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miércoles, 20 de octubre del 2021

El otro interlocutor

Para EEUU, la oligarquí­a guatemalteca es un problema de seguridad nacional. Porque ese grupo de cinco familias (con otras 17 en derredor) mantienen y preservan un sistema económico cuya función principal es ser una eficaz e incesante fábrica de pobres, los cuales se le tornan a EEUU en inmigrantes que saturan su ejército laboral de reserva con mano de obra descalificada. También, porque esta oligarquí­a, debido a su carácter delincuencial ―crimen organizado, narcoactividad, limpiezas sociales, impulso a la corrupción pública, masiva evasión de impuestos, trata de personas, robo de automóviles, eliminaciones selectivas mediante sicarios, y un largo etcétera de rubros empresariales cobijados por un Estado canalla bajo su dominio―, impide que EEUU ejerza un control efectivo sobre el delito organizado, la narcoactividad y el terrorismo en el área del Triángulo Norte de Centroamérica, la cual es puerta de entrada y salida de México, que es a su vez el primer peldaño de bajada al “patio trasero” de la potencia que hoy comparte con China y Rusia la multipolaridad global.

A Estados Unidos le disgusta la oligarquí­a local, además, porque no le conviene tratar con creadores de conflictos sociales; con clicas que no aceptan que su método feudal de explotación popular ya no da más de sí­, ni que su sistema económico es suicida, pues basa su reproducción en la muerte de quienes constituyen su mercado y a quienes les vende su chatarra y les paga salarios de hambre: ese pueblo al que los sembradores de palma africana le impiden cultivar maí­z, frijol y legumbres, y al que los dueños de hidroeléctricas dejan sin agua al canalizar los rí­os para generar energí­a que luego le venden a famélicas pobrerí­as a precios inflados; ese pueblo al que el ejército debe reprimir para instalar cementeras que la comunidad no quiere cerca de sus poblados; ese pueblo al que el Estado no educa ni le brinda salud; ese pueblo a la deriva y presa fácil del delito organizado y la violencia como única forma de sobrevivir.

Un caos sin control como este, tan cercano a su frontera, es sin duda un problema de seguridad nacional para EEUU.

¿Por qué entonces tiene de interlocutor a la oligarquí­a? Pues porque no hay otro actor válido con el que pueda pactar para llevar a cabo su geopolí­tica regional, y con el cual negocie los términos de sus necesidades exteriores. Es urgente por ello crear a ese actor que sustituya a la oligarquí­a. Éste puede conformarse a partir de una convergencia puntual de pequeños, medianos y grandes empresarios no-monopolistas que aspiren a expandir sus empresas y a prosperar; con miembros de las capas medias que anhelen mejores salarios; con obreros y campesinos organizados que busquen salir de la pobreza; y con intelectuales de acuerdo en la necesidad de crear un gran frente amplio que se convierta en ese interlocutor válido y no-oligárquico ante Estados Unidos. ¿Para qué? Pues para mejor renegociar el plan geopolí­tico regional desde una posición de dignidad, soberaní­a y certeza de un desarrollo económico y humano para todos en el Triángulo Norte.

Este es el momento justo para hacerlo, ya que amplios sectores con ideas diversas coinciden en que la oligarquí­a es obsoleta y mantiene su poder a sangre y fuego. No hay mucho tiempo. Tendamos puentes entre los diferentes grupos que deliberan sobre esta necesidad: fundemos el frente amplio y conformemos ya a ese otro interlocutor imprescindible.

www.mariorobertomorales.info

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