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El poder de veto de las pandillas

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"Franklin Ignacio López Barrios de 34 años, segundo comandante de la estación #69 de Bomberos Municipales... recibió amenazas después de que rescató a unos heridos en un enfrentamiento entre mafias y lo trasladaron a un centro asistencial donde le salvaron la vida": Carlos Velis

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Por Carlos Velis

Veto: “1. m. Derecho que tiene una persona o corporación para vedar o impedir algo…” DRAE


En algunos artículos anteriores he mencionado que las pandillas tienen poder de veto, y me he referido de su capacidad de imponer su voluntad por la fuerza de la amenaza, doblegando a la sociedad a través del terror. Un poder que no admite réplica. Parafraseando a Rubén Blades, “en el cielo está Dios soberano y en la tierra, la orden de la pandilla”. Esa ha sido nuestra realidad por treinta años.

Un espejo de la realidad, que nos ha devuelto, como a Dorian Gray, nuestro verdadero rostro, desfigurado por todas las suciedades perpetradas por la corrupción de todos los niveles de la sociedad. Y, en consecuencia, los hijos más desprotegidos, los olvidados de siempre, que optaron por el único camino que les quedó, incorporarse a la pandilla.

Y eso creció como la maleza en un campo de cultivo abandonado. Dolorosamente, no hablamos de maleza; son jóvenes nuestros, nacidos en esta tierra, tan pequeña, que todos estamos emparentados. Es nuestra propia sangre la que ha perdido el rumbo en las penumbras de la sociedad. Son yerba buena que se perdió.

Pero esa no es solamente la realidad de El Salvador. Ese fenómeno se ha extendido a toda la región. En nuestra hermana Guatemala, el 16 de mayo de este año, un bombero cayó abatido por una lluvia de balas. Un joven dedicado al servicio de su comunidad, con toda la vida por delante, apreciado por los que tuvimos el gusto de conocerlo, fue víctima del odio irracional de las pandillas, de ese poder de veto, que él violó, en cumplimiento de su deber.

Según el periódico Prensa Libre del 17 de mayo, Franklin Ignacio López Barrios de 34 años, segundo comandante de la estación #69 de Bomberos Municipales Departamentales ASONBOMD, en Peronia, Villa Nueva, recibió amenazas después de que rescató a unos heridos en un enfrentamiento entre mafias y lo trasladaron a un centro asistencial donde le salvaron la vida.

O sea que los heridos tenían que morir, por orden de la pandilla. Por ese “error” que Franklin cometió en cumplimiento de su deber, deja una familia en el desamparo y a toda una comunidad llorando su partida de forma tan cruel. Destaca la nota del periódico que, en el lugar encontraron 91 casquillos de diferente calibre. Terrorismo puro. Poder de veto. Un mensaje claro de que no se puede transgredir la voluntad de la pandilla.

El oficio de bombero siempre ha ejercido una especie de fascinación para los niños. “Bombero, mamá, bombero” dice el estribillo de la canción de Facundo Cabral. Viendo los equipos de hace cien años en el museo de los bomberos en Los Ángeles California, aquellas escaleras de madera en las que rescataban a las víctimas de los pisos alto, no puede uno sentir más que admiración de aquellos héroes. Por eso duele más ese horrendo crimen. 

Descansa en paz, Franklin, amigo.

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Carlos Velis
Carlos Velis
Escritor, teatrista salvadoreño. Analista y Columnista ContraPunto

El contenido de este artículo no refleja necesariamente la postura de ContraPunto. Es la opinión exclusiva de su autor.

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