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sábado, 08 de mayo del 2021

Dos décadas de brillo: el limpiabotas legislativo

Ubica su "curul" en algún pasillo legislativo. Su declaración patrimonial es una cama, una mesa y una cocina, además de su inseparable caja de lustre

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Los laberinticos pasillos de la Asamblea Legislativa han visto pasar durante más de 18 años a Guillermo Salguero y su caja de madera pintada de azul, sus franelas puestas al hombro y su inquebrantable paciencia a la espera diputados y empleados que necesiten una lustrada en sus zapatos.

Ubica su “curul” en uno de los pasillos. Su escasa visión a causa de la diabetes le hace tantear en el suelo cuando pierde alguno de sus instrumentos de trabajo. Atrevidamente pregunta de qué color son los zapatos de sus clientes, pero garantiza limpieza y eficacia en su labor.

Guillermo tiene 83 años recién cumplidos en marzo pasado. Su escaso sentido auditivo, le obliga a inclinar más su oí­do derecho para poner atención a lo que le preguntan.

“Lo primero que me aconsejaron aquí­ es que si alguien me pregunta cosas polí­ticas, no contestar nada porque aquí­ hay varios partidos polí­ticos. Nunca tuve problemas con ningún partido polí­tico porque yo vengo a trabajar”, advierte al periodista que inicia plática polí­tica con él.

Accede a la entrevista pero con sigilo. Teme que le ocurra de nuevo lo que le pasó hace cinco años cuando un periodista de un rotativo nacional le preguntó qué fracción polí­tica se lustraba más los zapatos y tergiversó sus declaraciones.

“Yo dije que ARENA, porque habí­a más diputados. Y los del FMLN poco se lustran porque son menos diputados. Al dí­a siguiente en primera plana del diario, puso que los del FMLN eran tacaños para lustrarse los zapatos”, recuerda con una sonrisa nerviosa.

El fallecido diputado Shafik Handal le reclamó en son de broma y Guillermo sonrí­e al recordar. “Como Shafik era bien fregón, me haló las orejas y me dijo que no me preocupara. ““Los periodistas son jodidos y se pueden pasear en uno-, me dijo pero no se enojó”.

Guillermo platica mientras frota zapatos con una franela curtida por la vida parlamentaria. Llegó al primer Órgano de Estado a trabajar, sustituyendo a un colega suyo que logró un puesto como ordenanza y quien tras recomendarlo, lo fue a buscar al parque San José, donde Guillermo coleccionaba historias mientras lustraba zapatos.

Sobre los problemas del paí­s, Guillermo lo piensa dos veces antes de responder, más por conservar a sus clientes de ambos bandos que por dudar de sus conocimientos coyunturales.

“Estamos fregados en el paí­s en el asunto económico porque no hay trabajo. Hay tanta gente y no alcanza el Gobierno a ayudarle a todos”, opina. Es la polí­tica económica a la luz de un lustrabotas del parlamento salvadoreño.

Dice que no oye noticias porque no tiene radio. Vive solo en una casa que cuida y que cuyos dueños están en Estados Unidos. Su declaración patrimonial es una cama, una mesa y una cocina, además de su inseparable caja de lustre.

Prefiere no hablar de crisis ni de impago. No se mete en temas de ajustes presupuestarios o interrupción de diálogos entre ARENA y el FMLN. Él más bien acomoda su cabello cano, limpia sus gafas y ofrece una lustrada de zapatos. Prefiere estacionarse en un pasillo pues teme caerse entre las angostas escaleras legislativas.

A Guillermo no le va bien en vacaciones. Dice que le va bien en plenarias y comisiones, es decir, cuando los polí­ticos salvadoreños se reúnen a debatir los asuntos de nación. Una nación a la que bien le harí­a falta una buena lustrada en la filosofí­a de Guillermo.

“No me va tan bien acá. Lo mucho que puedo ganar son como cuatro o cinco dólares”, cuenta, mientras pide a su cliente cambiar de zapato.

Sus vecinos le dan un aventón cerca de la Asamblea. Empleados del Legislativo lo llevan en sus vehí­culos a la parada de buses más cercana. La clí­nica institucional de la Asamblea le atiende sus malestares de vez en cuando.

“Solo los gobernantes pueden resolver esos problemas. No puedo hablar de los problemas del paí­s. Yo solo sé que debo trabajar y si no trabajo no voy a comer, y si no gano, solo queda la tortilla con sal y cafecito”, lamenta al recordar que este 1 de mayo se conmemora el Dí­a del Trabajador.

 “Dice que tiene una hija pero vive en La Unión. Vive con su esposo y tiene 11 años de no saber nada de ella pero “algún dí­a va a venir por ahí­ y va a preguntar por mí­”, anhela.

Mientras, Guillermo seguirá recorriendo los pasillos polí­ticos para abrillantar el calzado de quienes a diario discuten los problemas del paí­s.

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