Corbatas al viento: La importancia de vestir formal

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Jorge Bravo es un empresario de textiles de ropa única. Julio Pérez es un influencer de moda masculina en Perú; y Franco Mazzetti es un modelo de bellas artes. Hans Herrera nos explica la importancia de vestir bien.

Por: Hans Alejandro Herrera Núñez


Perú definitivamente no es un referente de moda masculina, pero algo ha comenzado a cambiar, especialmente entre los jóvenes. Desde referentes en las series de moda como Kingsman o Peaky Blinders, los jóvenes peruanos han vuelto la vista a los trajes hechos a mano, y comienzan a hacer preguntas. Desde la textura de la tela al diseño de los botones. Entrevistamos a una sastre mexicana, un top model italiano, un empresario textil, un empresario de la moda masculina y hasta un influencer para saber qué y cómo viste el millenial peruano post pandemia. Porque la ropa seria puede ser divertida.

En plena fase de grupos me encontré con el night rider de la fotografía, Germán Carnero. Al mexicano solo lo veo de noche, me pregunto si existira de día. Coincidimos en el mismo evento, uno de ropa masculina. Yo honestamente se tanto de ropa como de macroeconomía tailandesa, cojo lo primero que veo y me lo pongo. Desde hace dos años que visto solo traje. Me gustan los trajes porque me ofrecen el papel dramático de ser un personaje serio. Soy consultor y me tomo mi trabajo en serio, si me vistiera informal ¿cómo podrían creerme mis clientes? El traje me gusta porque es conservador, práctico y elegante, la comodidad de un momento serio, sin embargo yo compro en fábrica o en tiendas por departamento. Soy un hombre apurado y sin mucho gusto, me disculparán. Germán en cambio viste mejor, más informal, más libre como viento en la carretera de Sonora. Pero volvamos a mí (todo yo), mi noción sobre la ropa sin embargo es limitada. Para mí solo existen tres colores: negro, gris y a veces azul. No obstante en la calle y en redes encuentro nuevos colores más avezados, y no solo entre los jóvenes ejecutivos que suben sus fotos en LinkedIn.

Estoy en sastrería Firenze. El lugar huele a elegancia, la elegancia huele a tradición. Entre quesos italianos y jamón español me tomo una copa de vino francés. Me han contado que ha venido un top model italiano. Siempre supuse que existían modelos masculinos, pero es la primera vez que veo uno en carne y hueso, o con corbata y pañuelo que viene a ser lo mismo. Apenas llego al evento lo reconozco. Él solito con su presencia roba la mirada a todos. Es como un imán para el ojo. Y no solo por la ropa, elegante y lujosa, sino por algo más que no sabría describir. Supongo que es carácter. Es como una estatua de un santo sajón pero sin aureola. El hombre va vestido de un traje azul lapislázuli, parece sacado de un mosaico bizantino. El hombre es mayor pero de una edificante edad. Tiene barba y el cabello un poco largo, a lo Oscar Wilde, pero bañado en plata. Hasta sus arrugas se ven cool. No sé porque me molesto en describir cuando basta con que Germán tome las fotos. Una imagen vale más que estás mil palabras. En resumen que el hombre es guapo hasta para un bárbaro como yo. Creo que es su presencia, algo que la imagen no llega a chapar del todo. Estar ahí, verlo, sentirlo con la mirada es algo fascinante. Yo he conocido mujeres que con su presencia detienen el tráfico, pero este señor detendría a un camión conducido por un yucateco. En fin, no es un tema de homoeroticidad, es una cuestión de belleza y respeto a la belleza. En el hombre esa belleza es distinta al de la mujer, no tiene que ver con el deseo, tiene que ver con la admiración y el respeto. Ahora entiendo porque Napoleón invadió Rusia en invierno. No ganaba nada políticamente, era solo una cuestión de prestigio, y el prestigio esa noche en sastrería Firenze se vistió de azul lapislázuli.

Alrededor del hombre que parece una pintura actualizada del s. XIX, conversan otros con trajes definitivamente superiores al mío. Yo me siento un salaryman japonés que acaba de salir del metro de Tokyo después de 14 horas de trabajo, noto que tengo el saco arrugado y no me es imposible pensarme acomplejado al comparar mi ropa con el resto, los detalles de sus sacos, de sus camisas, sus corbatas. Bueno, yo tengo una mejor corbata, pero no la traje esa noche y me apena no haberme dado ese capricho de lucirla. Entre copa y copa, y un par de cigarrillos en el pórtico voy preguntando a los asistentes al evento por este fenómeno que es la moda masculina.

Perú, un país en que los hombres están aprendiendo a vestir

Julio Pérez es un influencer de moda masculina, tiene una cuenta con más de cien mil seguidores en Instagram y otra en tiktok con más de 300 mil. Es joven, menor que yo, viste de traje y sostiene una sonrisa optimista. Enfocado desde hace pocos años a las sastrerías y el hecho a mano, es uno de los pocos que están hablando de moda para hombres en el Perú.

“En este caso fue mi padre quien me inculcó mucho el trabajo a medida con muchos sastres,” me comenta , “porque a mí padre le encantaba elegir la tela. Fue en 2019 en que me di cuenta que el traje a medida tenía mucho potencial aquí en Perú. Empecé a visitar a muchos sastres, como Luis García y Andrés Vargas. Y hacer contenido sobre estos temas. Los encontré necesarios para así abrir más mercado a este sector en crecimiento.”

Respecto a transformaciones en los usos y costumbres en el vestir del peruano promedio, Pérez me dice: “Veo cambios en los usos de ropa y un interés en crecimiento entre los grupos de jóvenes de 20 a 35 años, quienes buscan una alternativa ante la oferta de los malls. Y es precisamente este nuevo consumidor joven quién se fija más en el diseño en la ropa. Sobre la diferencia de vestirse en una sastrería respecto a comprar un traje en un mall, una sastrería ofrece la experiencia de la personalización. Llegar a un lugar que te tome las medidas, que tú tengas el poder de decisión de elegir la tela que quieras vestir, los detalles como los puños, los cuellos, saber que esta camisa es para el día a día, saber que me voy a poner un cuello americano, uno de botones o un cuello inglés. Entonces personalizar la ropa es lo que diferencia de las grandes tiendas.”

Le pregunto de qué referentes toma este nuevo perfil de cliente. Por ejemplo las series. “Las series influyen en el vestir, dos series que se toman de referencia son Kingsman y Peaky Blinders. Es de ahí de donde mandan la foto para que les asesore. Pero lo que más encuentro interesante de esto, es que si bien el mercado no se ha llegado a masificar, hay sin embargo un nicho en crecimiento porque hay un interés en crecimiento.”

¿Algodón pima o algodón egipcio?

Sergio Hoyos es socio de sastrería Firenze, encargado de la producción y la venta. Es un poco mayor al anterior pero todavía es joven. Su enfoque sobre el vestir está más en relación a un elemento psicológico: sentirse bien. Me comenta. “A pesar de las dificultades, como lo fue la pandemia, las personas buscan estar bien, sentirse bien y eso es lo que ofrece la ropa. La vestimenta es una forma de autoestima, de sentirse bien con uno mismo. Y eso es lo que ofrece el hecho a mano. Realzar la figura a la medida.”

Le pregunto sobre los gustos del peruano en ropa. “En la gente menor a cuarenta años se busca una moda más Slim. Más entallado el cuerpo, que realce la figura. Las referencias actuales entre los peruanos vienen más de Italia, de Florencia y Nápoles. La sastrería italiana es de un estilo más desestresado, más relajado. Que no tenga tanta hombrera o que tenga solapas anchas. Y la preferencia por colores más atrevidos como el verde, rojo y rosa. Ahora vemos un cambio entre los compradores. El negro, gris y azul no se pierden, pero cada vez es más frecuente ver más gente que busca algo distinto, como preferir el púrpura que rompe el paradigma del azul. Nuestro trabajo consiste en que nuestros trajes duren años y se los puedas pasar a la siguiente generación. Eso es el hecho a mano.”

Me imagino que viendo los escaparates la tendencia este verano será más de tela de lino en color marfil. Un aire más a club. Entretanto una pausa para un cigarro. Estamos en fase de grupos y Argentina y México solitas se han metido en apuros. Acabo mi cigarro y continuo.

Cómo consultor y periodista cultural mis referentes culturales del vestir son escasos. Si busco un referente del vestir en mi memoria que no sea Tony Montana, el único decente que encuentro es Retorno a Brideshead, una serie inglesa de 1980 protagonizada por Jeremy Irons. En un idílico Oxford de 1922, los estudiantes de humanidades visten unos trajes de colores cálidos. Nunca una serie me había enamorado tanto desde su estética. Nunca la ropa había sido tan… protagónica.

Francisco Martinotti, es un empresario de textiles peruanos y una autoridad en cuanto a fibras se refieren. “En el mundo de los textiles la importancia del algodón pima, que es peruano, es un factor diferencial”, me comenta. “Las fibras más exportadas al extranjero son la alpaca y el algodón pima. Sin embargo en los años 70 en Perú había más de cien mil hectáreas de algodón pima sembradas. En estos momentos solo hay 1200 hectáreas. Esto se traduce en una escasez tremenda de fibra larga de algodón pima. Y es ahí donde debemos apuntar. Apuntar a las textiles y a las confecciones. La ventaja de Perú es que tiene fibras muy finas. Y tenemos la alpaca que es de una calidad muy superior. En cuanto a fibras Perú compite con el cachemira, de la cabra montesa de Asia Central, y de la cual China es el principal productor del mundo. Y luego competimos con la lana australiana.”

Esto para los que no entendemos mucho del mundo textil, funciona así: La fibra son la materia prima que produce países como Perú, mientras que la tela es el proceso industrial que se produce en países como Italia. En el competitivo mercado internacional de la ropa lo que manda es la calidad, la fibra. Y Perú es un referente de calidad premium en cuanto fibras.

“Lo que es en serie no tiene la calidad de un traje hecho a medida”, me explica Martinotti, “en Perú tenemos la suerte de que todavía hay un contingente importante de sastres al que hay que darle un valor mayor, y por otro lado queremos que el Perú sea un referente en cuanto a fibras y pelos de camélidos para hacer de nuestro país un paradigma como lo es en la comida. Sin embargo hay un país que está creciendo y es Colombia. Colombia es un país que ha sabido rescatar la artesanía del traje porque han visto un nicho que no está siendo satisfecho. El mercado está y hay que satisfacer esa demanda.”

Ser memorables

La ropa puede parecer banal pero es más serio de lo que se sospecha. Me recuerda como Nelly Kaprielian, la antigua responsable de las página literarias de la revista francesa Les Inrockuptibles, que luego sería la redactora estrella en Vogue París; escribió un libro muy banal y serio a la vez. En 2012, durante la subasta en Los Ángeles del guardarropa de la actriz Greta Garbo, Nelly que andaba por ahí no pudo resistir en gastar casi todos sus ahorros en el banco y terminó adquiriendo el abrigo de la estrella mítica de Hollywood. Lo que no sabía Nelly, es que ese abrigo color alfombra roja, sería la fuente de la escritura de su primera novela, en su día novela-ensayo-autobiografía, Le Manteau de Greta Garbo. Lo que Nelly logró en ese libro fue decirnos que la ropa también puede contar una historia. Cómo ella describe: “¿Por qué Greta Garbo compró cientos de vestidos cuando no usaba ninguno? ¿Nos vestimos para travestirnos o nos ponemos en escena en un papel de ensueño? ¿Damos una imagen propia aceptable o negamos el lugar que nos asignaron? ¿Seducir o desagradar? ¿Mezclarse en una sociedad u oponerse a ella? ¿Qué deseos secretos y enterrados, qué impulsos oscuros e inconfesables, fundamentan nuestro gusto, nuestro estilo? Y, finalmente, yo, ¿por qué había comprado, durante esta subasta, el abrigo rojo de Greta Garbo, cuando no era de mi talla?”

La historia de Nelly da pistas sobre la ropa. El abrigo de Greta Garbo solo es una excusa en que la autora explora la historia de su familia, emigrantes armenios después del genocidio turco (cuenta como su abuelo fue velado solo con su ropa pues nunca encontraron su cadáver), o como una joven armenia de tercera generación y de clase obrera luchó por abrirse en el hiper competitivo mundo cultural parisino, y como la ropa si significaba algo para una chica de clase baja con aspiración de estrella. Esa no es solo una novela o ensayo, es filosofía de la ropa y de lo único real que tienen los humanos: su cuerpo. Porque finalmente la ropa es ese extraño envase que desarrollo nuestra vergüenza para meter el volumen de nuestro cuerpo. Como diría Nelly: “la ropa cuenta estas ficciones que son nuestras identidades, y da a leer las narrativas a menudo misteriosas que son nuestras vidas.”

Pero volvamos a Lima, es de noche y ya empieza a hacer calor. Gracias a Dios.

Jorge Bravo es CEO de sastrería Firenze. Sospecho que es de mi edad. Tiene voz de catedrático. Me cuenta: “Esta sastrería nació en plena pandemia, porque en la pandemia lo que más necesitábamos era tener emociones, construir emociones, decir algo que sea para uno. La pandemia lo que nos ha hecho es saber que lo más importante es el día a día de uno. Y en el día a día todos necesitamos una camisa, un pantalón, un saco. Necesitamos de algo que nos haga sentir cómodos. Y entonces la idea era confeccionar las mejores emociones a través del vestir. Y por eso sacamos este proyecto. Porque desde mi caso personal, debo decir que he pasado por todas las sastrerías de Lima. Yo siempre me hacía ropa a medida. La sastrería no es el hecho de confeccionar un saco, es el hecho de confeccionar en el proceso de producción, de asesorar, el para qué lo quiere. Si es para tu día a día, para tu boda, si es para el día, para la noche, y sobre todo el cómo eres tú: jovial o formal. Y la textura y los colores. Esto yo no lo viví en ninguna sastrería que visité. Yo quería un traje azul, y me decían: ‘ahí tienes treinta tonos de azul’. Y es precisamente eso lo que queremos cambiar. Porque hacerse un traje no es algo común. Es una experiencia personal”.

Sobre el mercado de ropa masculina, Bravo me menciona: “Somos una sociedad de once millones de habitantes y una sastrería necesita como máximo 365 clientes. De ahí la importancia no de una lucha de mercado sino de crear comunidad. Creo que la persona que visita una sastrería se quedará para siempre en la experiencia de algo hecho para uno. Respecto al consumidor peruano este es alguien que comienza a valorar la tela y la confección así como los detalles. Es un cliente que comienza a hacer preguntas: ¿Qué tipo de botones o que tipo de solapa va tener mi traje? Finalmente vestir bien se trata como la vida misma de ser memorables”.

El hombre de Azúl y la chica de Tijuana.

Y por fin el hombre que parece una pintura. Franco Mazzetti es italiano, espalda derecha, parado cómodamente sobre una pierna. Su postura es relajada y firme, casi pareciera un modelo de Bellas Artes a punto de ser pintado. Mientras tanto Germán, el pontífice del iris mexicano, lo ametralla con su Canon. Cómo el top model no habla español fluidamente me hago de un intérprete.

“Siempre he tenido la pasión por el vestir clásico” me comenta Mazzetti. “Cuando era muy chico, en mi primera comunión mientras los demás regazzos querían un reloj, yo quería un traje hecho a la medida. Por eso siempre salgo con el traje, la corbata y el pañuelo. Yo si salgo sin pañuelo vuelvo a casa y me lo pongo.” A continuación me explica el mundo de los modelos masculinos que él vive. “Hay una tendencia en las empresas de buscar modelos que no sean jóvenes. Muchas empresas de ropa se sienten mejor representadas por un modelo mayor que por uno joven. Y hay mucho trabajo para un modelo de mi edad.”

Sobre qué tan atrevido se puede ser en el vestir, Mazzetti me explica: “En el vestir hay muchas reglas que están escritas como otras que no. Cuando un hombre conoce las reglas y lo representa en el vestir, en ese momento está listo para romper las reglas, porque sabe que aquello que hace, lo hace porque debe hacerlo y se siente cómodo. En italiano existe una palabra que lo define: Sprezzatura”.

La noche termina y antes que acabe, Germán me presenta a su compatriota, Fátima Santaclara. Fátima tiene once años de sastre y no es chilanga como Germán. Mexicana de Tijuana a los 19 estudió diseño de modas y se puso a trabajar en una sastrería. Desde ahí no ha parado. Su maestro fue el gran Juan Manuel Espinoza, un maestro con sesenta años de experiencia en el mundo del sastre en México. Fátima ha hecho colaboraciones para sacos con fibra de vicuña y alpaca para sastrería, rebasando las fronteras del mundo de la sastrería. Llegando a confeccionar una colección de sacos de vicuña y alpaca expuestos en certámenes en París.

Converso con ella. “Perú tiene la particularidad para los mexicanos de tener esa fibra exótica que es fina y costosa, como es la vicuña, la fibra más importante del mundo. Y yo vine a conocerla acá en Perú y el trabajo ha sido una experiencia diferente y muy linda, porque a diferencia del cachemir u otra fibra, se trata aquí de conocer una fibra latinoamericana, porque regularmente volteamos a ver a Europa, y para mí saber que en Perú existe una fibra, que es súper exótica, delicada y exclusiva me da como latinoamericana mucho gusto y me emociona.”

Le pregunto sobre su experiencia con el vestir. “Como sastre me gusta vestir en congruencia con lo que hago y mi vestir es una forma de mostrar lo que hago. Cuando me visto busco la comodidad, verme bien y estar bien. Pero lo más bonito no es la ropa sino lo que te hace sentir, ya que no se trata de cómo te ves, sino como te sientes de tan cómodo que estás. El ver un cliente contento me alegra porque es la prueba de que valió la pena todas esas horas de trabajo.”

A diferencia de otros trabajos, el de los sastres se puede ver en la calle. Si alguna vez te jala el ojo un saco o una camisa que alguien lleva, posiblemente allá ahí amanecidas y pinchazos de aguja en las yemas expertas de alguien que se lo tomó personal. Porque el hecho a mano es una cuestión personal.

Mientras tanto una nube tóxica de maldad flota sobre una Lima de pistas corrompidas. Germán deja la cámara en el coche, toma el volante mientras afila rumbo por las retorcidas calles de Lima en búsqueda de su próxima primicia mortal. “Pero antes hay que pasar por el OXXO que hay que comprar agua sin gas”.

Al fondo de la noche se puede oír el espejismo de un rumor, son las carreteras de Sonora. Mi ropa, aunque no es de sastre, se siente bien. Me siento bien aunque esté algo arrugado.

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Hans Alejandro Herrera
Hans Alejandro Herrera
Consultor editorial y periodista cultural, enfocado a autoras latinoamericanas, Chesterton y Bolaño. Colaborador de ContraPunto
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