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jueves, 13 de mayo del 2021

Creí­an que el profe era cubano

El Profe permaneció en la celda de castigo durante aproximadamente cinco dí­as, pasaba pensando que en el último interrogatorio posiblemente le habí­an inyectado el “suero de la verdad”, no recordaba más que haber oí­do la palabra “cubano” en varias ocasiones; sufrí­a por el hecho de que posiblemente habí­a dicho cosas que no debí­a, pero también recordaba con claridad el consejo que le dio su jefe militar durante su entrenamiento para la lucha armada en El Salvador, hacia unos nueve años: “la mejor forma de salir airoso en un interrogatorio es decir la verdad, cuando te preguntes algo que es un secreto militar o polí­tico no divulgarlo, pero responder con algo que es verdad, hay que partir del hecho que el enemigo cuenta con alguna información sobre nuestras actividades polí­ticas y militares”.

Lo llegaron a traer nuevamente, no le pegaron, no lo vendaron, caminaron por un largo pasillo, salieron por una especie de portón, se dio cuenta que eran como las nueve de la mañana, lo subieron a la cama de un vehí­culo militar, le dijeron que se acostara boca abajo y que no levantara la cabeza; el vehí­culo caminó por calles de la ciudad de Arica como quince minutos, el Profe lo sabí­a porque reconoció algunos de los ruidos que escuchaba.

Lo llevaron al cuartel del ejército, entraron en una oficina, el oficial que estaba sentado en el escritorio se levantó,  le dijo que se sentara en una silla frente a su escritorio; se presentó como capitán, con su nombre de pila y que su especialidad era la inteligencia militar; abrió un folder y  dijo que el Profe habí­a salido de Cuba en el año 1962, se habí­a integrado en el Partido Comunista en El Salvador, pero cuando este partido  abandonó su proyecto de lucha armada se habí­a integrado a la lucha sindical y a las campañas polí­ticas; miró fijamente a los ojos del Profe y preguntó ” ¿esto es cierto?. El Profe trató de hablar como alguien que ha recibido entrenamiento militar y dijo: “es cierto, capitán”.

El oficial le dijo a los soldados que custodiaban al Profe que esperaran afuera de la oficina y luego dijo: “Doctor, creo que nos vamos entendiendo”. Luego se levantó, se paró al lado del Profe y contó, en tono de mucha confianza, que habí­a sido instructor de inteligencia de varios oficiales salvadoreños en Santiago (capital de Chile), durante cuatro años. El oficial volvió a sentarse y preguntó: ¿Cuál es su verdadero nombre, Doctor?; el Profe le dijo su nombre; el Capitán insistió ¿Quiero que me diga su verdadero nombre y su grado militar?. El Profe repitió su nombre y dijo que habí­a sido miembro de tropa en una célula militar del Partido Comunista. El Capitán aconsejó al Profe que fuera inteligente, que él era un oficial de inteligencia que utilizaba la inteligencia, que habí­a sido entrenado en Israel y que no le gustarí­a que otros oficiales le maltrataran. Llamó a los soldados que se encontraban fuera de la oficina, llevaron al Profe nuevamente a su celda de castigo, sin tratarlo mal.

Santiago Ruiz
Santiago Ruiz
Columnista Contrapunto

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