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miércoles, 28 de julio del 2021

Cinco meses después

El 24 de agosto la actividad económica quedará libre. No se trata de una reapertura económica inteligente, no habrá proceso regulado, de fases de reinicio de los negocios. El lunes tendremos una apertura económica total: el transporte público está listo, los trabajadores de la industria, el comercio y servicios van a reiniciar sus actividades “en base a sus protocolos”, de aquí en adelante, la prevención del contagio estará en las manos de todos.  Fueron cinco asfixiantes meses de encierro, no hay economía que aguante tanto tiempo: los costos del confinamiento son graves el PIB tiene una contracción de más del 8 %, la caída de  exportaciones es de un 23.6 %. Se han perdido alrededor de 220,000. empleos.

La situación fiscal del país es delicada:  El Salvador es el país más endeudado en la región y el que más ha aumentado el gasto público. En el futuro cada vez se tendrá que destinar más recursos para el pago de deuda, lo que dejará otras prioridades desatendidas.

Para el 70% de la Población Económicamente Activa que se encuentra en el sector informal, el dilema en estos meses ha sido "quedarse en casa o morir de hambre". A partir del lunes todos los trabajadores por cuenta propia estarán en la calle. La informalidad va a representar uno de los retos principales en el inicio de la apertura económica. Es difícil pensar que los protocolos de bioseguridad serán respetados completamente por estos segmentos vulnerables, pues si cumplir con las normas de distanciamiento social  les impiden vender, se van a saltar las normas de prevención.

La reapertura económica tiene otro desafío del que poco se habla en los medios de comunicación: ¿Quién va a ayudar a los niños para que haga las tareas, sigan las guías educativas, se conecten a Google Classroom y cumplan las obligaciones escolares?” mientras sus padres se reincorporan a sus empleos. Es necesario encontrar soluciones seguras y eficientes para esta problemática..

La reapertura no posibilitará la reactivación inmediata de la economía, es cierto que se le quitara el freno a la oferta: pero del lado de la demanda, las ventas no aumentaran de inmediato, la verdad es que el consumo de los hogares, está resentido no sólo por los más de cien días de confinamiento, sino también por el aumento del desempleo, y el temor al contagio; los ingresos de la población han disminuido sensiblemente.

Un aspecto dinamizador de la actividad económica, que es positivo, en este momento, es el ingreso de las remesas familiares que experimentó un fuerte aumento durante julio de este año al sumar $553.1 millones, esta cifra es la más alta que se registra en lo que va del año y significa $44.9 millones más de ingresos, comparado con los $508.2 millones que llegaron en junio de este mismo año. 

Es difícil proyectar si el aumento de las remesas se mantendrá de manera sostenida en el tiempo, pues depende de la economía de los Estados Unidos, del tiempo que demore en reactivar completamente su economía y recuperar el empleo de la comunidad salvadoreña.

Es perturbador, pero es una probabilidad real que al darse una  apertura económica libre, se pueda esperar que tengamos a mediados de septiembre un rebrote de covid-19. Las investigaciones académicas señalan que, al aplicar una metodología econométrica llamada modelos Probit, se encuentra una relación inversa entre la riqueza de los países y la probabilidad de un rebrote, es decir, a menos riqueza en un país más grande el riesgo de rebrote.

¿Nueva normalidad? No  nos quedemos a esperar pasivamente los resultados en la  salud y la economía que tendremos a mediados de septiembre, es indispensable que participemos como ciudadanos para que esta reapertura económica sea inteligente.

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