales.

En su opinión, no todos los pueblos antiguos compartí­an las prácticas sexuales, pues la reserva de los mexicanos contrastaba con la liberalidad de los huastecos o totonacos -que permití­an la sodomí­a y la pederastia- o con la de otros grupos como los otomí­es, yaquis o los grupos que ellos denominaban chichimecas.

Vela recuerda que esta liberalidad fue recogida por los primeros cronistas de la conquista y señala en la revista un episodio con tintes de leyenda de Fray Bernardino de Sahagún, llamado ‘Historia General de las cosas de Nueva España’, y en el cual se recogen testimonios de la sexualidad entre las sociedades prehispánicas.

Otra de las prácticas prehispánicas fue la homosexualidad, que se castigaba con la muerte, y fue recogida en numerosos testimonios de los misioneros y en las mismas ‘Cartas de Relación’ de Hernán Cortés, quien escribió: "hemos sabido y sido informados de cierto que todos son sodomitas y usan aquel abominable pecado".

Entre los grupos mexicanos se distinguí­a al homosexual activo del pasivo. Mientras que el activo seguí­a representando su rol genérico masculino, el pasivo, al ser penetrado en el acto sexual, violaba su rol de hombre y se feminizaba. Por este motivo, al pasivo le sacaban las entrañas y le prendí­an fuego, en tanto que al activo lo enterraban con ceniza y ahí­ morí­a.

El adulterio era una de las principales transgresiones y la revista señala que entre los cronistas existen numerosas referencias a la pena de muerte por adulterio, aunque también se dejaba en ocasiones que el castigo lo aplicara el mismo marido, quien arrancaba a mordiscos la nariz a su esposa y al amante.

Sobre la prostitución, entre los mexicanos fue ambivalente, pues por un lado la prostituta era estigmatizada y repudiada socialmente, pero por otro su actividad era tolerada, pues no habí­a penas judiciales contra ella.

Ví­a: El Mundo, España.

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