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domingo, 09 de mayo del 2021

Ecuador. El dilema moral del gobierno de Nayib

El día de ayer el presidente Nayib, desmintió en su cuenta de Twitter haberse pronunciado sobre la crisis política que vive Ecuador. Horas antes había circulado una noticia en la que se afirmaba el decidido apoyo y solidaridad hacia Lenin Moreno de parte del gobierno salvadoreño en conjunto con los gobiernos más a la derecha del continente agrupados en el Grupo de Lima.

Puesta así la situación ¿Constituye un gesto positivo que el presidente Bukele haya desmentido las supuestas muestras de apoyo? Para responder a esta pregunta es necesario plantearse otra: En las actuales circunstancias ¿El presidente ha tomado partido a favor de la democracia y los derechos humanos en Ecuador? Aunque parezca atrevido debemos ser tajantes y reconocer que la crisis política de Ecuador solo admite dos posiciones: O se está a favor de los manifestantes (Representados por los sindicatos y los colectivos de estudiantes, mujeres, artistas, profesionales y trabajadores.) o se está de lado del gobierno y de la brutal represión. No es posible un camino intermedio. Decir que son los ecuatorianos quienes deben resolver sus propios asuntos es hacer una abstracción que a fin de cuentas conduce a legitimar la posición del gobierno, sin molestarse siquiera en preguntarse quiénes son esos ecuatorianos: el gobierno o los manifestantes. La prueba de lo falsa que resulta una posición “neutral” de ese tipo es la determinación con la que el gobierno ha tomado partido en torno a la situación de Venezuela, a sabiendas que tratarla como un problema que solo compete a los propios venezolanos sería ya de suyo una concesión hacia Nicolás Maduro.

La situación en Ecuador es terrible. La misma se vuelve más dramática si tenemos en cuenta que mucha de la gente que confió en Lenin Moreno vio en él la continuación de la Revolución ciudadana, misma que traicionó para plegarse al guion trazado por la embajada norteamericana y los viejos poderes económicos que tradicionalmente han saqueado el país. Un hecho muy significativo para nuestro país que cuenta con un presidente elegido con la confianza de amplios sectores progresistas, a pesar de lo cual cada vez da mayores muestras de lealtad hacia los poderes internos y externos. Cuando Lenin moreno tuvo que elegir, optó claramente por los poderosos, la prueba de ello es que mientras la situación de los jóvenes, campesinos, indígenas y los trabajadores se precariza, Moreno condona Principio del formularioFinal del formulariodeudas tributarias a las grandes empresas por un monto de al menos 2350 millones de dólares.

La soberanía nacional es hoy en día uno de los más importantes espacios de resistencia, en un mundo en el que los poderes supranacionales se esfuerzan por controlar en el mayor grado posible a los Estados nacionales. Ante tal escenario los gobiernos no pueden limitarse a escuchar las voces de los organismos financieros o de las superpotencias, deben escuchar a sus pueblos y atender sus necesidades. Debemos ser conscientes, sin embargo, que una posición de este tipo se encontrará con la hostilidad por parte de los viejos poderes, animados por el deseo incesante de acumular capital. En consecuencia, no hay posiciones intermedias.

En ese sentido ¿Cuál debe ser la actitud del gobierno salvadoreño en torno a la crisis ecuatoriana? ¿Cómo deberíamos valorar su posición actual? Para dejar las cosas claras ¿Debería tranquilizarnos que el gobierno se abstenga de emitir un juicio sobre la situación, en lugar de manifestar su “solidaridad” hacia Lenin Moreno? Muchos integrantes de Nuevas ideas (personas de izquierdas y progresistas) saludaron el pronunciamiento del presidente Bukele, viendo en ello una posición en favor de la democracia y los derechos cívicos, pero es precisamente ese hecho el que debería hacernos reflexionar de las verdaderas implicaciones que esconde la posición ambivalente del gobierno salvadoreño. En mi opinión de todas las posibles posturas que he señalado, Bukele ha elegido la peor y más deshonesta. Al no dejar clara su posición asume implícitamente el apoyo a las medidas neoliberales del gobierno alentadas por los organismos internacionales, sin tener que asumir la carga moral que conlleva ponerse de lado de la represión. Tal posición permite asimismo que sus partidarios “progresistas” alimenten su propio sentimiento de estar de lado de un gobierno que prioriza los intereses populares por encima del gran capital. Esto es a mi juicio lo que podríamos denominar la trampa ideológica de Nayib. La idea de que se está produciendo un cambio social más o menos profundo mientras los viejos poderes reconfiguran y refuerzan su propia dominación.

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Marlon Javier López
Joven Filósofo

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