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lunes, 25 de octubre del 2021

El mundo no puede esperar a ningún país

Es comprensible que la población estadounidense y sus funcionarios electos hayan concentrado toda la energía en estos desafíos internos. El problema es que mientras tanto, suceden en el mundo muchas cosas que demandan la atención de Estados Unidos y no la obtienen

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NUEVA YORK – Estados Unidos está enfrentando varios difíciles desafíos al mismo tiempo. Está la pandemia de COVID‑19, que tras cobrarse casi 120 000 vidas muestra pocos signos de retroceder en grandes áreas del país. El impacto económico ha sido devastador; en este momento hay unos 40 millones de personas sin empleo, y la Reserva Federal prevé que muchas seguirán en esa condición por mucho tiempo.

A esto se suma el estallido de protestas tras la muerte de George Floyd, un afroamericano de 46 años, a manos (o más precisamente, bajo la rodilla) de un policía en Minneapolis. Las protestas, extendidas a todo el país, han puesto de manifiesto no sólo el problema persistente del racismo profundamente arraigado en Estados Unidos, sino también el de una conducta policial que demasiadas veces es violenta y contraria a la ley que los uniformados juraron defender.

Es comprensible que la población estadounidense y sus funcionarios electos hayan concentrado toda la energía en estos desafíos internos. El problema es que mientras tanto, suceden en el mundo muchas cosas que demandan la atención de Estados Unidos y no la obtienen.

Para colmo, allí donde el gobierno del presidente estadounidense Donald Trump sí presta atención al mundo, por lo general es de un tipo equivocado: la amenaza de retirar casi la tercera parte de las fuerzas estadounidenses estacionadas en Alemania y la totalidad de las de Afganistán, y el anuncio de que Estados Unidos abandonará la Organización Mundial de la Salud y el Tratado de Cielos Abiertos. Esto lleva a que los aliados de Estados Unidos tengan cada vez más dudas respecto de su fiabilidad, y también a un muy posible aumento de la vulnerabilidad al aventurerismo de rivales y enemigos de Estados Unidos.

En tanto, en todo el mundo hay diversos problemas que están empeorando a toda velocidad. El mes pasado, la legislatura china convalidó una ley de seguridad para Hong Kong que presagia el final del acuerdo «un país, dos sistemas» que China aceptó al recuperar la soberanía en 1997. El inicio de una dura campaña de represión sobre la ex colonia británica parece sólo cuestión de tiempo. China también ha emprendido acciones asertivas en su disputada frontera con la India y ha endurecido la retórica en relación con Taiwán.

Además, Corea del Norte acaba de anunciar que cortará todas las líneas de comunicación (incluidas las líneas directas militares) con Corea del Sur, lo que genera nuevas dudas respecto de la estabilidad en la frontera más militarizada del mundo. A continuación el país emitió una declaración en la que desestimó la diplomacia con Estados Unidos y prometió aumentar su arsenal nuclear. La conclusión final es que Corea del Norte tiene más armas nucleares y más misiles balísticos (mejorados) que antes de las cumbres entre Trump y el líder norcoreano Kim Jong-un.

El programa nuclear de Irán también vuelve a ser causa de preocupación. El Organismo Internacional de Energía Atómica acaba de informar que se ha negado a cooperar con los inspectores encargados de verificar denuncias de material nuclear no declarado.

En tanto, las reservas iraníes de uranio enriquecido (aunque de un nivel de pureza todavía muy inferior al necesario para la fabricación de armas) han aumentado un 50% en los últimos meses. El país ya tiene unas siete veces la cantidad permitida según el acuerdo nuclear que firmó en 2015 con los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, Alemania y la Unión Europea. Es decir que el mundo tendrá mucho menos tiempo para reaccionar si descubriera que Irán estuvo apresurándose para formar un pequeño arsenal de armas nucleares y presentar la nueva situación como un fait accompli.

En otro lugar de Medio Oriente, es muy probable que Israel, con aliento y apoyo de los Estados Unidos, se anexione partes de Cisjordania, algo que puede echar por tierra cualquier esperanza que quede de un estado palestino. La anexión también puede debilitar la estabilidad en Jordania y el tratado de paz que este país tiene con Israel. Y puede poner en peligro el futuro de Israel en cuanto estado democrático y judío; Israel no puede ser ambas cosas si avanza con la anexión.

Pero el mundo enfrenta otros riesgos además del agravamiento de conflictos. Brasil se ha alzado como un importante obstáculo en la lucha contra el cambio climático (que bien puede terminar siendo el mayor desafío internacional del siglo). Con el presidente Jair Bolsonaro, la destrucción de la selva amazónica se está acelerando. Esto tiene importancia, porque la selva absorbe una cantidad significativa del dióxido de carbono mundial e influye en los patrones climáticos globales; su tala o quema acelerará el ritmo del cambio climático, con perjuicio para el planeta y todos sus habitantes.

La irresponsabilidad de Brasil es hasta cierto punto un subproducto de la agitación interna provocada por el veloz avance del brote de COVID‑19 y por la política populista. Pero lamentablemente no es un caso excepcional. La pandemia también hace estragos en México, Irán, Egipto, Rusia y Bangladesh, lo cual es reflejo de un sistema de salud pública inadecuado, liderazgo deficiente o ambas cosas.

Felizmente, no todo son malas noticias. Tal vez el hecho más prometedor haya tenido lugar en Europa, donde la Comisión Europea y el Banco Central Europeo, con el apoyo de Francia y Alemania, están tomando medidas para ayudar a los países más afectados por la pandemia a atravesar la crisis económica resultante y recuperarse. Es una alentadora señal, después del Brexit, de una Unión Europea que muestra renovada relevancia y determinación de ejercer influencia.

Pero este hecho positivo es la excepción que confirma la regla. En un contexto de deterioro de la relación bilateral de Estados Unidos con China y con Rusia, numerosos problemas regionales y globales se están agravando. Estados Unidos tiene menos capacidad y voluntad para encararlos, sus socios y aliados carecen de poder para hacerlo por cuenta propia, y China ofrece un modelo y una agenda que pocos encuentran atractivos. Esperemos que Estados Unidos resuelva sus problemas lo antes posible, porque la historia no tiene botón de pausa.

Traducción: Esteban Flamini

Richard N. Haass es presidente del Council on Foreign Relations y autor de The World: A Brief Introduction [El mundo: breve introducción].

Copyright: Project Syndicate, 2020. www.project-syndicate.org

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Richard N. Haass
Analista internacional; su último libro del presidente del Consejo de Relaciones Exteriores (Council on Foreign Relations), es The World: A Brief Introduction (El mundo: una breve introducción).
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