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viernes, 23 de julio del 2021

El paí­s de la anarquí­a

No hay frase más mediocre y repugnante en el léxico salvadoreño que “es que así­ es”. Y como “así­ es” o lo aceptás como hecho incuestionable o te miran de forma condescendiente. El simple “¿y por qué?” incomoda pues la costumbre es no cuestionar.

El caos en el paí­s se debe a la falta de consecuencias: un vendedor hizo una champa a media calle y nadie le dijo nada, vinieron los demás y construyeron con ladrillo; el descarado que orina donde los otros se orinaron no es capaz de siquiera leer el rótulo que lo saluda pidiéndole que no sea burro. Las señales de tránsito parecen estar de decoración y así­ el busero no paga multas y el del micro se tira el semáforo en rojo; el cañero y el camionero se estacionan a media autopista a descansar o a bajar los tambos de gas; el del carro polarizado atropelló al de la moto y la señora que se iba a pasar la calle fue arrollada por la horda de motoristas impacientes; el hombre aquel que fue atropellado mientras botaba ripio en la carretera estarí­a con vida si hubiese respetado las reglas básicas de convivencia. No es que “así­ sea”, es que así­ lo hemos permitido e internalizado y, como no hay consecuencias, las cosas siguen siendo así­.

Es tiempo de reflexionar. Es tiempo de desaprender. Es tiempo de hacer cumplir las leyes y quienes las incumplan que paguen las consecuencias. Es tiempo que cuestionemos todo y a todos, incluso a nosotros mismos. La rutina nos fosiliza y con el tiempo se transforma en caos. Es tiempo de desafiar el statu quo que nos caracteriza.

Aunque incomode, preguntémonos el porqué de todo. ¿Por qué hay que aceptar que todos los que llegan al gobierno roban? Aunque así­ haya sido, es tiempo de convertirse en fiscalizador de dichas anormalidades. Tenemos un documento ÚNICO de identidad, sin embargo el banco te pide el NIT y el policí­a te pide la licencia. ¿Por qué no exigir que el DUI sea verdaderamente único y que cada alcaldí­a sea capaz de emitirlo? ¿Por qué no exigirle a Hacienda que tu solicitud para declarar en lí­nea no tenga que hacerse en persona? ¿Por qué no demandar la abolición de los gobernadores departamentales que no hacen nada ni son elegidos? ¿Por qué no atreverse a la igualdad de género para que las niñas jueguen como los niños?

Aprender a ser irreverente y no conformarse deberí­a ser el reto individual para transformar al paí­s. Mi profesor de estadí­stica en la universidad, al reclamarle su equivocación por mi 6.7 final, me decí­a “dale gracias a Dios que es casi siete y no casi 6”. Es que así­ es. ¡No, joven! Negate a aceptar una verdad sin pruebas. Si en la oficina te dicen que llegaste fuera de hora para que te sellen un documento estando el sello enfrente, ¡decile que te lo presten! Si el vigilante de la universidad te recrimina por besar a tu novio, ¡besalo más! Esa pseudo moralidad la quieren imponer porque lo único que tienen es poder. Cuando vas a comprar un libro y te dan una edición inferior, ¡hay que reclamarlo! O si vas a la cafeterí­a y te dan algo distinto al menu porque lo que pediste ya no habí­a y lo sustituyeron, ¡no lo tomés! Si te dicen que algo tiene garantí­a, ¡hacela valer! Si el banco te cobra por el uso de tarjeta, ¡buscá otro banco! Al fin y al cabo es tu dinero y lo podés gastarlo donde te dé la gana.

No nos conformemos. No normalicemos la mediocridad. Eliminemos el “vaya pues” de nuestro vocabulario. Eso de que devuelvan lo robado es chistoso y burlesco, pero no basta querer moralizar. Si solo se deja ahí­, como sátira barata, sin apretar las riendas exigiendo que lo devuelvan, de nada bastará repetir la frase mientras los ladrones sigan disfrutando de lo robado… como aquel muchacho que repetí­a la frase aun sabiendo que era él quien robaba en la oficina.

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