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domingo, 09 de mayo del 2021

El pensamiento psico-social de Ignacio Martí­n-Baro

El próximo 16 de noviembre se cumplen 28 años del asesinato de Ignacio Martí­n-Baro (IMB), uno de los seis sacerdotes jesuitas asesinados por el ejército, junto a dos empleadas, cuando en 1989, se desarrollaba la mayor ofensiva de las fuerzas guerrilleras contra el gobierno salvadoreño.

Cuando se cumple un año más de su desaparición fí­sica conviene traer al presente el aporte de IMB al psicólogo social. Se doctorado de la Universidad de Chicago, ejerció la docencia y la investigación en la Universidad Centroamericana (UCA), lo que lo llevó a publicar varios libros e infinidad de artí­culos. El centro de su estudio fueron los problemas de salud mental de la población, especialmente los de las mayorí­as populares. Señaló con meridiana claridad como a la raí­z de éstos están las injustas estructuras económico-sociales sobre las que se ha construido el paí­s. Valoró el esfuerzo bélico desde una perspectiva ética, señalando “si todo este sufrimiento no es sino el costo de un parto histórico, en el que surja una nueva sociedad basada en la solidaridad y en la justicia, la guerra civil en El Salvador habrá encontrado su justificación histórica”. [1]

Este compromiso con la gente más desprotegida lo llevó a estudiar  con rigor académico los problemas psicosociales que ocasionaban las estructuras del paí­s y la violencia de la guerra. Fueron las aflicciones de las mayorí­as populares el centro de su actividad cientí­fica mediante la que buscó respuesta y posibles soluciones a  los problemas que esas mayorí­as le planteaban. Estudio e investigó en las principales corrientes de pensamiento de las ciencias sociales, interrogándolas desde la realidad histórica del paí­s, de Centroamérica y América latina y desde esta revisión crí­tica ofreció lo mejor de su producción cientí­fica.

Con su asesinato se truncó una corriente de pensamiento psicológico novedosa, que hizo que la psicologí­a y los psicólogos tomaran consciencia de los problemas del paí­s. En la introducción de su libro Problemas de Psicologí­a Social en América Latina, plantea que la función de la psicologí­a es liberar al individuo de sus lastres y potenciar su desarrollo y plenitud personal, mientras que señala que el objetivo especí­fico de la psicologí­a social se cifra en el desmantelamiento de los mecanismos ideológicos, su estructura y funcionamiento en los individuos. [2]

En esta perspectiva el objeto del estudio de la psicologí­a social, es ese espacio de encuentro del individuo y la sociedad, en donde lo propiamente individual se torna social y lo social se expresa en el individuo. Cómo piensa, siente y actúa el individuo en una realidad grupal, en los grupos sociales; encuentro que se sucede en una determinada situación histórica.

Este encuentro no se da en el vací­o, se da en el campo de la ideologí­a, que Martí­n -Baro, define como "sistema estructural por el cual  y en el cual el individuo accede a la realidad, (percepción, intelección, comprensión) e interactúa con ella (acción). Este es el objeto de estudio de la psicologí­a social, la conducta como producto social, es ahí­ en donde se encuentra su dimensión histórica. Es esta historicidad la que determina desde qué y para que, se construye el conocimiento, y es que en la psicologí­a social no se parte de nadie, decir esto es partir del poder establecido. La psicologí­a se hace desde los dominados o desde los dominantes, en una situación histórica concreta, que en este caso es El Salvador, en su relación con Centro América y Latinoamérica. [3]

Sirvan estas notas para recordar su aporte a la psicologí­a social de América Latina desde la realidad de El Salvador, aporte que dimensiona con claridad el objeto de la psicologí­a y el punto de partida para el estudio de los problemas de la sociedad.

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[1]  La guerra civil en El Salvador. Estudios Centro Americanos, ECA, enero febrero 1981.
[2]  Problemas de Psicologí­a Social en América Latina, UCA Editores, 1976.
[3]  í­dem.

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