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sábado, 08 de mayo del 2021

Dí­a Mundial del Teatro a la sombra de las bambalinas

Desde 1961 el Instituto Internacional del Teatro celebra y conmemora el 27 de marzo como el Dí­a Mundial del Teatro. El mensaje para este año en América está a cargo de Sabina Berman, escritora mexicana quien en su alocución hace un sí­mil entre el hombre de la tribu quien imita a otros seres para cazar, para alimentarse y vencer al mamut que hoy en dí­a es la enajenación de los corazones humanos, la capacidad de sentir con los otros seres humanos lo natural. Berman nos invita a desnudar el teatro a quitarle lo superfluo.

En nuestro paí­s, el teatro como arte sigue en un vaivén entre lo importante y lo excluido que es, entre lo célebre y lo ignorado. El teatro salvadoreño mantiene viva su escena y enfrenta al mamut, a la sociedad misma que le resulta una actividad trivial donde el teatrista según se cree vive de los aplausos del ego y la fama. Nuestro teatro salvadoreño vive y pervive a pesar de las limitaciones y el desánimo de enfrentar esos mamuts.

Si echamos la mirada a la realidad del teatrista, vemos que no es sostenible como profesión: sin seguridad social, sin derecho a un crédito, sin posibilidades de desarrollar su arte; un arte estoico que resiste ante la marginación social. A nivel mundial, y no solo en El Salvador, el arte teatral ha sufrido los recortes de subsidio, el pago de impuestos y otras ayudas. La Muestra Nacional de teatro despareció, igualmente la Caravana de Teatro, el Festival iberoamericano de Teatro Infantil, lo cual era un estí­mulo para el teatrista. Apenas hubo hasta el año pasado una edición del Fondo Nacional Concursable para la Cultura y las Artes.

Por otro lado, la falta de espacios para realizar presentaciones, la escaza promoción y difusión del arte teatral castiga la actividad teatral, tenemos un circuito de Teatros Nacionales que no promueve ni motiva eficazmente sus actividades y el mismo artista debe sortear como resolver y hacer llegar público, lo salva las instituciones educativas que por motivos de cumplir con un programa de Literatura y Lenguaje asisten a presenciar las representaciones teatrales. La actividad teatral está tirada a su propia suerte solo con un mí­nimo de apoyo consecuente por parte de la entidad que tutela la cultura y el arte en nuestro paí­s. La misma aprobación de ley de cultura desencantó al gremio no solo teatral sino de todas las artes. Han surgido iniciativas privadas como salas alternativas que luchan con todo el esfuerzo por sobrevivir como la Galera Teatro y otras que han desaparecido. Por otra parte vemos la permanencia del Teatro Luis Poma que cumple 15 años que se sostiene por los beneficios de una Fundación y la asistencia de público: ya quisiéramos más fundaciones que le apostaran al arte.

Otras entidades como el Ministerio de Educación contempla en sus programas Educación Artí­stica pero se ve como algo recreativo, para que extienda el horario escolar como las escuelas de tiempo pleno. No se le ve como una fuente de formación; además el teatrista debe buscar mecanismos que están fuera de su alcance para que las escuelas acepten ver obras teatrales, otra cosa serí­a que las Direcciones de Educación junto con el Departamento de Arte y Cultura del MINED crean convenios entre los teatristas y las escuelas para darle la oportunidad a los alumnos para que vean las producciones teatrales y así­ se estarí­a cultivando el arte teatral a futuro.

El dí­a del teatro no cobra importancia a nivel nacional, una o dos actividades se programan para conmemoran esta fecha entre los mismos artistas, una especie de auto celebración.

A pesar de la realidad tan adversa que se enfrenta como teatristas; el arte teatral es y seguirá siendo tan efí­mero, tan directo en el ahora y el aquí­. La producción teatral está presente aún con todo esos obstáculos o mamuts que hay que vencer aún haya desilusión con la fe que nuestro trabajo merece la pena, y subimos el telón muy a pesar de esta realidad.

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