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miércoles, 20 de octubre del 2021

Coronavirus y unidad de acción

Vivimos en una cultura política polarizada y todos, en menor o mayor medida, compartimos unas pautas de pensamiento maniqueas y una tremenda dificultad para debatir y establecer los consensos que en determinadas circunstancias exigen las grandes decisiones políticas. De esta cultura no hay un único culpable, todos los partidos políticos contribuyen a ella lo mismo que la opinión pública.

Las pautas de pensamiento maniqueas y nuestra crónica dificultad para debatir y negociar juegan en contra nuestra ante la inminente llegada de un enemigo letal como el Covid-19. Continuar con las inercias de nuestras divisiones ideológicas y políticas no es precisamente lo más adecuado ahora. Ahora lo que hace falta es reunirse, debatir y decidir como una sola fuerza para enfrentar a un enemigo invisible que no perdona y se propaga con rapidez.

Aquí, ahora, cada quien debe superar sus taras y dejar a un lado sus inercias ideológicas o sus intereses políticos partidistas. Quien pretenda sacar ventaja política de esta crisis, lo que hará será debilitarnos en un momento en el que debemos procurar actuar unidos.

El presidente y su equipo son quienes toman las decisiones, pero mal haría el presidente si cree que esto lo puede resolver el gobierno sin ayuda de los demás partidos e instituciones y sin la colaboración activa de la sociedad civil. Debe buscar mecanismos de consulta, mecanismos de negociación, mecanismos de decisión donde puedan incorporarse aquellas personas o agrupaciones que por su conocimiento y experiencia contribuyan a gestionar mejor esta crisis. Y debe hacerlo ya.

Algunas de las primeras decisiones gubernamentales son correctas, pero están generando problemas y los pueden generar mayores si no se corrigen ya sus malos efectos. Ignoro si se está sometiendo al test para detectar la enfermedad a quienes ingresan a la cuarentena. Un buen protocolo de acción debería incluir ese test para evitar que si hay un contagiado este se mezcle con la población sana que ya está confinada. Si no se toman estas medidas ya, las personas hacinadas en la cuarentena podrían convertirse en un poderoso foco de infección.

Por otro lado, hay que decirles a los salvadoreños que viven en el extranjero que pospongan sus viajes a El Salvador en este momento. El gobierno debe mejorar su política informativa en el exterior y debe mejorar la forma en que aplica las medidas excepcionales para garantizar su mejor eficacia y para evitar sus malas consecuencias.

Y la sociedad civil y su opinión pública deben procurar de manera constructiva que este gobierno mejore la forma en que aplica tales medidas. La PDDH, por ejemplo, en vez de andar denunciando taras, debe mandar sus informes al ejecutivo instándolo a que ponga más medios para mejorar la situación de las personas confinadas durante quince días. Uno se pregunta si a quien dirige la PDDH le interesa más desgastar a Bukele que sumarse al esfuerzo colectivo que demanda enfrentarse a la amenaza del coronavirus. Y si el gobierno no dispone de medios que le permitan humanizar la cuarentena, en este momento, los empresarios de la alimentación, los dueños de farmacias, los constructores, los otros agentes de la sociedad civil deberían reunirse para ver en qué medida pueden colaborar con el gobierno para que este resuelva sus errores de previsión.

No estamos para hacer politiqueo ni para hacer de jueces pasivos, tenemos que contribuir todos a esa tarea común que supone enfrentarse a un enemigo biológico letal que se propaga rápido.

Hay una franja de la opinión pública ilustrada que continúa con sus inercias maniqueas, como si la actual coyuntura fuese la mejor oportunidad para desgastar a esa figura política que tanto detestan. “Pero qué inepto es Bukele y qué incapaces sus ministros. Ahora, en esta crisis, abrirán los ojos esos imbéciles ciegos que tanto lo apoyan, etc., etc.”. Pero ni esta actitud por parte de ciertos aprendices de intelectual es inteligente ni este es el momento para los reproches de los lúcidos jueces contemplativos. Hay que sumarse al esfuerzo y buscar canales para que le llegue al Ejecutivo la información crítica sobre los defectos de las medidas gubernamentales o sus consecuencias imprevistas. Y el gobierno, si es inteligente, debería recoger y procesar esta información crítica que le envía la población para poder evaluar con agilidad sus decisiones y para poder rectificarlas con la misma rapidez con que se mueve el virus.

Es necesario que utilicemos con la mayor eficacia posible los escasos recursos que tenemos para enfrentar esta amenaza. Si el virus ingresa al país y no lo enfrentamos con inteligencia, no va a ser Bukele quien perderá, perderemos todos. Por eso es importante ahora la unidad de acción.

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