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martes, 18 de mayo del 2021

Diego

El caso de Maradona es especial: su vida privada nunca fue la vida oculta de un héroe, siempre quedó expuesta: el alcohol, las drogas, sus hijos naturales, los posibles malos tratos a las mujeres, etcétera. Junto a ese lado oscuro, quedó su simpatía por la gente de abajo y por las causas populares. 
Los grandes futbolistas de elite suelen dar la espalda a sus orígenes, a la barriada en que nacieron. Dentro de esa doble cara que tuvo, Maradona siempre dio la impresión de ser un tipo frágil al que su fama planetaria lo arrastró, lo sobrepasó. Fue un ídolo, a su pesar y esa fragilidad creo que le da cercanía, calidez, a su mito. Hay ídolos fríos como Ronaldo que nunca serán mitos populares como Maradona.

Desacralizar es relativamente fácil, cualquiera puede hacerlo, basta con que se expongan públicamente los hechos que confirman sin lugar a dudas los vicios del héroe. En una época escéptica y moralista como la nuestra, la desacralización ya forma parte de la misma industria cultural. Si no tienes nada interesante que decir a propósito del mundo, bien puedes escribir contra determinada figura mitificada. Eso vende ahora.

A mí me parece más interesante explicar por qué razones un deportista genial, que era a su vez un mal ejemplo moral de todos conocido, termina transformándose en un mito para las masas planetarias.

No sé por qué, pero pienso que la fragilidad de Maradona era semejante a la de Marilyn Monroe. Ambos eran personas de carne y hueso y de origen humilde que acabaron extraviándose en los laberintos de la fama. Ni una ni otro pudieron gestionar el peso del mito que fueron en vida. Ambos murieron solos. Descanse en paz, Diego.

Álvaro Rivera Larios
Álvaro Rivera Larios
Escritor, crítico literario y académico salvadoreño residente en Madrid. Columnista y analista de ContraPunto

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