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martes, 18 de mayo del 2021

El hartazgo polí­tico y el factor Bukele en elecciones 2018

Un discurso de apatí­a a la actual clase polí­tica que logró permear y fortalecerse en la opinión pública

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Desde que en enero de 2017 se comenzaron a intensificar las publicaciones de encuestas de opinión pública sobre el trabajo de los polí­ticos del paí­s, aunado al lastre de las malas calificaciones que ha sufrido la Presidencia de la República por crisis económicas e insuficientes polí­ticas de seguridad, un discurso ha logrado permear en la opinión ciudadana y encontrar cobijo de la población: Nayib Bukele y su crí­tica abierta a la clase polí­tica salvadoreña.

 Previo a su expulsión del FMLN el 10 de octubre de 2017, Bukele se caracterizó por desafiar tanto a su entonces partido polí­tico, como a sus adversarios. Sus palabras trataron de ser el eco del cansancio que se atisbaba en la población, y lo logró. Tras su expulsión y posterior anuncio de aspiraciones presidenciales y nuevos partidos, Bukele ha sobrevivido en el espectro polí­tico nacional con más fuerza.

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El eco que sus crí­ticas han encontrado en la población, es medible en el claro nivel de abstencionismo y desconfianza en los procesos electorales, a la vuelta de un año exacto.

En enero de 2017, la encuesta del Instituto Universitario de Opinión Pública de la UCA (IUDOP) reflejó que el 43. 9 por ciento de la población no votarí­a por ningún partido polí­tico si las elecciones fuesen el próximo domingo, un dato que infiere que al inicio de un año preelectoral el desencanto de la población hacia la clase polí­tica salvadoreña se manifestaba en un claro abstencionismo.

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Un año después y en plena campaña electoral, la encuesta UCA del 9 de enero de 2018 reflejó que seis de cada diez salvadoreños no irí­an a votar; y un 64 % de la población afirmó no tener un partido polí­tico de su preferencia.

 Al parecer el discurso “más de lo mismo” que figuras como Bukele impulsaron, obtuvo la aceptación del grueso de la población caí­da en hartazgo polí­tico con crisis económica, altí­simos í­ndices de corrupción estatal y una galopante inseguridad apenas frenada por insuficientes medidas gubernamentales.

 Bukele lo sabe y lo sabí­a. El 14 de enero pasado, dos dí­as antes de conmemorar 26 años de los Acuerdos de Paz, realizó un mitin de su movimiento polí­tico “Nuevas Ideas” en Morazán, un histórico bastión de su expartido el FMLN. Ahí­, en discurso público, criticó abiertamente a la clase polí­tica actual, e instó a la población a abstenerse de ir a votar o a anular su voto, como “castigo” a los partidos.

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 “Así­ es que yo les voy a pedir un favor. El favor que les quiero pedir es el siguiente: la próxima elección que es en marzo no va haber Nuevas Ideas en la papeleta. Voto nulo y si le da pereza quédese en su casa viendo televisión”, dijo el también aspirante presidencial.

 Si bien semanas después se retractó matizando que no habí­a hecho tal sugerencia, el tema del voto nulo o voto de castigo logró calar en la población.

 Las opiniones en redes sociales y de analistas polí­ticos, daban fe que al menos estas elecciones, podrí­a registrar los más altos niveles de abstencionismo electoral de los últimos años.

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 Al respecto, ha sido el mismo Tribunal Supremo Electoral (TSE) y organizaciones ciudadanas las que han debido de incrementar campañas a favor de que la población salga a votar el próximo 4 de marzo.

 Los mismos partidos polí­ticos incluyeron en sus agendas propagandí­sticas la orientación al voto y la motivación al mismo.

 El domingo 4 de marzo El Salvador realizará su novena elección en tiempos de paz tras el cese de una década de conflicto interno en 1992. Cerca de 5,2 millones de salvadoreños deberán renovar los 84 escaños de su Congreso y 262 concejos municipales.

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Mario Beltrán
Periodista sección PolÃítica en ContraPunto. Graduado de Comunicaciones en Universidad Cristiana de las Asambleas de Dios.
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