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viernes, 30 de julio del 2021

Charlando con un amigo chileno, en Colombia

Desde la imposición de la ley anti-terrorista en 2011, por medio del régimen de Piñera, no ha parado la intención genocida del Estado contra este pueblo indígena

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Me hice amigo de un chileno, estuvo de paso por Bogotá y nos tomamos algunas cervezas antes de su viaje a Cali, ciudad donde está viviendo hace un año. Con la ola de protestas masivas en su país, era imposible no tocarle el tema y porque no, entrevistarlo. Sin embargo, del levantamiento popular hay lluvias de información, así que aproveché que es de una parte de Chile donde se presentan otras protestas de otros actores sociales. Mi amigo es de Temuco, capital de la región de la Araucania, casa común del pueblo Mapuche.

Esta ciudad, se ubica al sur de Santiago. Es la capital de la provincia de Cautín y junto a la provincia Malleco conforman la región de La Araucanía. Este territorio se caracteriza por el conflicto entre el Estado, las multinacionales y los Mapuche (mapu signfica tierra y che, gente) cuyos orígenes se remontan a la llegada de los invasores españoles, pero debido a la fuerte resistencia indígena no pudieron avanzar más allá de los linderos de este pueblo. Sin embargo, en 1825 se hizo un acuerdo político para “pacíficar” a la Araucanía. Masacres, asesinatos, represión a los indígenas a tal punto que algunos fueron expuestos en zoológicos en Francia gracias a esta pacificación.

Me contaba mi amigo, no ha cambiado la historia de este conflicto y se acrecentó con la dictadura de pinocho en 1973. Como laboratorio de puesta en marcha del neoliberalismo en Nuestra América, el territorio mapuche no sufrió una suerte diferente a la privatización de las tierras a sangre y fuego, como una de muchas políticas impuestas por esta fórmula gringa, aplicada por el generalísimo gorila. Al llegar el final de la dictadura en los 90, trajo consigo el nacimiento de la Coordinadora Arauco-Malleco (CAM), única organización mapuche que defiende el territorio de forma beligerante.

Así es, esta iniciativa organizativa ha logrado parar el avance privatizador de las empresas del pino y eucalipto, quemando sus maquinarias y bodegas. Uno de los voceros o Werken (mensajero) es Hector Llaitul, quién con toda la claridad política e indígena ha denunciado las trampas jurídicas y persecuciones en este mismo ámbito del Estado chileno contra su pueblo, bajo presiones de las empresas forestales. A pesar de esa estrategia, continúan defendiendo lo que por historia les pertenece, el territorio.

Desde la imposición de la ley anti-terrorista en 2011, por medio del régimen de Piñera, no ha parado la intención genocida del Estado contra este pueblo indígena. Ya que con este marco normativo se criminaliza cualquier protesta mapuche desde 6 meses hasta 5 años de solo investigación para luego si imputar una condena que llega a los 14 años de prisión. El conflicto no ha sufrido ninguna transformación sustancial desde la invasión española. La presión del modelo privatizador y destructor de toda expresión de vida ha obligado a la CAM a resistir de manera beligerante, pero sin armas de fuego. A la par que sostienen sus comunidades, casas, Rewes (lugares de comunicación con la tierra), centros de salud con medicina ancestral, centros de formación propias, cultivos y toda una infraestrcutura mapuche en el corazón del monstruo privado y estatal.

De fondo, persiste la lucha porque la clase winka (blancos) en el poder gubernamental reconozca el carácter plurinacional que tiene Chile. Carácter transversal en Nuestra América y que gracias a las movilizaciones populares se dieron las experiencias de reconocimiento de ese carácter plurinacional en gobiernos como Bolivia y Ecuador antes de ser tumbados por la derecha criolla. En la República Bolivariana de Venezuela perdura ese reconocimiento y una sociedad consecuente con ello.

Ahora bien, seguirá siendo la movilización el arma legítima de los mapuche para llegar a ese reconocimiento no solamente de ellos sino del resto de pueblos indígenas en Chile, que conlleve naturalmente a otro tipo de sociedad. Por ahora, seguiremos siendo testigos de sus quemas, recuperaciones de tierra y defensa de su cosmovisión. Las cervezas estuvieron ricas, charlamos de otras cosas en Chile, ojalá esta vida nos deje encontrarnos nuevamente con ese nuevo amigo.

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Wilmar Harley Castillo
Comunicador social, especialista en Política Pública para la Igualdad; comunicador de la Coordinadora Nacional Agrario de Colombia. Columnista y comunicador de ContraPunto
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