De Grego Pineda |
Sobreviví a los tiempos idos, como pude: sobreviví.
Y ahora, en mi día a día, ese pasado acecha, cual criatura vengativa.
No fue mi culpa, me dijo la terapista. Y le creí.
Pero cada noche, ese pasado muerde mi sueño y logra mi desvelo.
¡Maldito!, me gritó el sueño.
¡Mi amor!, me susurró el insomnio.


