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lunes, 26 de julio del 2021

Doble moral aquí­ y ahora

Dos importantes escenarios: el polí­tico y el religioso, han dejado y dejan al descubierto verdaderas acciones de doble moral, en el marco del ser y quehacer nacional. En el campo polí­tico, por la anticipada y virulenta campaña electoral; y en el religioso, por la reciente canonización de Monseñor Romero, ahora elevado a los altares como San Romero de América y del mundo.

Muchas contradicciones, para decirlo con vocablo generoso; o mucha doble moral, para su nominación exacta. Mientras, en casi coincidentes fechas, el partido polí­tico ARENA hací­a su reiterada exaltación anual de su fundador, mayor Roberto D´Aubuisson, en la fecha de su natalicio, todaví­a resonaban en el ambiente expresiones muy afectivas del candidato presidencial de ese partido, Carlos Calleja, a San Romero; incluso confesándose católico y fan del Santo, cuando es ya de sobra conocido que el mayor D´Aubuisson fue el autor intelectual del magnicidio de Monseñor Romero, el 24 de marzo de 1980. Fácil decir “borrón sin cuenta nueva”, cuando conviene. Pero, para la ciudadaní­a honesta en el accionar polí­tico, resulta difí­cil separar el antes del hoy, en la relación candidato-partido polí­tico.

Y, algo más. El candidato de ARENA, en otra intervención electoral, ante el disgusto de muchos ciudadanos, católicos y no católicos, afirmó que su polí­tica “tiene la visión inclusiva de Monseñor Romero” (¿?), que los señalamientos contra el fundador de su partido “son rumores” y que al llegar a la presidencia investigarí­a el crimen del ahora Santo (¿?). Pero, el juicio está consumándose y tanta está reconfirmada la autorí­a intelectual (Comisión de la Verdad, Estado Vaticano, numerosos testimonios…) que el 23 de octubre/2018 se conoció la orden de captura para el capitán ílvaro Saravia, considerado el asistente más cercano del mayor Roberto D´Aubuisson, en el caso Monseñor Romero. .

Pero, en el campo propiamente cristiano, la doble moral también se evidencia en el “sí­ pero no” de algunos católicos, quienes afirmando ser tales, continúan rechazando, y hasta insultando, al nuevo Santo.

Desde clérigos de alta jerarquí­a, movimientos católicos y hasta humildes feligreses (estos engañados por sectores conservadores y radicales anticomunistas), siempre, desde los años 70 hasta su muerte, calumniaron e insultaron a Monseñor Romero, hasta llegar a celebrar y disfrutar su crimen. Hoy, muchos de ellos han modificado su actitud anti romerista y, como buenos católicos, lo aceptan, mientras otros -rechazándolo aún- siguen igual: visitan los templos, practican los ritos, pero continúan fomentando su “odio a la Fe” que asesinó al Arzobispo. No puede haber moral cristiana, si persisten la incoherencia y la doble moral.

La no elección a tiempo -ya van tres meses de retraso- de cinco magistrados de la Corte Suprema de Justicia (CSJ), también está salpicada de doble moral en laa Asamblea Legislativa: echarse la culpa los unos a los otros, cuando a nadie escapa la realidad de los intereses y componendas de los diputados para lograr sus cuotas partidarias, es sencillamente recurrir a un “yo no fui” doblemoralesco.

También, como siempre, en los principales medios de comunicación impresos, el pueblo ya no solo percibe sino que reconfirma actitudes de doble moral. Ejemplo: volviendo al caso de San Romero, si se comparan las ediciones de los años finales de 1970 con las de este octubre 2018, sin mayor esfuerzo se ve la enorme diferencia: aquellos titulares e informaciones contribuyendo, aunque subliminalmente, a fomentar el odio contra Monseñor Romero, mientras ahora –con abundantes páginas y amplias gráficas y textos- ponderan la personalidad que menospreciaban subestimaban, del ahora Santo.

Y en el campo polí­tico, resulta igual. Aún con todo el derecho de los medios de informar lo que deseen, no se vale evidenciar contradicciones y doble moral a veces -aunque se autonombren los más veraces e imparciales- al magnificar actos malos de los polí­ticos de su preferencia y minimizar los buenos de quienes son desafectos al medio, en contraste con la realidad circundante.

Nunca la doble moral, en cualquiera de los campos social, polí­tico, religioso y cultural en el ser y quehacer nacional, contribuirá al desarrollo y mejoramiento integral del paí­s.

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