Por Alonso Rosales, analista internacional
El sábado 28 de febrero de 2026 marcó uno de los capítulos más oscuros del conflicto creciente entre Estados Unidos, Israel e Irán. Lo que había comenzado como tensiones diplomáticas y militares sobre el programa nuclear iraní escaló rápidamente a una confrontación directa que ha dejado cientos de muertos y heridos, entre ellos un número trágicamente alto de civiles inocentes.
Un ataque devastador a una escuela primaria
En Minab, en la provincia de Hormozgán, al sur de Irán, un misil impactó la escuela primaria femenina Shajareh Tayebeh, matando a decenas de niñas. Las autoridades iraníes han reportado cifras que oscilan entre 51 y 85 fallecidas, con decenas más heridas.
La escuela, sin conexión evidente con instalaciones militares, se encontraba en un área civil, y las imágenes difundidas muestran estructuras derrumbadas bajo el peso de la explosión. Esta tragedia ha sido denunciada internacionalmente como un crimen de guerra, ya que ninguna agrupación armada reconocida tenía presencia en ese establecimiento educativo.
¿Por qué se desató la ofensiva militar?
Los gobiernos de Estados Unidos y de Israel afirmaron que sus acciones estaban dirigidas a neutralizar lo que definieron como una amenaza existencial proveniente de Irán, vinculada a su programa nuclear y capacidades misilísticas. Líderes estadounidenses han declarado que buscan impedir que Irán desarrolle armas de destrucción masiva, aunque este argumento ha sido recibido con escepticismo por amplios sectores de la comunidad internacional.
Sin embargo, en sus declaraciones públicas la administración estadounidense ha ido más allá de la cuestión nuclear, insinuando que una modificación del régimen iraní —incluida la remoción de figuras clave del poder— forma parte de sus objetivos estratégicos. Esta admisión, implícita en algunos discursos políticos, ha provocado críticas incluso dentro de sectores aliados.
La escala del conflicto: bombardeos y ataques en toda la región
Los ataques no se limitaron a una sola ciudad. Fueron reportadas explosiones en Teherán, Isfahán, Qom, Karaj, Tabriz y otras zonas urbanas iraníes, donde se dañaron instalaciones gubernamentales y militares. Aunque algunos de estos objetivos sí están vinculados a defensa e inteligencia, la magnitud de las explosiones ha generado preocupación por la destrucción de infraestructura urbana y la pérdida de vidas civiles.
La respuesta iraní no se hizo esperar. En cuestión de horas, misiles balísticos y drones fueron lanzados contra bases militares estadounidenses en Baréin, Qatar, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos, así como contra posiciones israelíes. Las autoridades de varios países informaron sobre sirenas antiaéreas y defensas interceptando proyectiles, aunque se reportan bajas y daños en algunos casos, incluidos heridos en Baréin.
El papel de la comunidad internacional
La Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha emitido pronunciamientos llamando a la desescalada y al respeto del derecho internacional humanitario, pero estos llamados aún no se traducen en acciones concretas que detengan la violencia. Las tensiones geopolíticas profundas entre potencias impiden una resolución rápida, y los mecanismos de la ONU se ven, en la práctica, limitados por el uso del veto y la falta de consenso global.
Mientras tanto, países como Rusia, Turquía y China han pedido públicamente el fin de las hostilidades, subrayando que una guerra regional sólo agravaría la crisis humanitaria en Oriente Medio. Las voces europeas han abogado por la moderación, aunque sin medidas contundentes que detengan el intercambio de fuego.
¿Se estaba negociando antes del ataque?
Apenas días antes de la ofensiva, existían negociaciones mediadas por países como Omán y Suiza para relanzar un posible acuerdo nuclear con Irán, algo que Washington había exigido como condición para evitar un conflicto directo. La ofensiva sorpresa ocurrió, según varias fuentes, en medio de esas conversaciones, lo cual muchos expertos interpretan como una ruptura deliberada de la vía diplomática.
la tragedia de los inocentes
La guerra, en su lógica destructiva, no se libra solo entre ejércitos. Los civiles, especialmente niños y niñas, se convierten en víctimas colaterales, como ha quedado horriblemente demostrado con el ataque a la escuela de Minab. La justificación militar no compensa ni explica estas pérdidas: ningún objetivo estratégico puede legitimar la muerte de estudiantes que simplemente recibían educación en un día de clases.
La comunidad internacional enfrenta ahora un desafío crucial: detener la espiral de violencia antes de que el conflicto se convierta en una guerra abierta y prolongada con consecuencias devastadoras para toda la región y el mundo.
Fuentes
CNN , FRANCE 24, TELEMUNDO , INFOBAE


