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jueves, 21 de octubre del 2021

El Profe habí­a sido nacional- socialista

Cuando el  Profe entró a la Universidad de El Salvador, rápidamente ganó el liderazgo de los estudiantes de la   Facultad  de Economí­a de la Universidad de El Salvador, especialmente porque los comunistas, quienes eran sus principales enemigos, no supieron equilibrar las aspiraciones inmediatas de los estudiantes con las necesidades históricas de la lucha por el poder del Estado. El Profe era miembro de un grupo nacional-socialista que pretendí­a que el proyecto polí­tico que habí­a tenido éxito en Alemania bajo la dirección de Hitler, en Italia con Mussolini y en  España con Franco, se desarrollara en América Latina, no obstante haber sido derrotado en Europa.

Habí­a  descubierto esta ideologí­a en su casa de la finca “Las tres ceibas”, propiedad de su abuelo, un General muy famoso por haber participado en varias batallas contra los filibusteros nicaragüenses y la tutela polí­tica de Guatemala, formalmente retirado, decidí­a lo que era bueno o malo en todo el municipio, ya que el alcalde y el juez de paz eran parte de su descendencia y las patrullas cantonales lo consideraban su jefe máximo. Pero el Profe se radicalizó en la iglesia de su pueblo natal, participando activamente en la organización religiosa católica llamada “Adoradores de Cristo”, que habí­a sido creada en los primeros años de la administración de Franco en España, como una forma de proteger al “santí­simo” de los comunistas y republicanos, aunque era parte de una archicofradí­a católica de adoración nocturna que posiblemente habí­a sido creada a fines de la edad media, con la bendición del Papa.

El Profe es un católico empedernido, quiso estudiar para cura, pero su abuelo, el general, no se lo permitió; ante ese escollo se metió de cabeza en la organización de los católicos de su pueblo, comenzó su esfuerzo poniendo a la Virgen Marí­a como el centro de atención, pero los hombres del pueblo no querí­an ser llamados “maricones”;  hizo un buen trabajo organizativo con las mujeres jóvenes (las malas lenguas dicen que por ser bien parecido y con mucho dinero);  aprovechó que los entradores y novios de estas muchachas querí­an acompañarlas, para organizar actividades para parejas jóvenes, en que también se promocionaba las congregaciones netamente masculinas como los Nazarenos, Santo Entierro y por supuesto Adoradores de Cristo.

En esa época, el pueblo natal del Profe continuaba castigado por la iglesia católica por haber  decapitado (descabezado) a un sacerdote, en paños menores y bastante alcolizado, que andaba visitando a su amante, como a ocho cuadras de la casa parroquial. El pueblo habí­a pasado como quince años sin sacerdote, pero un grupo de notables del pueblo visitaron en varias ocasiones al Obispo de Santa Ana para que les diera un sacerdote; finalmente empezaron a llegar sacerdotes “castigados” por bolos, mujeriegos y rebeldes. Fue el tercero de esos sacerdotes (después de haber a dos sacerdotes borrachos, que a veces no daban misa por que estaban de goma o simplemente a verga), el que impulsó la organización de los “Adoradores de Cristo”, la cual se congregaba el último viernes del mes, en la iglesia parroquial, para “proteger” el sagrado sacramento; desde las seis de la tarde hasta las seis de la mañana, puros hombres, la mayorí­a de ellos armados con corbos, navajas, palos y unos pocos con armas de fuego; la guardia de honor del “santí­simo” se hací­a hincado, inclinado hacia adelante, empuñando rifles calí­bre 22 o escopetas en la mano derecha (aunque fuera surdo), con el cañón puesto en el hombro. El sacerdote no participaba en la vigilia, era el Profe y otros estudiantes de secundaria los que se daban el gusto hablando en mal de los comunistas que habí­an asesinado a “miles” de personas en Nahuizalco, Apaneca, Salcoatitán y Juayúa, así­ como diciendo pestes del consumo de licor y de chicha, de amar a la mujer del prójimo, de hacer trampa en el juego, de vender a precios demasiados altos o de robarle a la gente con balanzas y romanas amañadas.

Cuando el Profe entró en la Universidad de El Salvador se conectó con facilidad con otros entusiastas nacional-socialistas, especialmente con un profesor guatemalteco, que enseñaba  filosofí­a marxista, al cual le decí­an “el mico Sandoval”, un estudiante de economí­a descendiente de una familia alemana muy adinerada y un sacerdote católico que escribí­a artí­culos en El Diario de Hoy.

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