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lunes, 02 de agosto del 2021

El interlocutor alternativo

Y la necesidad de recuperar la soberaní­a y la dignidad nacionales.

A causa de mis más reciente artí­culos, este mes me he reunido con diferentes grupos de empresarios de derecha y de centro, con algunos militares, con dirigentes de organizaciones populares y con una variedad de intelectuales de diferentes ideologí­as polí­ticas. Además de coincidir en que nuestro paí­s navega sin rumbo hacia una implosión de consecuencias impredecibles ―por causa de un sistema económico disfuncional y productor incesante de pobres e ignorantes―, compartimos la necesidad de crear un tanque de pensamiento alternativo al dogma neoliberal y al izquierdoderechismo, así­ como un instrumento polí­tico en el que converjan pequeños y medianos empresarios, capas medias asalariadas y sectores populares organizados, con un objetivo táctico inmediato: democratizar el capitalismo local y normar ―en aras del interés nacional― las inversiones transnacionales y las “ayudas” de la cooperación internacional. Esto, como primer paso para proceder a una democratización del Estado que lo haga eficiente, probo, pequeño y fuerte.

La voz popular que recorre las calles habla de una pronta caí­da del actual Presidente, por ineptitud, ignorancia y desconcierto acerca del ejercicio del poder. Unos suponen que lo sucederá el Vicepresidente y otros razonan que ambos caerí­an al mismo tiempo para ser sustituidos por cuadros de la maloliente alianza rosé que la izquierda tradicional, la socialdemocracia, los neoliberales ultraderechistas, la oligarquí­a y algunos profesionales de la indignación placera sabatina han hecho para administrar desde el Estado el plan geopolí­tico regional llamado Plan para la Prosperidad del Triángulo Norte de Centroamérica (PPTNCA), el cual intensificará la expansión de mineras, cementeras, hidroeléctricas, palma africana y caña de azúcar, e impedirá la salida de emigrantes de la región.

Sea como fuere, el PPTNCA no puede esperar a que haya elecciones dentro de casi cuatro años para que sus medidas geopolí­ticas se pongan en práctica, de modo que algún mecanismo de sustitución de funcionarios públicos deberá implementarse de inmediato. Esto es lo que obliga a forjar un interlocutor distinto al constituido por la alianza izquierdoderchista descrita, el cual dialogue con la potencia geopolí­tica los términos de su plan regional desde posiciones que privilegien la soberaní­a y la dignidad nacional por encima de un entreguismo que no ve más allá del interés económico personal, ya que es de sobra evidente a estas alturas la ausencia absoluta de convicciones y principios ideológicos por parte de estos peculiares aliados, los cuales perpetran su desatino en nombre de la realpolitik y de un coyunturalismo de conveniencia según el cual todo se trata de una casual cuanto feliz coincidencia fortuita de intereses geopolí­ticos y nacionales.

La convergencia de los sectores mencionados al inicio es la necesidad que hay que satisfacer para concretar una expresión polí­tica que ―aun en medio de la globalización y participando de ella― tenga como base la soberaní­a y la dignidad nacionales en materia económica, polí­tica, ideológica y cultural. Ya no es tiempo de bipolarismos de guerra frí­a, sino de trabajar a favor (no en contra) del interés nacional. Las necesarias alianzas que deban hacerse para acceder al control del Estado no pueden constituir traiciones a ese interés, sino esfuerzos para hacerlo valer, logrando con ello una convivencia digna con el poder geopolí­tico regional.

www.mariorobertomorales.info

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