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sábado, 04 de diciembre del 2021

Cocinar es resistir

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Conseguir leña en el monte es natural, ramas y troncos para prender un fuego y montar la olla. Traer agua del rio también es natural, se pone la cocina cerca al afluente para no caminar tanto; todo está a la mano en el monte, pero ¿en medio de una avenida de la ciudad? ¿cómo se pone una olla? Aunque se presentan más dificultades que soluciones eficaces, las alternativas existen sobre todo cuando se está en un estallido social de alcance nacional.

Cuando se protesta se gasta energía, el cuerpo se agota y empieza a pedir hidratación y alimento porque hemos quemado la energía vital, que es también una actividad física. Por eso, la olla comunitaria (OC) se convirtió en la fuente de energía en los puntos del Paro Nacional y sobre todo en Puerto Resistencia, Portal de la Resistencia, la Calle 60 Santiago Murillo. Los colectivos que se hicieron cargo de cocinar las tres comidas diarias, lograron esta tarea titánica con la solidaridad, trabajo voluntario y necesidad de cambios sustanciales en Colombia.

Desde la olla tiznada, los ladrillos organizados y bajo una carpa plástica se armaron estas cocinas colectivas para llenar el estómago de primeras líneas, familiares, transeúntes, vecinos, trabajadores informales e indigentes que confluyeron en estos micro universos de resistencia. Entonces los menús variaban de acuerdo a los alimentos donados o comprados gracias a la plata recolectada, por eso se comía sancocho, arroz con pollo, sopa vegetariana, arroz, huevo frito, plátano verde frito, tinto, aguapanela, sándwiches de jamón y queso entre otros platos. Todo este proceso se traduce en otro acto de resistencia y protesta popular del Paro Nacional.

En acto de resistencia y protesta porque en mi país el 52% de la población vive en inseguridad alimentaria, 2.7 millones de [email protected] sufren de hambre crónica debido al mal tratamiento gubernamental de la pandemia y 68,1% cuenta con las tres comidas, mientras el 29,2 % come dos veces al día y el 2,6%, una vez al día. Este reflejo local de la desigualdad y empobrecimiento (son cifras producidas el año pasado) en materia de la alimentación, es de lo que La Vía Campesina (LVC) viene denunciando sobre los acuerdos comerciales internacionales que incluyen la producción, distribución y comercio de alimentos de parte de las corporaciones internacionales y la Organización Mundial del Comercio que desembocan en el empobrecimiento de las comunidades rurales, envenenamiento del planeta y producción de comida que enferma al ser humano.

Como víctimas de esa realidad de hambruna injusta impuesta por las elites nacionales y mundiales, decidieron cocinar sus propios alimentos como si se tratara de una función específica dentro de una dinámica organizada y entrelazada con otras tareas fundamentales. Las OC, al igual que las Primeras Líneas, las Asambleas Populares, son hijas del Paro Nacional con muchos indicios de tornarse en procesos organizativos barriales, con ojalá, una proyección a largo plazo que contribuya al empoderamiento de las comunidades que quieren degustar un nuevo país.

Wilmar Harley Castillo Amorocho

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Wilmar Harley Castillo
Comunicador social, especialista en Política Pública para la Igualdad; comunicador de la Coordinadora Nacional Agrario de Colombia. Columnista y comunicador de ContraPunto
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