Por Alonso Rosales
Este sábado, mientras los cielos de Oriente Medio ardían con una escalada bélica sin precedentes tras los ataques de Estados Unidos e Israel contra la República Islámica de Irán, la dirigencia venezolana se vio obligada a emitir un pronunciamiento oficial que refleja la complejidad de un mundo en conflicto.
La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, en un comunicado difundido por la Cancillería, expresó la condena y el profundo lamento de su gobierno por la decisión de optar por la vía militar en lugar de la negociación diplomática. El documento subraya que los ataques contra Irán se produjeron en medio de esfuerzos diplomáticos y negociaciones, situación que —según Caracas— ha desencadenado una escalada peligrosa e impredecible de acontecimientos.
Rodríguez, quien ha marcado un giro notable en la política exterior venezolana tras meses de tensiones con Washington, llamó también a la comunidad internacional y a las partes involucradas —Estados Unidos, Israel e Irán— a retomar la vía del diálogo para frenar una cadena de represalias que amenaza con extenderse más allá de los campos de batalla. La Cancillería lamentó que, junto a los ataques iniciales, las represalias militares de Irán contra objetivos en distintos países de la región contribuyan a un escenario global de inestabilidad.
Este pronunciamiento ocurre en un momento geopolítico delicado: Rodríguez ha buscado en las últimas semanas acercamientos diplomáticos con Estados Unidos, describiendo al presidente Donald Trump como un “socio y amigo” y solicitando el fin de las sanciones y el bloqueo económico que afectan a Venezuela desde hace años.
La declaración venezolana sobre el conflicto en Medio Oriente, publicada este mismo día, refleja así un intento de conciliar posiciones: por un lado, lamenta y condena los ataques militares de Estados Unidos e Israel contra Irán, subrayando las consecuencias para la paz internacional; por el otro, critica las respuestas armadas de Irán como una escalada igualmente grave que pone en riesgo la estabilidad global.
En sus palabras, la estrategia de Rodríguez remarca la importancia del respeto a los principios de la diplomacia, la solución pacífica de las controversias y la Carta de las Naciones Unidas, insistiendo en que sólo mediante el diálogo se podrá evitar una confrontación de consecuencias imprevisibles.
Este pronunciamiento pone de manifiesto la compleja posición de un país como Venezuela, que intenta navegar entre alianzas históricas y los retos de una nueva fase de relaciones internacionales, en un contexto global marcado por tensiones que ponen a prueba la diplomacia y la paz mundial.


