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sábado, 29 agosto 2026

Cuando la edad y unas manos sin callos te cierran la puerta

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Por Francisco de Asis Lopez Sanz

Hay una edad en la que buscar trabajo deja de ser únicamente una cuestión de formación, experiencia o ganas. A partir de los 50, y cada vez con mayor claridad después de los 60, aparece un factor que figura en todos los currícula pero que muta en barrera: la fecha de nacimiento.

Lo comprobé personalmente el verano pasado, cuando me presenté a una oferta de empleo para trabajar como camarero en Benidorm durante la temporada de verano. El anuncio buscaba personas jóvenes, dinámicas y con buena presencia. Yo llevaba conmigo algo que, en teoría, debería haber tenido algún valor: experiencia profesional, capacidad para tratar con personas, conocimiento de idiomas, décadas de trabajo a mis espaldas y ganas enormes de salir del ingreso minimo vital, que me hacia sentir un inutil. Si  embargo, aprendi que todo eso no servia: no era suficiente.

La edad estaba allí, visible en mi rostro. La impresión que recibí fue clara: buscaban imagen, juventud. No importaba tanto lo que uno pudiera aportar como la apariencia de tener unos cuantos años menos. Pasados los 60, parece que la experiencia puede convertirse paradójicamente en un inconveniente.

Pensé entonces que quizá otro tipo de trabajo, uno manual y agricola, podria ser otra opcion: una chamba o curro, donde la juventud no fuera un requisito implícito, y esta vez seguro que tendria ” chancecita” y podría ser diferente.

Me presenté entonces para trabajar en la vendimia. Allí imaginé que mi edad incluso podía jugar a favor: trabajo temporal, esfuerzo físico, responsabilidad y disposición para trabajar. Pero el encargado quiso comprobar algo mucho más elemental. Me miro a los ojos y me pidió que le mostrara mis manos. Se las enseñe algo extrañado al no entender su curiosidad.

Las miró detenidamente una por una y sonriendo de manera, no se si timida o con retintin me respondio: “ oiga joven, pero ha trabajado de verdad vd alguna vez en su vida?” La escena me resultaba casi absurda. Ya no habia tutia.  Manda uebos!!!.

En mis años universitarios, yo habia descargado cajas de fruta  o sacos de cemento de camiones, habia puesto copas, recogido vasos y pinchado discos ( me llamaban el cara B porque ponia musica no comercial sino la que me gustaba a mi) habia vendimiado en Cigales, trabajado a destajo, envasado bulbos de flores en Andjik (Paises Bajos), o incluso reparando las teselas de turquesa en un cuarto de baño angustioso, a su vez dentro de una casa cruce de Lovecraft y Moebius, en Santa Monica, CA. Su dueño, un hombre de barba blanca y aspecto de abuelo de Heidi, fue el guionista de “Alien”.

Asimismo, aunque fui el organizador y responsable de Aecid en la entrega de ayuda de emergencia del terremoto del 2001 de El Salvador, una noche, llegado el momento y la necesidad tambien me puse a descargar sacos de harina de las rastras en el punto de entrega que en aquel momento fueron las instalaciones de la federacion salvadoreña de futbol.

Todo esto, para aquel capataz, el patron, la ausencia de callos en mis manos era una prueba suficiente para poner en duda toda una trayectoria laboral. Dos empleos potenciales diferentes. Dos razones diferentes. Un mismo resultado: una puerta cerrada. En uno, demasiado mayor. En el otro, aparentemente demasiado poco trabajador.

Y ahí está la paradoja que deberíamos mirar de frente. Una sociedad puede presumir de vivir más años, de contar con trabajadores mejor formados y de necesitar prolongar la vida laboral, pero al mismo tiempo permite que miles de personas sean progresivamente expulsadas del mercado laboral mucho antes de alcanzar la edad de jubilación. En España, a los 50, la experiencia empieza a pesar. A los 60, para muchos empleadores, es peso pesado.

Se habla mucho de talento sénior, de economía de la experiencia y de aprovechar el conocimiento acumulado. Pero las palabras pierden su significado cuando una persona es descartada por su rostro o porque sus manos no presenten las señales físicas de un determinado oficio.

No se trata de pedir privilegios para los mayores. Se trata de exigir que se valore a una persona por aquello que sepa hacer, por su responsabilidad, su capacidad de adaptación y sus ganas de trabajar. Por cierto, tradicionalmente los de recursos humanos miran con malos ojos los CV de aquellos que han cambiado frecuentemente de trabajo. Sin enbargo, estudios recientes señalan que precisamente esos “frequent flyers”, se saben adaptar en un par de meses a trabajos nuevos mientras que los otros, , a quienes denomino los “tequileros” por lo de “‘reposados” necesitan mucho tiempo adicional.

Asimismo, me sonrio cuando, en mi criterio, cada vez se valoran en exceso determinados conocimientos  digitales laborales.

Al respecto recuerdo hacen un par de años, a un compañero de trabajo en la oficina de una ONG internacional en Uganda. Entro a la oficina, haciendo chistes con el resto del staff, sin percatarse que yo ya estaba dentro, sobre que servidor era un “musungu”, ( un chele) que no manejaba bien el nivel 3 avanzado de Excel. Me quede sorprendido por la actitud del vivian, en España un “sobrado”. Y el tambien se quedo de piedra al ver que escuche sus gracias. Por un segundo sopese mi reaccion: me hago el maje y lo dejo pasar? o reafirmo mi autoridad? Convencido de que en los contextos laborales, amabilidad se confunde con debilidad, opte por la segunda opcion: -muy bien , Artudito (R2D2). Tienes buen ojo pero deberias saber que soy tu director y se me ha contratado porque tengo la experiencia que me ha facilitado vislumbrar a donde voy a llevar el Excel que te pedi como ” our Excel team expert” que eres, parq asi poder cumplir entre todos los objetivos de esta oficina. Tras su palidez inicial, todos nos reimos de buen talante y nos fuimos a comer juntos. Y Yes, of course, ese “team building spirit initiative” implicaba que invitaba el chele.

En resumidas cuentas, sigo convencido de que una sociedad que desprecia a quien tiene experiencia, termina desperdiciando una de sus mayores riquezas.Y quizá algún día comprendamos que cumplir años no debería ser una condena laboral, sino simplemente otra forma de medir y haber vivido la situaciones contextos y experiencias que ayudan a madurar las facetas de la inteligencia. Ese intangible de los veteranos del que se podrian nutrir los juniors en el trabajo.

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Francisco de Asis López Sanz
Francisco de Asis López Sanz
Especialista senior en cooperación internacional con más de 30 años de experiencia dirigiendo equipos y trabajando en países en conflicto o post conflicto. Licenciado en Derecho y especializado en derecho de la UE. Trabajó en El Salvador con AECID.

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