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viernes, 14 de mayo del 2021

El periodista con perfil de náufrago

En el Instituto Internacional de Periodismo José Martí­  de la Habana, en 1999, asistimos a una clase con el cronista de guerra más importante de la historia cercana, con coberturas de prensa que  incluyen: Vietnam, Angola, Latinoamérica, Europa, Asia, Medio Oriente, me refiero a  Ryszard KapuÅ›ciÅ„ski,  profesor de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, creada y presidida por Gabriel Garcí­a Márquez.  

Para sorpresa nuestra ocurrió un acontecimiento que no estaba en programación Gabriel Garcí­a Márquez llegó al aula ubicada frente a la calle de los presidente frente al monumento a Salvador Allende.

La mayorí­a de alumnos de Latinoamérica nos alborotamos  se detuvo la clase para saludar Ryszard KapuÅ›ciÅ„ski le dijo: "maestro bienvenido a nuestra clase" y Gabriel Garcí­a Márquez, le respondió: "yo no soy el maestro, el maestro es usted", se refirió a  KapuÅ›ciÅ„sk, y continuó diciéndole… "yo solo he escrito lo que me han contado y otras historias que yo me  he inventado; pero usted ha escrito de las cosas que ha visto y vivido, y de los lugares en que ha estado, de la crueldad de las guerras del mundo, de las invasiones y de la cobardí­a de los poderosos y traficantes de armas, de la gloriosa gallardí­a de los combatientes,  incluso de esas guerras que eran cuerpo a cuerpo, cuando no eran como hoy, que son teledirigidas con misiles, donde mueren más civiles que combatientes" refirió. 

Hace cinco años a esta hora supe de tu muerte como un inevitable suceso que no podí­a pasar inadvertido para quienes nos razona el periodismo, sé que muchos dicen que el periodismo es de pasión, yo estoy en desacuerdo con esa acepción, creo que es de razón, porque debe pensarse y la pasión es obsesiva, ciega e irracional y te hace hacer cosas no muy racionales que uno con el paso de los años y después de hacer cosas irreverentes las entiende.

A esta hora hace 5 años supimos de tu partida fí­sica en la red lo lamentaron hasta quienes jamás leyeron un libro o escrito tuyo, la noticia de tu deceso, en ese momento depuso las crí­ticas por tu opción de pensamiento liberal, por tu comportamiento y desencanto por tu crí­ticas  a los sistemas egoí­stas.

Comparto esa singular e irrepetible experiencia,  a esta hora cinco años después en este feriado de semana, cuando te he vuelto a releer con "ojos de perro azul" en la ya segura certeza de tu desaparición fí­sica de tu cuerpo y que no es mentira porque sé que los artistas son creadores e inventores, porque no se sienten conformes con la creación y no admiten y aceptan que la creación a veces se vea injusta y favorablemente solo para pocos , porque no es posibles que el designio de la creación sea la felicidad de unos versus la necesidad de otros.  

Periodista creador del perfil del náufrago cito tus palabras que una vez escribiste: "Cuando una ya no crea, es porque  le llegó la muerte”. “Cuando no escribo, me muero; y cuando lo hago, también”, extraí­da de tu libro relatos periodí­sticos "textos costeños"  recopilación de tu obra periodí­stica, de la cual me deleité más que del resto de tu obra literaria.

Hasta siempre viejo Gabo, que los confines del universo te hayan recibido con la explosión de amor por la humanidad, que tu nombre rebote por el espacio sideral como la detonación de la teorí­a del Big Ban, viajero del relato imaginario, de la mentira bondadosa, de la palabra necesaria e humana,  nos hiciste creer en ella, a imaginar lluvias de mariposas, a naufragar y no perder la esperanza, a creer que un dí­a llegara la carta con la noticia esperada, a perdonar a la Magdalena, a demandar el cese de los bloqueos mentales y a saber que se puede ser fiel a la amistad  y a los proyectos sociales humanos, eso que nos enseñaste amar… desde tu eterno Macondo.

Rigoberto Chinchilla
Rigoberto Chinchilla
Periodista de APES

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