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jueves, 21 de octubre del 2021

Contra la democracia

Breve sátira para creyentes en esta ví­spera de elecciones

Ahora, cuando nos acercamos a un nuevo e insufrible perí­odo de elecciones generales, bien vale la pena recordar las sabias cuanto punzantes palabras de dos extraordinarios escritores satí­ricos estadounidenses del entresiglo XIX-XX. Me refiero a Ambrose Bierce y a Henry-Louis Mencken.

Ambrose Bierce dejó asentado que “La polí­tica es la conducción de los asuntos públicos para el provecho de los particulares”. ¿Cómo?, podrí­a exclamar cualquier ingenuo creyente en la democracia, ¿acaso, como su nombre lo indica, la cosa pública no se ejerce siempre en provecho público? A la vista está que no. En especial en paí­ses con oligarquí­as capaces de financiar partidos de izquierda y de derecha para que pongan en escena el espectáculo de la “libertad democrática”, como ocurre con el nuestro en estas elecciones, en las que la restauración oligárquica se perpetrará sin que importe qué partido llegue al poder y menos si es de izquierda o derecha, pues todos están comprados por la oligarquí­a ─los de ultraderecha por el arzuismo y los de derecha “moderada” o izquierda rosa por el dionisismo─. La excepción a esta regla es, como se sabe de sobra, el MLP.

Por casos como el nuestro (pero también por otros de democracias “avanzadas”) es que Bierce dijo asimismo que en la democracia “El elector goza del sagrado privilegio de votar por un candidato que eligieron otros”. Y con mucha antelación. De modo que las votaciones son una puesta en escena para patriotas de melodrama por parte de corruptos consuetudinarios, como los polí­ticos de izquierda o derecha que se prestan a un simulacro como el arriba delineado para perpetrar una vulgar restauración oligárquica.

Las ideas acerca de que la mayorí­a de hecho manda y tiene la razón ante las oligarquí­as, ha sido incrustada con tanta fuerza en las masas por los medios audiovisuales, que mucha gente cree que son ciertas y, algunos, los más insensatos, están dispuestos a dar la vida por ellas, soslayando el hecho evidente de que las oligarquí­as financian desde hace años a izquierdas y a derechas (como lo demuestran Soros y sus Open Society Foundations), y que el votante no es sino el jovial payaso del alegre carnaval de las elecciones “democráticas”. Además, ¿a cuenta de qué la mayorí­a tiene siempre la razón si esa mayorí­a ya no es más que una masa manipulada por los medios audiovisuales? No en vano Henry-Louis Mencken dejó dicho que “La democracia es la creencia patética en la sabidurí­a colectiva de la ignorancia individual”. Y eso que en su época no habí­a redes sociales ni netcenters ni millennials (alabado sea Maximón), lo cual nos lleva a que, mucho antes de las guerras de quinta generación, la democracia era ya un vil simulacro para inocentes y un buen negocio para corruptos. ¿El pueblo? Bien, gracias. En el MLP.

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