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lunes, 29 de noviembre del 2021

El periodismo después del periodismo

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Por Rigoberto Chinchilla

Aceptémoslo el periodismo ya no es periódico, pese a ello, conserva elevados niveles de registro en el tiempo y espacio que siguen siendo fundamentales en la rigurosidad de su manejo y siguen haciendo la diferencia. Atrás quedó la frase haré un borrador de las notas, lo periodistas han dejado de lado sus libretas de apuntes y sus archivos de documentos como un sucio recuerdo de un pasado cercano y abandonado.

El periodismo aludía a la periodicidad con la que era publicado ya sea una semanario, un diario, vespertino o matutino,  porque esos eran los ciclos para que salieran las publicaciones a las calles, práctica heredada desde que Gutenberg inventó la imprenta. En la era digital (esa galaxia Internet) nos ha cambiado esos ritmos que a cada segundo registra cambios en las noticias que hoy son transmitidas on line.

Ya no hay que esperar tanto, mientras las noticias ocurren, e inmediatamente después de que estas suceden se suben a las plataformas periodísticas, redes de información, bases de datos. Lo periódico se ha vuelto permanente.

El periodismo que nació fragmentario, ahora se vuelto continuo e informático y los tiempos cortos sobreviven a con los largos. Pasamos de publicaciones periódicas que incluyen secciones en noticieros radiales y televisivos que ahora son transmitidas en plataformas digitales para dispositivos móviles de diferentes naturalezas cuya recepción de datos conjugan lo permanente con lo inmediato.

Pero el periodismo profesional  no ha cambiado su naturaleza, sigue siendo una actividad humana cuyos principios siguen inamovibles: la responsabilidad con las fuentes, la libertad de expresión, el equilibrio informativo, la verificación de los datos, la valoración del impacto de lo informado; por eso pensar un periodismo más allá de lo periódico, es una nueva tarea y oportunidad para concebir la información de una manera más acorde a la nueva realidad de los nuevos flujos informativos.  

Al indagar en Facebook observamos cómo se construyen las experiencias comunicativas del presente  siglo XXI: No es una publicación fija y periódica, como en su tiempo funcionaron las revistas, los anuarios o las exposiciones fotográficas; tampoco es ordenada por editores, ni los colaboradores son fijos.

Quizá por eso no es sorpresa que encontremos en ellas publicaciones con errores de ortografía, semánticos, sintácticos e inclusive con carencias de ordenamiento lógico. Así como encontrarnos con brillantes textos, plagios y copy page, fotografías sin crédito y prácticas de estados de ánimo personales que no corresponden a la realidad, actividades no reales y hasta elevados expresiones de megalomanía ciudadanas de manera permanente. 

Muchos noticieros en radio y televisión son elaborados con contenidos y publicaciones de acontecimientos y  capturas de audio, video, textos  de publicaciones que son subidas a estas redes sociales que no pasan por las verificaciones o por las ediciones del periodismo tradicional, la celeridad de sus elaboraciones les vuelve a veces frágiles de credibilidad.

No es posible adelantar criterios de investigaciones y acontecimientos en vivo o que recién ocurren, para dejar a un lado los valores de la precisión periodística, la verificación, por  hilos conductores de aseveraciones deductivas e intuitivas carentes de ética. Por ello, se hace siempre fundamental pensar en  periodismo profesional antes  del periodismo digital, sin renunciar al buen periodismo.    

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Rigoberto Chinchilla
Periodista salvadoreño. Graduado en la Universidad de El Salvador (UES); colaborador y columnista de ContraPunto
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