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miércoles, 27 de octubre del 2021

De la Victoria de Samotracia a Victoria´s Secret

A nadie le consta que las modelos reales de esas obras clásicas fueran verdaderamente poseedoras de las caras y cuerpos ahí­ representados

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Hace poco vi una entrevista del programa "Al Rincón", de Risto Mejide, que le hace a Blanca Padilla, una modelo española que acababa de desfilar para el idí­lico desfile de los ángeles de Victoria´s Secret. Muy alta y guapa, dijo, entre otras cosas, que estaba en contra del canon de belleza imposible que les imponen a las top models.

El entrevistador, le dice que si todos los consumidores, en este caso consumidoras, se pusieran en contra de esas marcas y no las compraran más, cambiarí­a inmediatamente esa exigencia.

No es tan simple, le faltó un poco de psicologí­a e historia al hacer esa aseveración.

Con esto no estoy diciendo que apruebo las exigencias antinaturales a las que son sometidas estas chicas, pero el  problema es que las mujeres en el fondo no vamos a ponernos en contra de esas modelos  "superiormente bellas", y preferir,  la "belleza real" como pretende por ahí­ una marca cosmética.

Ser una "belleza real" es simplemente ser una más de esas mujeres anónimas, comunes y corrientes, a quienes nadie vuelve a ver.

Y la mujer, desde siempre, ha deseado lo contrario: ser admirada, no ignorada.

Eso se llama Vanidad,  con mayúscula, y es una de las más poderosas fuerzas que mueven al mundo.

El problema no es de las actuales agencias de modelos: el canon de belleza que nos han metido en el cerebro, posiblemente comenzó hace siglos con la imagen de Nefertiti o con la Venus de Milo o con las figuritas de mujeres delgaditas dibujadas en las vasijas griegas o en las tumbas de los faraones egipcios. Esas eran las "top models" de la antigí¼edad.  Y la escultura y  la pintura fueron el Photoshop de la época.

A nadie le consta que las modelos reales de esas obras clásicas fueran verdaderamente poseedoras de las caras y cuerpos ahí­ representados. Pero así­ nos las vendieron, así­ las percibimos y se convirtieron en modelos universales de belleza.

Artí­stica e históricamente hablando, es una pena que la última Duquesa de Alba rechazara a Picasso para que la inmortalizara con sus pinturas, al igual que su predecesora, la Maja, pintada por Goya (vestida y desnuda). Femeninamente hablando, sencillamente no le hací­a gracia que la deformara con sus trazos cubistas… nadie iba a admirarla ni a desearla con un ojo torcido y la nariz prominente.

Tendrí­amos que desaparecer todas las obras clásicas de arte, esculturas, pinturas, las dos majas de Goya, la Venus de Boticcelli, incluso las figuras marianas; desde las mujeres bí­blicas, que se describen como bellas, Judith, Dalila, Esther, hasta las célebres rubias de Hitchcock, todas han despertado pasiones y admiración, la hermosura de Helena de Troya desató una guerra…

Eva en el Jardí­n del Edén iba desnuda, y a nadie se le ha ocurrido imaginarse que no tuviese un cuerpo envidiable, a tono con el Paraí­so, nada menos. No se puede una lucir en medio de tremendo jardí­n con libras de más, tiene que tener una figura acorde a la belleza del entorno. Supongo que habrí­a además un excelente clima y por supuesto, no habí­a insectos, para poder andar tranquilamente en cueros todo el dí­a.

En todos los grandes almacenes por departamentos del mundo, lo primero que se encuentra en la entrada, son los counters de cosméticos de las principales marcas internacionales.

Mucha tecnologí­a de punta puede haber en los departamentos de la tienda, muebles ergonómicos, ropa de última, pero quien da la bienvenida a la mujer consumidora son los cosméticos. Invariablemente.

Qué tienen esos counters de cosméticos?  Aparte de los productos, obviamente, fotos exigentemente producidas de la modelo exclusiva de la marca, que no es cualquier chica bonita… es nada menos que una actriz de moda, de preferencia ganadora de un Oscar o una deportista de élite.

No sólo me venden belleza, sino poder, triunfo, status y algún talento o habilidad especial… igual que la Victoria de Samotracia (primer ángel  reconocido de Victoria´s Secret)  o la Marianne de la Plaza de la República en Parí­s. Igual que la entrada apoteósica de la faraona Cleopatra en Egipto. Igual que la estatua de la Libertad en Manhattan.

El asunto ha llegado hasta las antagonistas de las historias clásicas: En los cuentos de hadas de los hermanos Grimm, de Calleja o de Perrault, todas las protagonistas eran jóvenes y bellas, la madrastra o la bruja era siempre vieja, mala y fea, desagradable.

 Ahora con los remakes, todas la brujas son obviamente mujeres mayores que la ingenua protagonista, pero espléndidamente conservadas y mucho más glamourosas que ella: Julia Roberts la bruja de Blancanieves en ¨Mirror Mirror¨; Charlize Theron en también como la malvada reina Ravenna en ¨Blancanieves y el cazador¨; Angelina Jolie en ¨Maléfica¨; Cate Blanchet, la madrastra de  ¨Cenicienta¨y para cerrar, la mí­tica Meryl Streep, en ¨En el bosque¨. Todas guapí­simas, vestidas, peinadas y enjoyadas magní­ficamente, todas ganadoras del Oscar, y todas sin excepción, opacaron sin piedad a la otrora linda y desgraciada princesa…

Entramos aquí­ en el terreno de la hermana gemela de la belleza: la Juventud. Por algo es Lilliane Betancourt, propietaria de los cosméticos y tintes L´Oreal, la mujer más rica de Francia. Por algo la recién frustrada  fusión de Pfizer y Allergan, fue anunciada como la mayor de la historia de la industria farmacéutica.

Los tintes sirven para eliminar las canas. Pfizer es el padre del medicamento más vendido contra la disfunción eréctil: Viagra. Allergan produce el más usado inhibidor temporal de arrugas: Botox. Por regla de tres: La gente joven no tiene canas ni arrugas ni disfunción eréctil.

No se equivocó el poeta cuando dijo: Juventud, divino tesoro”¦

Divino tesoro comercial.

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Tribuna Libre
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