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sábado, 16 de octubre del 2021

El éxito de nuestros hijos

La inmensa mayorí­a de los casos que atiendo en los que han surgido problemas con los hijos, tienen causas similares y recurrentes

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La inmensa mayorí­a de los casos que atiendo en los que han surgido problemas con los hijos, tienen causas similares y recurrentes. Podrí­a agrupar dichas causas en dos tipos: causas debidas a disfunción o desestructura familiar, y causas debidas a desconocimiento o no aplicación de adecuados criterios educativos. En cualquier caso, suele haber un par de denominadores comunes: falta de conciencia de la responsabilidad y compromiso que se adquiere al ser padres, y falta de conciencia de que los problemas deben corregirse cuando empiezan los primeros sí­ntomas, o mejor aún, antes de que se presenten (prevención).

Dirí­a que el 99% (si es que no el 100%) de las consultas que se me hacen se refieren a situaciones en las que el problema ya está ahí­, y la gran mayorí­a de ellas, cuando el problema ya está ahí­ de forma grave; y de ellas, en muchos casos cuando ya es de difí­cil solución, porque las circunstancias que lo han provocado han estado ahí­ por tanto tiempo que el daño ha arraigado y se han producido otros daños indirectos; y también, y sobre todo, porque esas circunstancias familiares que lo han provocado están frecuentemente tan arraigadas y enredadas que difí­cilmente hay posibilidad de regenerarlas, pues el tratar de hacerlo supondrí­a ocasionar otra serie de daños, o a veces simplemente modificar hábitos y criterios que no hay voluntad de cambiar.

Normalmente, cualquiera que haya sido madre o padre ha imaginado que sus hijos serán excelentes muchachos, y algún dí­a, personas de éxito. Y lo de éxito no debe entenderse como fama o poder, aunque frecuentemente hasta eso imaginamos también; debe entenderse como en armoní­a plena consigo mismo y con su entorno; en otras palabras, feliz. Y lo imaginamos como si ello fuera a suceder por arte de magia, sin que nosotros, como padres, tengamos un plan para que ello sea posible; sin que, muchas veces, hagamos el más mí­nimo movimiento encaminado hacia ello.

Más bien al contrario, muchas veces planteamos nuestra vida de modo que nuestra satisfacción inmediata, nuestro orgullo y otras muchas cosas tienen más importancia que invertir en el futuro de nuestros hijos. Muchas veces pareciera que planteamos nuestra vida en sentido completamente opuesto a los intereses de nuestros hijos, arriesgando nuestra vida de forma estúpida, enredándonos en situaciones de deslealtad que tienden a destruir o impedir un marco familiar adecuado, y, sobre todo, dedicando bastante tiempo a intereses ajenos a los hijos, y casi nada a compartir con ellos y estimularles.

El que nuestros hijos sean personas de éxito, sanas y felices normalmente no es una cuestión de magia; no es una cuestión azarosa. Los padres tenemos en nuestra mano las claves; entre las principales:

  • la estructura familiar funcional, clara y estable (verhttp://dramendozaburgos.com/blog/familia-disfuncional/) como marco más adecuado para el sano desarrollo de los hijos.
  • Criterios educativos adecuados. En diferentes posts de este espacio se ha hablado de muchos criterios educativos y cómo aplicarlos.
  • Planificar el desarrollo de nuestros hijos a mediano y largo plazo y establecer estrategias para que se lleve a cabo lo planificado. El plan de desarrollo de nuestros hijos deberí­a ser prioritario sobre cualquier otra cosa en nuestro proyecto de vida.
  • Compartir tiempo con ellos estimulando su propio interés en todo aquello que es para su bien, de modo que no lo sientan como algo impuesto, sino como algo en lo que encuentran satisfacción y les genera autoestima.

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Margarita Mendoza Burgos
Titulaciones en Psiquiatría General y Psicólogía Médica, Psiquiatrí­a infantojuvenil, y Terapia de familia, obtenidas en la Universidad Complutense de Madrid, España.
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