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jueves, 29 de julio del 2021

Colombia: Ya no basta con grabar

No está sirviendo mucho grabar y compartir videos-denuncia. La principal arma que tiene la gente del común para denunciar el abuso policial tanto violento directo como coercitivo en algún barrio o calle de la ciudad, es el video-denuncia en el celular que de inmediato se viraliza en las redes sociales y en los chats personales, poniendo al descubierto la cara oculta de los encargados de preservar “la ley y el orden”. Gracias a estas acciones se ha podido acrecentar la deslegitimidad de la fuerza pública.

Entonces encontramos videos de golpizas, daños en casas, cobros injustos de comparendos o multas, de los miembros de esta institución que actúan bajo la completa impunidad. Pero ¿basta con esa iniciativa popular de sacar el celular y grabar? Pareciera a simple vista que sí, por el arrojo del dueño/a del dispositivo que sin importar ser víctima de la violencia policial o militar les graba cara y número de identificación, pero en la realidad en sí de las redes sociales el producto final termina convirtiéndose en una gota de agua dentro del aguacero de información que internet mueve a cada segundo.

Aunque estos videos ayudan a mostrar acontecimientos que los medios privados ocultan (como también las masacres o asesinatos selectivos) y que se convierte en algo inocultable ante la opinión pública generando indignación general, terminan dependiendo de una serie de hechos articulados en el momento adecuado para generar movilización social o presión mediática por parte de los medios de información. Se ha puesto mucha confianza en la cobertura y cotidianidad de las redes sociales que hasta la han convertido en un nuevo factor en la conocida “libertad de expresión”.

Un derecho que constituye la democracia moderna, o democracia de los richos, cuyo alcance solo se limita a presionar que los gobernantes y Estado “cumplan la ley” debido al control político de los sectores sociales, pero sin la pretensión de transformar la hegemonía de esa democracia. Entre líneas, encontramos que se permite la divulgación de este tipo de videos, pero las denuncias no llegan a las raíces del estado de cosas que producen las injusticias que son grabadas. Ese periodismo ciudadano se convirtió en abono de la resignación, no de rebeldía.(1)

Pero en esta vida nadie está solo o sola, la solidaridad es un pegante que ni el olvido puede derretir. Existen equipos de personas inquietas (medios alternativos, hasta grupos de investigación universitarios, o colectivos de comunicación popular) que al ver esta cantidad de videos-denuncia los organizan y analizan para ayudar a que se resuelvan esas injusticias, o a que hagan ruido fuera del país y llegue incluso a organismos como la ONU y su oficina de Derechos Humanos. Esa sería una opción viable para no dejar pasar ese material en bruto y por el contrario tenga la incidencia masiva que merece.

Algunos y algunas se nos tatuó en el alma la frase ya no basta con rezar, proveniente del movimiento de curas que bajo la Teología de la Liberación del siglo XX, ayudaron al altísimo a que aquí en la tierra también tuviéramos el paraíso; en estos días de celulares con cámara, sería coherente decir: ya no basta con grabar.

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(1)  Viendo uno de tantos videos de arrestos violentos de la policía colombiana, la señora que grababa gritaba que no se llevaran al muchacho, que no le pegaran mientras seguía el procedimiento. Cuando esposaron al joven y lo subieron a una camioneta oficial la autora dijo que ya no se podía hacer nada, como decimos aquí ya paila.

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