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martes, 27 de julio del 2021

Centenario natal del Dr. Oswaldo Escobar Velado, poeta, abogado y gay

Este es un resumen de una biografía mucho más extensa que ha escrito Cañas Dinarte para tratar la vida y obra de este intelectual salvadoreño, ahora injustamente olvidado. Al final de este escrito incluyo una breve (como injusta) selección de sus poemas

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Oswaldo “Pipo” Escobar Velado nació en la ciudad de Santa Ana, el 11 de septiembre de 1919. Fue hijo del santaneco Simón Escobar Vides y de la dama sonsonateca María Velado de Escobar –fallecida en San Salvador, en mayo de 1959-, por cuya rama fue nieto y sobrino de los también escritores Calixto Velado y Francisco Herrera Velado.

Fueron sus hermanas Mema (de Memmer), Chalita (de Sequeiro), Gladis (de Boscaíno), mientras que su hermano fue Héctor.

Estudiante en el capitalino Externado de San José, tras su graduación como bachiller en Ciencias y Letras se hizo miembro del Casino Juvenil Salvadoreño, fundado el primer día de julio de 1936 y cuya sede funcionaba en el no. 4 de la cuarta calle oriente, en la ciudad de San Salvador. En 1939, fungió como secretario y encargado de extensión cultural de ese centro social, lo que le permitió desarrollar conferencias y recitales poéticos, en los que tomaron parte jóvenes intelectuales nacionales y guatemaltecos. Dos años más tarde, en julio de 1941, en ese lugar fue bailada la conga por primera vez en el territorio salvadoreño.

Matriculado en la Facultad de Jurisprudencia y Ciencias Sociales de la Universidad de El Salvador en 1937, desde este año se incorporó a las actividades de la Asociación Unionista Centroamericana (AUCA), fundada en la capital salvadoreña por Rogelio Herrera, quien se convirtió en presidente de los 16 socios de la entidad y quienes se reunían cada viernes, a partir de las 17:30 horas. El domingo 30 de enero de 1938, esta agrupación dio a conocer su periódico El unionista, con una plana editorial compuesta por Herrera como director, José Ríos Lazo como jefe de redacción y Reynaldo Galindo Pohl como administrador. Uno de los colaboradores activos de esa efímera publicación periódica fue Escobar Velado.

 Algunos poemas suyos fueron difundidos por Serafín Quiteño en las páginas editoriales del santaneco Diario de Occidente. Uno de ellos fue Canto a Santa Ana, dedicado a Quiteño y que fue publicado en la tercera página de la edición del jueves 7 de julio de 1938. Un mes más tarde, el jueves 11 de agosto, el diario capitalino La prensa le divulgó un comentario acerca del poemario Remanso de ensueño, publicado en 1935 por el escritor José Max Ramírez, oriundo de San Vicente.

El martes 28 de febrero de 1939, en compañía del joven intelectual migueleño Inocente Alvarenga h. (¿?-San Miguel, junio.1944) iniciaron los tirajes de la efímera revista capitalina Mikra. Desde esta época, fue un colaborador literario activo de la YSP -la primera radiodifusora privada del país, fundada el 27 de mayo de 1938, en interior del cuartel central de la Policía Nacional por Fernando Albayeros Sosa, campeón nacional de mecanografía en 1929- y de las revistas y periódicos Cipactly, La universidad, El Diario de Hoy, Vida universitaria, El líder –semanario capitalino que fundó con Cristóbal Humberto Ibarra-, Opinión estudiantil –de la que fue corredactor, en 1944, durante su octava época- y Tribuna libre.

A partir de las 20:00 horas del jueves 17 de agosto de 1939, el poeta guatemalteco Rodolfo Solares Gálvez ofreció un recital con entrada pagada en el Casino Juvenil de San Salvador. La presentación del escritor centroamericano estuvo a cargo del Dr. Escobar Velado.

El domingo 11 de febrero de 1940, en la casa de Mario Paredes, situada en el número 67 de la doce avenida norte, en la ciudad de San Salvador, tuvo lugar la primera reunión de un grupo de jóvenes escritores, pintores y músicos de El Salvador, con el fin de elaborar un plan conjunto de acción cultural, amparado tras el nombre grupal de Asociación de Intelectuales Jóvenes Salvadoreños, en la que se afiliaron Escobar Velado, Alberto Quinteros, Lilian Serpas, Elisa Huezo Paredes, Francisco Monterrosa Gavidia, Alfonso Morales, Rolando Velásquez, Lisandro Alfredo Suárez (1916-1951), Alma Paredes, Emma Posada, Berta Funes Peraza, Delia Imery y más. En la siguientes dos sesiones dominicales, desarrolladas en el mismo lugar el 18 y 25 de ese mes y año, el grupo llegó a la conclusión de que era necesario contar con una revista como medio impreso de difusión,  la cual fue bautizada como Hispanoamérica.

A mediados de febrero de 1940, el prolífico y joven poeta salvadoreño Joaquín González del Río anunció en los periódicos capitalinos que se encontraba en la fase de impresión su Antología de jóvenes salvadoreños, en la que había reunido textos en prosa y verso de Escobar Velado, Matilde Elena López, Emma Posada, Alfonso Morales, Manuel Aguilar Chávez, Elisa Huezo Paredes, Juanita Soriano, Lisandro Alfredo Suárez, Ricardo Trigueros de León, Antonio Gamero y muchos escritores y autoras más, hasta completar un volumen cercano a las doscientas páginas. Sin embargo, no hay certeza de que ese volumen haya sido finalmente impreso, pues no se ha localizado ningún ejemplar en bibliotecas y archivos del país o del extranjero.

El sábado 4 de mayo de 1940, el autor y varios de sus poemas fueron presentados por Juan Felipe Toruño en las páginas literarias del capitalino Diario Latino. Desde entonces, creció la difusión de sus versos en diversos periódicos y revistas del país, como el diario migueleño La nación, fundado el 2 de agosto de 1923 por Rubén Membreño y cuyos sucesivos directores -Ernesto Grimaldi e Inocente Alvarenga h.- le divulgaron los poemas Bola de humo, Sor Annette y Poema de tu desnudez inútil en sus respectivas ediciones del domingo 10 de marzo de 1940, miércoles 30 de julio de 1941 y jueves 9 de octubre de 1941.

De las 18:00 a las 19:00 horas del domingo 11 de agosto de 1940, compartió micrófonos con el poeta y diplomático chileno Juan Guzmán Cruchaga, pues ambos leyeron poemas como invitados del programa Hora cultural salvadoreña, dirigido desde la radio privada YSP por el profesor Adolfo de Jesús Márquez y el escritor ahuachapaneco Ricardo Trigueros de León.

El domingo 29 de junio de 1941, en la página 7, La Prensa Gráfica y la escritora Lydia Valiente de Mata presentaron varios poemas de Escobar Velado, entre las que se encontraban Sor Annette, Poema de tu desnudez inútil, Tú, Barrio, Poema de la madre y Radmila Peters. El escrito en prosa de Valiente de Mata al igual que algunos de los versos de Escobar Velado fueron luego criticados por Óscar Quinteros (La Prensa Gráfica, miércoles 2 de julio de 1941, pág. 5), cuyos conceptos fueron luego atacados por Valiente de Mata desde la página 5 del mismo diario capitalino, el sábado 5 de ese mes y año.

Con otros escritores y autoras, integró el Gruposéis (también denominado Grupo Seis, nombre que muchos autores han interpretado como las siglas del Grupo Social en Ideas Superiores), fundado en las instalaciones de El Diario de Hoy, en la mañana dominical del 11 de enero de 1942 y cuyas reuniones se efectuaban en restaurantes nocturnos y en la cafetería “Grano de oro”, en la ciudad de San Salvador. En una de sus primeras actividades públicas, esa agrupación literaria y antifascista inició, el 19 de enero de 1942, la publicación de una página cultural en Diario Latino, la cual mantuvieron de forma quincenal hasta mediados de abril de 1943. También realizaron un homenaje a la memoria del perseguido escritor europeo Stefan Zweig, en el que tomaron parte Escobar Velado, Antonio Gamero, Pilar Bolaños (de Carballo. Nacida en 1920, el lunes 25 de enero de 1943 se trasladó, por vía aérea, a San José, la capital de Costa Rica, donde finalizó sus estudios de Derecho, contrajo nupcias y se suicidó en 1961), Elba Cubas, Luis “Tito” Mejía Vides (casado con Elena Herrera Vega desde enero de 1942, fue padre de Luis Arturo –nacido en septiembre de 1944-, José, Carolina y María Elena. Falleció en San Salvador, el miércoles 27 de abril de 2005), Alfonso Morales Morales y Manuel Alonso Rodríguez, quienes disertaron y leyeron poemas ante los micrófonos de la radiodifusora privada YSP, el domingo 15 de marzo de 1942. Poco después, en la noche del miércoles 22 de abril, esa agrupación dio inicio al Centro Salvadoreño de Estudios, asentado en las instalaciones del colegio capitalino “García Flamenco”, donde las actividades fueron inauguradas con las intervenciones del periodista Alberto Quinteros h. (publicada en el semanario El mundo libre, San Salvador, año II, no. 52, 27 de abril de 1942, pág. 5) y del Dr. Humberto Díaz Casanueva (encargado de negocios de Chile, cuya charla mereció un artículo crítico de Jacinto Castellanos Rivas, publicado en La Prensa Gráfica, el viernes 1 de mayo de ese año). Después, allí tuvieron lugar varias charlas nocturnas, orientadas a temas filosóficos y poéticos (ej. Divagación sobre arte y artistas, por Claudia Lars, miércoles 13 de mayo de 1942). Desde mediados de diciembre de 1942, el Grupo promovió un concurso literario, el cual se vio frustrado a las pocas semanas de haber iniciado su difusión pública. Casi un año después, en abril de 1943, el Centro Salvadoreño de Estudios inició la publicación del semanario cultural Claridad, dirigido por el escritor y periodista Ramón Hernández Quintanilla y del que ha quedado constancia que aparecieron, cuando menos, dos números correlativos. A partir de las 19:30 horas del sábado 1 de mayo de 1943, en el salón de actos públicos de la Sociedad de Artesanos “El porvenir” (Santa Tecla) tuvo lugar un acto de lectura de poesía vanguardista salvadoreña, a cargo del poeta y declamador Rafael Villacorta Rivera, quien fue invitado por las personas integrantes del Gruposéis. Con cuatro números musicales ofrecidos por la Marimba Selecta, el evento contó con una charla introductoria de Juan Felipe Toruño (Lo que quiere el Gruposéis y síntesis expositiva de las tendencias de vanguardia) y la lectura de los poemas Canto a los vientres grávidos (Matilde Elena López), Lamentación del tiempo y Fragmento (Cristóbal Humberto Ibarra), Adolfo Hitler (Oswaldo Escobar Velado), Grito de la hora presente (Manuel Alonso Rodríguez), Mi cordillera (Carlos Lovato), Poema del soldado sin familia (Eduardo Menjívar), Monólogo frente a la mujer ciega y Encargo de un nuevo Cristo (Antonio Gamero).

En mayo de 1942 y como integrante del Gruposéis, Escobar Velado le cantó con su poesía a la Reina de la Loza, en San Juan Nonualco.

Durante algún tiempo, se desempeñó como juez de paz en Santa Rosa de Lima, en el oriental departamento salvadoreño de La Unión.

Como miembro del Subcomité de Estudiantes Universitarios Católicos -parte componente del Congreso Eucarístico Nacional, reunido en la capital salvadoreña con ocasión del primer centenario fundacional del obispado sansalvadoreño-, desde las 11:00 horas del miércoles 25 de noviembre de 1942 tuvo destacada participación en una sesión literario-musical de esa agrupación juvenil, en la cual también tomó parte Hugo Lindo. Como prosecretario de ese subcomité,  Escobar Velado leyó sus Poesías bíblicas.

En 1942, su hermano Héctor efectuó un viaje de negocios a Ecuador, en cuya ciudad de Guayaquil encargó a la impresora Emporio Gráfico la publicación del primer poemario de Oswaldo, cuyas 28 páginas llevaron por título Poemas con los ojos cerrados (título tomado de unos versos publicados en el número 36 de la revista semanal Centro América, divulgada el 9 de septiembre de 1940 dentro de las páginas de El Diario de Hoy). De vuelta en San Salvador, entregó la totalidad de los ejemplares a su bohemio hermano, quien obsequió o donó la mayor parte de ellos. Así, un ejemplar le fue entregado a Luis Gallegos Valdés, quien publicó un comentario elogioso en la página 14 de La Prensa Gráfica, el domingo 20 de diciembre de 1942, mientras que Ricardo Trigueros de León insinuó, en un artículo publicado por Diario nuevo, la existencia de posibles versos plagiados dentro de esa obra, señalamiento que fue cuestionado por René Ramos Solar desde La Prensa Gráfica (viernes 15 de enero de 1943, pág. 5). Uno de los comentarios más curiosos sobre ese primer poemario de Escobar Velado lo escribió el poeta sonsonateco Eduardo Menjívar desde su cama de asilado en el Hospital Rosales, el cual fue difundido por La Prensa Gráfica el domingo 7 de marzo de 1943. En la noche del miércoles 26 de mayo de 1943, la declamadora Olga André leyó diversos poemas de ese libro por medio de la señal internacional de la National Broadcasting Company (NBC), una cadena radiofónica establecida en la ciudad de New York (Estados Unidos). Cien ejemplares de Poemas con los ojos cerrados fueron donados por su autor a la institución nacional pro-infancia Cruz Blanca, con el propósito de que los fondos recaudados con su venta sirvieran para la realización del primer Congreso Nacional del Niño, desarrollado en la ciudad de San Salvador del viernes 5 al domingo 7 de noviembre de 1943. Muchos poemas de ese libro fueron reproducidos en diversos periódicos y revistas del país y de la región centroamericana, como el migueleño La nación, el santaneco Diario de occidente y el guatemalteco El imparcial. Veinte años después, en noviembre de 1963, uno de los ejemplares de ese poemario fue entregado por el poeta y periodista salvadoreño Luis Mejía Vides a la sede ecuatoriana del Centro Internacional de Estudios Superiores de Periodismo para América Latina (CIESPAL), durante un curso internacional de periodismo. Referencias sobre esa entrega se encuentran en el vespertino capitalino Tribuna libre, el viernes 13 de diciembre de 1963.

El 20 de diciembre de 1942, se salvó de la muerte por inmersión en la playa Los Blancos, departamento de La Paz, a la que había acudido como parte de una excursión de fin de año.

El sábado 9 de enero de 1943, Manuel Aguilar Chávez le publicó en Diario de Occidente su Poema en dos angustias a una ciudad lejana.

A inicios de la tercera semana de marzo de 1943, con José Eliseo Colorado, René Carmona, Eduardo González h., José Salvador Aguilar S., Fernando B. Castellanos, Carlos A. Barraza Sánchez y Rubén Ventura Gomar organizaron y pusieron en marcha un bufete jurídico popular, instalado en el número 49 de la calle Arce (San Salvador), donde estos estudiantes de quinto año de la carrera jurídica ofrecían consultas gratuitas y trámites legales a precios bajos, lo que les permitía cubrir los costos de funcionamiento del local.

Desde las 20:00 horas del lunes 6 de septiembre de 1943, tomó parte en un acto cultural desarrollado en el local central capitalino de la Sociedad de Obreros de El Salvador Federada, en el que ofreció la charla Walt Whitman y la democracia, mientras que el poeta Manuel Alonso Rodríguez leyó algunos fragmentos de su propio poemario Raíz hundida y Cristóbal Humberto Ibarra, por entonces estudiante universitario de ciencias médicas, leyó composiciones de otros jóvenes literatos salvadoreños.

A las 20:00 horas del miércoles 15 de septiembre de 1943, en el Club Excursionista Salvadoreño –situado en el no. 57 de la quinta calle oriente, en San Salvador-, el declamador y poeta Rafael Villacorta Rivera ofreció un recital, en el que incorporó poemas de varios miembros del Gruposéis, como Antonio Gamero (con su poema Encargo de un nuevo Cristo), Cristóbal Humberto Ibarra, Oswaldo Escobar Velado (con Adolfo Hitler), Manuel Alonso Rodríguez, Enrique Escobar  Homberger (cuentista) y otros.

Como resultado de una sesión desarrollada en la primera semana de octubre de 1943, el Comité de Escritores y Artistas Antifascistas sufrió una reorganización en s junta directiva, la cual pasó a estar integrada por Luis Mejía Vides (presidente), Alberto Quinteros h. (secretario), Luis Gallegos Valdés (protesorero), Oswaldo Escobar Velado (tesorero), Raúl Elías Reyes (primer vocal), Luis Rivas Cerros (segundo vocal) y Matilde Elena López (tercer vocal).

Junto con su madre –encargada de repartir volantes y manifiestos a las multitudes-, tomaron parte en las gestas cívico-militares de abril y mayo de 1944, que condujeron al derrocamiento de la dictadura del brigadier Maximiliano Hernández Martínez.

Desde el sábado 20 de mayo de 1944 y tras trece años de silencio obligado, fueron reanudadas las ediciones de Opinión estudiantil, órgano de la Asociación de Estudiantes Salvadoreños (AGEUS) que contó con una plana de redactores compuesta por Escobar Velado, Hugo Lindo, Cristóbal Humberto Ibarra, Francisco Monterrosa Gavidia y Manuel Alonso Rodríguez, mientras que la administración recayó sobre el guitarrista y futuro médico José Roberto Bracamonte Benedic. Desde ese medio, esos intelectuales tomaron posición política y desplegaron una fuerte actividad intelectual y política en contra de los despotismos y los totalitarismos mundiales y centroamericanos.

Al mediodía del martes 25 de julio de 1944, un jurado reunido en el capitalino Hotel Astoria y compuesto por el poeta, novelista, ensayista, médico y diplomático chileno Dr. Juan Marín (Talca, 23.marzo.1900-Viña del Mar, 10.febrero.1963), el profesor y escritor salvadoreño Salvador Cañas y Julio Noriega le otorgó la flor natural de la rama poética de los Juegos Florales organizados por la Universidad de El Salvador, por su trabajo Canto de libertad, presentado bajo el seudónimo “Bachiller libre”.

Desde la tercera semana de julio de 1944, tomó parte en las sesiones preparatorias y en el desarrollo del acto de homenaje para el impresor salvadoreño José Benjamín Cisneros p. (¿?-San Salvador, miércoles 18.mayo.1951), fundador de un importante taller tipográfico que imprimió hojas sueltas y materiales combativos contra diversos gobiernos salvadoreños, desde la época del Dr. Alfonso Quiñónez Molina hasta los trece años presidenciales del general Maximiliano Hernández Martínez, contra quien se integró a las labores de Acción Democrática Salvadoreña (San Salvador, 18 de septiembre de 1941) e imprimió y divulgó el llamado “manifiesto de los 300”, la proclama de los revolucionarios del 2 de abril de 1944 y diversas hojas distribuidos, de mano en mano, durante la “huelga de brazos caídos”. Motivada por Alberto Quinteros h. y José Quiteño desde La Prensa Gráfica (San Salvador, viernes 9 y lunes 19 de junio de 1944, págs. 3), esa iniciativa de homenaje fue apoyada por otros escritores, músicos y periodistas –como Manuel Aguilar Chávez, Miguel Ángel Espino, Alfonso Morales Morales, Oswaldo Escobar Velado, Jacinto Castellanos Rivas, Salvador Cañas, Abel Cuenca, José Quetglas, Alberto Quinteros h., Luis Mejía Vides, Julio Enrique Ávila y otros-. La entrega de ese diploma tuvo lugar a las 14:30 horas del viernes 15 de septiembre de 1944, en el salón de honor del capitalino Teatro Popular, ubicado en un predio al sureste de la plaza Libertad, que fue ocupado en la década siguiente por el Cine Libertad. En esa misma noche, Lars, Morales Morales, Castellanos Rivas y Espino tomaron parte en un programa cultural complementario a ese homenaje, el cual fue transmitido por la radioemisora capitalina YSO de las 20:30 a las 21:00 horas. Una vez adquirido por la Universidad de El Salvador, el taller tipográfico del señor Cisneros pasó a formar la parte inicial de la Editorial Universitaria.

Fue uno de los integrantes de la comisión que, a nombre del candidato Dr. Arturo Romero (por entonces interno en una clínica en Rochester, Estados Unidos), se presentó a las negociaciones entre los cinco aspirantes a la Presidencia de la República, efectuadas el miércoles 9, viernes 11, martes 22 y miércoles 30 de agosto de 1944, para crear un Frente Unido y barajar la posibilidad de presentar una candidatura unificada ante la población salvadoreña. Todos esos proyectos (que incluyeron la redacción de reglamentos, mecanismos de funcionamiento de un comité central y una junta de vigilancia de actividades político-electorales y hasta la firma de un documento conjunto) se vieron frustrados en octubre de 1944, con el derrocamiento del presidente provisional y general Andrés Ignacio Menéndez y el ascenso al poder ejecutivo nacional del coronel Osmín Aguirre y Salinas (San Miguel, 24.diciembre.1889-San Salvador, 12.julio.1977).

A partir del 29 de julio de 1944, asumió la dirección del naciente semanario Líder, órgano impreso del Frente Democrático Estudiantil que tenía a Cristóbal Humberto Ibarra como jefe de redacción. Esa organización y medio fueron fundados para darle apoyo electoral a la candidatura presidencial del médico Dr. Arturo Romero, considerado la máxima figura civil en la lucha contra la dictadura martinista y los intentos del ejército, en los meses siguientes, por volver a controlar el Poder Ejecutivo. Entre agosto y octubre de 1944, fue integrante del Partido Unión Demócrata (PUD) y miembro de la Junta de Vigilancia Electoral, en franco apoyo al Dr. Romero.

Su amplia labor política de 1944 provocó que, durante el golpe protagonizado en octubre por el coronel Osmín Aguirre y Salinas contra el régimen del general Andrés Ignacio Menéndez, Escobar Velado se asilara en la Legación de Perú en la capital salvadoreña, donde permaneció por varias semanas. Al final, su salvoconducto, fechado el 30 de noviembre de 1944 y suscrito por Ernesto Ulloa Morazán, un funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores de El Salvador, le permitió salir del país. Aunque dicho documento establecía que su destino sería Costa Rica, el intelectual se marchó hacia Guatemala, donde, en coautoría con Carlos Lovato, escribió y publicó el libro poético Rebelión en la sangre (1945). Además, el 30 de abril de 1945 fue uno de los fundadores de la asociación Estudiantes Salvadoreños Exiliados (ESE), cuya junta directiva estuvo compuesta por Salvador Vilanova (presidente), Oswaldo Escobar Velado (secretario), Pedro Abelardo Delgado (tesorero), Cristóbal Humberto Ibarra (segundo vocal y encargado de Propaganda y Prensa), etc.

Aunque fue uno de los amnistiados por el decreto general emitido por la Asamblea Legislativa de El Salvador, el miércoles 7 de marzo de 1945, el miércoles 30 de ese mes y año el diario santaneco El universal tuvo que denunciar que a Escobar Velado y a otros exiliados más –como el abogado Dr. Ángel Góchez Castro, el periodista Benjamín Guzmán (quien también solía firmar escritos bajo el alias “P. Ch.”, en alusión a la palabra peche, un salvadoreñismo de origen náhuat usado para denominar a una persona flaca o enfermiza), el estudiante universitario Thony Vassiliu Hidalgo, el obrero Daniel Castaneda, etc- se les estaba prohibiendo el retorno a suelo salvadoreño por parte de elementos conservadores del gobierno nacional. Ante esa presión y la del resto de medios del país, fue posible el progresivo regreso de muchos de esos expatriados.

De regreso en San Salvador, el domingo 29 de julio de 1945, su texto Treno al pueblo obtuvo el tercer premio de la rama poética en el concurso literario organizado por la Comisión de Cultura del Comité de Festejos Agostinos de San Salvador.

Desde el jueves 23 de agosto de 1945, en atención al ofrecimiento público que el aún bachiller Escobar Velado hiciera desde la portada de La Prensa Gráfica de ese día, fue aceptado como acusador particular de la Asociación General de Estudiantes de Ciencias y Letras de la Universidad de El Salvador para que, en unión  de los también bachilleres y estudiantes de Jurisprudencia Raúl Anaya y Amílcar Martínez, integraran la parte acusadora en todo el proceso contra el expolicía nacional Juan Arnoldo Baires Reyes, quien a las 11:00 horas del lunes 22 de octubre de 1945 fue condenado a dieciséis años de cárcel por el homicidio del joven José Wright Alcaine, hecho sangriento que desató la indignación popular que condujo a la “huelga de brazos caídos” y al derrocamiento del régimen del general Hernández Martínez, en mayo de 1944. La perorata legal vertida por Escobar Velado fue reproducida por el diario capitalino La Prensa Gráfica, en la portada del martes 23 de octubre de 1945. Tras ser derrotado en las diversas acciones legales emprendidas para que apelar y revisar su juicio, en la mañana del 10 de julio de 1946 Reyes Baires asesinó a Alicia Guevara Cativo, su compañera de vida, en el interior de la Penitenciaría Central (predio ahora ocupado por el Fondo Social para la Vivienda –FSV-, frente al costado oriental del parque Bolívar, en San Salvador). Al ser condenado a doce años más de prisión por ese nuevo crimen, tras el jurado desarrollado en la tarde del jueves 19 de agosto de 1948, el doble homicida pretendió quitarse su propia vida, hecho que terminó por hundirlo en la cárcel durante años, pese a la rebaja de pena (diez años y ocho meses) que le fue impuesta en febrero de 1949 por ese segundo asesinato.

A inicios de diciembre de 1945, Escobar Velado fue capturado por autoridades policiales salvadoreñas, que lo encarcelaron bajo las acusaciones de lanzar vivas a un excandidato presidencial y de ofender la dignidad del presidente y general Salvador Castaneda Castro, lo que supuestamente fue cometido por el intelectual mientras se encontraba bajo los efectos del alcohol. Tras ser presentado un recurso de exhibición personal (habeas corpus) ante la Corte Suprema de Justicia, la máxima entidad judicial del país nombró a un juez ejecutor, quien en su informe señaló la inexistencia de los delitos atribuidos al poeta y estudiante universitario, por lo que el martes 11 de ese mes y año fue puesto en libertad.

El diario gubernamental Mediodía (Guatemala, domingo 7 de abril de 1946, pág. 13), dirigido por el guatemalteco Eduardo Martínez Arenas y redactado por el hondureño Manuel Sevilla Oliva, le rindió un homenaje a los mártires salvadoreños del 2 de abril de 1944, mediante la difusión de poemas de Escobar Velado (Canto de libertad), Claudia Lars (Romance de los héroes sin nombre y Romance de Antonio Gavidia) y Hugo Lindo (Ha muerto un niño).

En mayo de 1946, Escobar Velado ingresó al cuerpo de redactores de diario La tribuna, donde uno de sus primeros reportajes fue publicado el domingo 9 de junio de 1946 y trató acerca de la tragedia humana vivida a diario en el hospital psiquiátrico capitalino Asilo Salvador (construido por el ingeniero mexicano Juan José Uribe, fue inaugurado en septiembre de 1917). A ese texto le siguieron otros estremecedores y de denuncia social, donde señaló las inverosímiles condiciones de vida del mesón “La bolsa” y de las cárceles de la ciudad capital. Además, el sábado 3 de agosto de 1946, uno de sus reportajes desató una serie de publicaciones y entrevistas en La tribuna y en Diario Latino, pues el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Dr. Félix Antonio Gómez, le afirmó que la lucha ciudadana contra Hernández Martínez (mayo de 1944) fue un simple “tumulto” y que el decreto denominado “de los tres poderes” –que devolvió el orden nacional con la puesta en vigencia del texto original de la Constitución de 1886- nunca tuvo vigencia legal. Esas declaraciones llegaron, incluso, a que el presidente y general Salvador Castaneda Castro vertiera sus propias opiniones al respecto y que decenas de abogados argumentaran a favor de la legalidad y civismo de ambos puntos históricos denostados. Además, eso motivó a varias movilizaciones estudiantiles y ciudadanas, que desfilaron por las calles de San Salvador y frente a la sede del máximo tribunal de justicia hasta que lograron la dimisión en pleno de sus integrantes, el viernes 23 de agosto de 1946.

En junio de 1946, a raíz de un cuestionario sobre un tema universitario entró en una acre polémica con los redactores de Opinión estudiantil, órgano de la Asociación General de Estudiantes Universitarios (AGEUS), la más fuerte agrupación estudiantil de la estatal universidad de El Salvador. Las opiniones vertidas a favor y en contra por los distintos medios lo llevaron a estar enfrentado con el rector de entonces, el Dr. Carlos Llerena.

En agosto de 1946, elementos uniformados de la Policía Nacional detuvieron por poco tiempo a Escobar Velado, en vías de investigación por sus actividades dentro de la redacción de La tribuna.

A las 16:00 horas del viernes 23 de agosto de 1946, en la tesorería de la Lotería Nacional de Beneficencia (LNB), con el Dr. Alberto Rivas Bonilla y los periodistas Ramón Pleités –director de La Prensa Gráfica– y José Rubén Saavedra integraron el jurado calificador de los trabajos presentados al certamen literario organizado desde marzo por la LNB, cuya máxima presea (consistente en 200 colones) le fue conferida al poema presentado bajo el seudónimo “Colibrí”, que correspondió a Primitivo Herrera, un poeta nacido en Santo Domingo, República Dominicana, en 1888 y que fue residente por décadas en San Salvador, donde publicó su obra El Salvador lírico (1934) y falleció, en 1953. La entrega de esos premios tuvo lugar a las 10:00 horas del domingo 1 de septiembre de ese año, en el quiosco del Parque Dueñas (ahora Plaza Libertad), luego del desarrollo de uno de los sorteos de esa institución gubernamental de beneficencia.

Tras la inestabilidad política generada por un movimiento golpista contra el presidente y general Salvador Castaneda Castro, el domingo 11 de agosto de 1946 el bachiller Escobar Velado fue capturado. Tras permanecer detenido durante varias semanas, a fines de septiembre de 1946 las autoridades salvadoreñas lo expulsaron hacia Nicaragua. Después, se marchó hacia la capital costarricense, en cuya Universidad de Santo Tomás se sometió a los dos exámenes privados de rigor (julio de 1946), defendió su tesis de graduación –titulada Una casa para los verdaderamente pobres. La habitación obrera en Costa Rica y El Salvador– y se doctoró en Jurisprudencia y Ciencias Sociales, el jueves 2 de octubre de 1947.

El diario Mediodía (Guatemala, domingo 10 de noviembre de 1946, pág. 15) divulgó su poema Romance de las dos mujeres –extraído de su poemario inédito En la edad de la sangre-, dedicado a la memoria de Adelina Suncín y Altagracia Kalil, asesinadas a balazos por las autoridades policiales salvadoreñas durante el breve período presidencial del coronel Osmín Aguirre y Salinas.

De vuelta en San Salvador en la primera semana de enero de 1948, se incorporó y legalizó su título en la Facultad de Jurisprudencia y Ciencias Sociales de la Universidad de El Salvador. Después, en la mañana del 15 de abril de ese año, fue sometido por la Corte Suprema de Justicia a sendos exámenes teórico y práctico de Derecho, por cuya defensa fue aprobado y felicitado por la totalidad del jurado evaluador.

El Dr. Escobar Velado abrió su bufete en la capital salvadoreña, sobre la primera calle oriente, entre la 8ª. y 10ª. avenida sur, a una cuadra de la fatídica “esquina de la muerte”, en las cercanías de la otrora Biblioteca Nacional, cuyo predio ahora está ocupado por un pequeño espacio municipal destinado a vendedoras capitalinas. En ese lugar de trabajo, en el Bar Lutecia (fundado en 1928 en la esquina norponiente de la plaza Morazán, hoy sucursal Centro del Banco de América Central/Credomatic) y la Cafetería “Doreña” (propiedad de la Compañía Salvadoreña del Café, estaba situada frente al céntrico parque Libertad. Reabrió sus operaciones el lunes 18 de mayo de 1959, en el antiguo local del Club Internacional, en el no. 127 de la segunda avenida sur, ocupado en la actualidad por una sucursal de Almacenes Prado-.Ese edificio fue destruido por el terremoto del 10 de octubre de 1986), era visitado de forma asidua por jóvenes escritores, atraídos por su fama como poeta y su conversación amable y estimulante, la que muchas veces terminaba con la ingestión de licores, que lo sumían en borracheras que duraban meses, hasta ser detenidas por su reclusión forzosa en su cuarto, en una celda de la Guardia Nacional o en una cama de hospital.

Para entonces, ya era conocida su homosexualidad, que lo llevaba a mantener vínculos muy estrechos con algunos jóvenes literatos o estudiantes universitarios, a los que solía presentar entre sus amigos como “sus secretarios”.

Incursionó de nuevo en activistas partidarias y proselitistas, gracias a las cuales les brindó su apoyo a varios generales como precandidatos presidenciales, lo que le generó algunas animadversiones y ataques en círculos sociales e intelectuales del país. Así, en el último trimestre de 1948 se unió al partido Unión Nacional y a su Unión de Prensa Espinolista, para apoyar la causa presidenciable del general Mauro Espínola Castro, ascendido a ese rango militar en julio de 1942 y quien ya se había desempeñado como segundo designado para la Presidencia de la República (marzo de 1945 y diciembre de 1947) y como ministro del Interior (octubre de 1946) y de Defensa Nacional y Seguridad Pública (febrero de 1948). A su servicio, el Dr. Escobar Velado se trasladó a diferentes poblaciones del país, en las que ofreció discursos políticos en parques y otros sitios públicos. Jubilado con 300 colones mensuales desde enero de 1946, las aspiraciones políticas del general Espínola Castro terminaron con la revolución del 14 de diciembre de 1948, cuando fue derrocado el general Salvador Castaneda Castro y el citado candidato se vio exiliado en Honduras y Estados Unidos, a cuyo retorno a San Salvador fue procesado y condenado en el Tribunal de Probidad por malversación de fondos públicos (octubre de 1950).

Por medio del acuerdo 151, emitido por el Poder Ejecutivo nacional el 30 de mayo de 1949, fue nombrado registrador de la Propiedad Raíz e Hipotecas de la Tercera Sección del Centro, con sede en la ciudad de Zacatecoluca, puesto que llegó a ocupar en sustitución del Dr. Cayetano Salegio.

En los días finales de enero de 1950, el Ministerio del Interior emitió una resolución favorable para que el Dr. Escobar Velado, Orlando Aníbal Bolaños (nombre verdadero del poeta Orlando Fresedo) y Enrique Escobar Homberger iniciaran las transmisiones diarias del radioperiódico vespertino Líder del aire, emitido desde la radioemisora capitalina YSC Radio 1025.

Entre 1950 y 1960 realizó diversas publicaciones en Diario del pueblo, un semanario dirigido y editado en la ciudad de San Miguel por el doctor Juan Díaz Lazo. 

En septiembre de 1951, su texto poético Biografía de la sangre rebelde mereció el tercer premio en los Juegos Florales de Quetzaltenango (Guatemala), lo cual le notificado mediante un telegrama que recibió en su bufete sansalvadoreño, el martes 11 de ese mes. Marchado hacia la ciudad altense el miércoles 12, la solemne ceremonia de premiación tuvo lugar en el Teatro Municipal, en horas nocturnas del jueves 13.

En la noche del domingo 27 de enero de 1952, en una ceremonia desarrollada en el parque “Rafael Campo” de la ciudad de Sonsonate le correspondió hacerle la salutación a Estela I, reina de las fiestas patronales de esa urbe occidental salvadoreña, quien le impuso una flor en la solapa al poeta, por haber ganado los juegos florales de ese año. Dos fotos de ese evento, que también contó con palabras de rigor a cargo de Manuel Aguilar Chávez, fueron publicadas el martes 29 en los diarios sansalvadoreños La nación y La Prensa Gráfica.

En la tarde del viernes 14 de marzo de 1952, medio centenar de intelectuales jóvenes del país se reunió en la casa capitalina del poeta y diputado Serafín Quiteño, con el fin de discutir la situación política contraria a las acciones gubernamentales dirigidas por el presidente Óscar Osorio y declararse militantes activos a favor de la revolución salvadoreña iniciada el 14 de diciembre de 1948. Así surgió la Asociación de Escritores y Artistas Revolucionarios de El Salvador, cuya junta directiva provisional fue formada por Ricardo Vides Siguí (presidente), Oswaldo Escobar Velado (secretario) y los vocales Waldo Chávez Velasco, Orlando Fresedo, Rosa Amelia Guzmán y otros. Pocas semanas después, esa agrupación trocó su nombre por el de Sociedad de Artistas y Escritores Jóvenes de El Salvador  (SAEJES).

El 4 de julio de 1952, el Dr. Escobar Velado notificó al Juzgado Segundo de Primera Instancia, con sede en la ciudad de San Salvador, su renuncia como acusador personal en contra del comerciante alemán Otto Karl Preiss, enjuiciado por su aparente participación material e intelectual en el asesinato de su esposa Clara Cortez de Preiss, un sonado caso ocurrido un par de años antes, en uno de los barrancos de la zona de Panchimalco.

El lunes 20 de octubre de 1952, recibió un telegrama en que se le informó que su libro Cristoamérica, formado por cinco poemas escritos a inicios de ese mismo año, resultó ser el máximo ganador de la rama poética del Certamen Nacional Permanente de Ciencias, Letras y Bellas Artes “15 de septiembre”, organizado por diversas entidades culturales en la capital guatemalteca. Este triunfo motivó a Guillermo Pineda Sol para realizarle una entrevista, la cual fue publicada en el diario capitalino Tribuna libre, el miércoles 29 de octubre de 1952. Imposibilitado para acudir a recoger su premio -consistente en 400 quetzales, pergamino y medalla de oro-, le fue entregado por el mayor Adolfo García Montenegro, embajador de Guatemala en la capital salvadoreña, en una ceremonia desarrollada en su residencia diplomática, en la noche del martes 28 de abril de 1953. En esa oportunidad, el vate salvadoreño leyó fragmentos de su trabajo ganador. Tras ofrecer otra entrevista para un redactor del diario capitalino Patria nueva (martes 28 de abril de 1953, pág. 3), al día siguiente ese mismo medio impreso divulgó, en su portada, una fotografía de la ceremonia de premiación. Inédito aun cuatro años después, ese poemario fue comentado de manera favorable por Roque Dalton García, en un escrito difundido por La Prensa Gráfica, el primer día de julio de 1956.

El domingo 8 de febrero de 1953, la sección literaria (página 9) del diario capitalino La Prensa Gráfica divulgó su cuento El que tenía miedo de perder la voz.

En abril de 1953, fue contratado como su defensor particular por José Luis Flores, uno de los tres acusados ante el Juzgado Cuarto de Primera Instancia de lo Criminal por la muerte de Alfredo Bonilla, quien en estado de ebriedad se les enfrentó al final de la capitalina sexta calle oriente, cerca de las bodegas del Banco Hipotecario.

Desde el martes 5 de mayo de 1953 y a lo largo de ese mes, divulgó una serie de reportajes en las páginas noticiosas de Patria nueva, en los que señaló el estado del material bibliográfico depositado en la Biblioteca Nacional, la ruina existente dentro de la Casa de los Juzgados capitalinos (lunes 11  y miércoles 27), motivó a imitar al pueblo mexicano y su Banco del Autor (miércoles 13) y entrevistó al escritor nacional Ricardo Martell Caminos (martes 19) y a la declamadora argentina Berta Singerman durante su tercera visita a El Salvador (viernes 29).

En los días finales de mayo de 1953, un joven poeta, armado con “un cuchillo de partir bocas” (botanas o entremeses), intentó atentar contra el literato y abogado mientras se encontraba en su despacho. El agresor no pudo completar sus propósitos, pues fue desarmado por varios clientes que se encontraban dentro del lugar. Así fueron narrados los hechos por el propio Dr. Escobar Velado, según consta en la breve noticia publicada en la portada del diario capitalino Tribuna libre, en la edición del sábado 30 de mayo de 1953. Tiempo después se sabría que el frustrado homicida era Orlando Fresedo y que el cuchillo lo había tomado de la cocina del pintor Camilo Minero (Zacatecoluca, 11.noviembre.1917-San Salvador, 06.mayo.2005).

El domingo 21 de junio de 1953, la página 14 de La Prensa Gráfica le divulgó su poema Canto al general Francisco, un emotivo homenaje poético a la memoria del general hondureño, expresidente y caudillo centroamericano Francisco Morazán.

El miércoles 24 de junio de 1953, José Figueres (San Ramón, Alajuela, 1906-Curridabat, San José, 1990), el nuevo presidente de Costa Rica (1953-1958, reelecto en 1970-1974), le contestó una carta que el Dr. Escobar Velado le remitiera varias semanas atrás, en la que le solicitaba su opinión sobre ciertos temas políticos de la coyuntura política centroamericana. Esa misiva fue reproducida en Patria nueva (San Salvador, viernes 10 de julio de 1953, pág. 5).

Por estas fechas, poemas suyos y de Mauricio de la Selva fueron escogidos para figurar en una Antología de poetas (Argentina. Editorial Toledo, 1953)

A mediados de julio de 1953, junto con Claudia Lars, Hugo Lindo, Manuel Aguilar Chávez y otros intelectuales dieron inicio a sus colaboraciones literarias en la revista capitalina Letras, dirigida por el poeta Manuel Alonso Rodríguez (Ahuachapán, 17.junio.1918-¿? Presidente del Gruposéis, comenzó a escribir desde mediados de la década de 1930, cuando estudiaba su bachillerato en Ciencias y Letras en el Liceo “Francisco Fernández” y en el Liceo de San Luis, situados respectivamente en las ciudades de Ahuachapán y Santa Ana. Doctor infieri en Jurisprudencia y Ciencias Sociales por la Universidad de El Salvador y diputado, fue autor de los poemarios Triángulo, Raíz hundida -San Salvador, Imprenta Funes, 1943- y Voz de la sangre –San Salvador, 1944, dedicado a las personas fallecidas durante los hechos violentos de abril y mayo de ese año-).

El domingo 20 de septiembre de 1953, desde la página 14 de la sección literaria de ese mismo medio impreso, difundió su Poema a mi don Alberto, una forma de homenaje personal para Masferrer. Además, el domingo 25 de octubre de 1953, en la página 13 de ese mismo rotativo le fue publicado Mi poema a Rubén Darío, trabajos que complementó con Mi poema a San Francisco de Asís, divulgado por esas páginas periodísticas, el domingo 3 de enero de 1954.

En su edición del domingo 28 de febrero de 1954, la página literaria del diario capitalino Tribuna libre presentó una caricatura anónima, de cuerpo entero, del Dr. Escobar Velado, la cual fue acompañada con el soneto Taza de café.

El jueves 4 de marzo de 1954, desde las páginas editoriales de La Prensa Gráfica le dirigió una carta pública al abogado Dr. Mario Castrillo Zeledón, con el fin de apoyarle su idea de honrar, de manera multitudinaria y pública, la memoria de los civiles y militares caídos durante el intento golpista del 2 de abril de 1944. Como parte de ese magno homenaje, el Dr. Escobar Velado escribió el poema Mural de abril, que fue acogido y difundido por ese mismo medio impreso, en la página 12 de su edición del domingo 4 de abril de ese año.

Al mediodía del sábado 24 de abril de 1954, en la Quinta “Aires de Panchimalco”, situada en los Planes de Renderos, fue una de las personas invitadas por María Luisa Zúniga al almuerzo de despedida de la escritora mexicana Margarita Paz Paredes (seudónimo de Margarita Camacho Baquedano, casada primero con el Lic. Rafael Paz Paredes, periodista y abogado mexicano, especialista en legislación aeronáutica-, nacida en San Felipe Torres Mochas, Guanajuato, 30.marzo.1922- México D. F., 22.mayo.1980). A ese ágape de despedida también asistieron otros personajes sociales y prominentes intelectuales hispanoamericanos, como Rafael Paz Paredes, Miguel Ángel Asturias y su esposa Blanca, Claudia Lars, Carlos Samayoa Chinchilla, Víctor M. Alemán y su esposa Trinidad, Alberto Ordóñez Argüello, José Jorge Laínez, Ricardo Trigueros de León, Luis Gallegos Valdés y otros. Gracias a sus conexiones con el mundo intelectual salvadoreño, a Paz Paredes le fue impreso su poemario Presagio en el viento (San Salvador, Departamento Editorial del Ministerio de Cultura, 1955, 101 págs.), ilustrado con un dibujo de su rostro hecho por el pintor Camilo Minero (Zacatecoluca, 11.noviembre.1917-San Salvador, 06.mayo.2005).

 A inicios de agosto de 1954, un jurado compuesto por María Loucel, Julio Enrique Ávila y Juan Felipe Toruño le otorgó el segundo premio poético de los Juegos Florales de San Salvador, cuya máxima presea fue declarada desierta por el jurado calificador. Su trabajo laureado, compuesto por seis sonetos, lo tituló En la patria del soneto y lo presentó escudado tras el seudónimo “Miguel Soneto Fuentes”. Gracias a ese galardón, tuvo ocasión de hacer la salutación para Ana María Sol Gamboa, la reina de los festejos agostinos cuya belleza elogió mediante tres sonetos, durante el acto de premiación desarrollado en el paraninfo de la Universidad de El Salvador, a partir de las 10:30 horas del miércoles 4. El mantenedor de esa justa literaria fue el escritor y diplomático salvadoreño Mario Hernández Aguirre, mientras que la comisión central de la misma, organizada por la municipalidad capitalina, estaba formada por María Loucel, Jorge Lardé y Larín, Francisco Espinosa, Alberto Rivas Bonilla, Julio Enrique Ávila, Luis Gallegos Valdés, José María Méndez, Manuel Andino, Raúl Contreras, Baudilio Torres y otras personas más. Sus poemas premiados fueron divulgados por la revista Síntesis, una publicación cultural de la Secretaría de Información de la Presidencia de la República, dirigida por Quino Caso.

El domingo 5 de septiembre de 1954, el Dr. Escobar Velado publicó en la página 13 de La Prensa Gráfica el breve artículo Jorge A. Cornejo: poeta del pueblo, en el que le recomendó a ese educador, escritor y crítico de arte que no le cantara a la rosa y no hiciera poesía pura, pues aquellos no eran tiempos más que para las letras con contenido y compromiso social. En octubre, ese trabajo fue reproducido por la revista Gaceta municipal, publicada por la Alcaldía de la ciudad de Usulután, en el departamento del mismo nombre, pero su contenido fue rechazado desde las páginas editoriales de La Prensa Gráfica por el Dr. Rodolfo Jiménez Barrios, el jueves 4 de noviembre de ese año.

El martes 12 de octubre de 1954, junto con intelectuales salvadoreños como el entonces bachiller, cuentista y poeta José Enrique Silva, el periodista Dagoberto Orrego Candray y otros suscribieron un telegrama urgente, que le fue dirigido al presidente hondureño Juan Manuel Gálvez para instarlo a respetar la decisión popular de ese pueblo centroamericano, que tras años de dictadura militar le otorgó el triunfo electoral al Partido Liberal y eligió como nuevo mandatario al médico Dr. Ramón Villeda y Morales (Ocotepeque, 1908-New York, 1971). El texto completo del telegrama fue reproducido al día siguiente en las páginas noticiosas de La Prensa Gráfica, en la ciudad de San Salvador. Pese a ese y otros llamados internacionales, el nuevo gobernante hondureño no fue ratificado por el Congreso Nacional de Diputados, por lo que asumió el poder el vicepresidente Julio Lozano Díaz (Tegucigalpa, 1885-Miami, Florida, 1957), quien, convertido en dictador desde diciembre de 1954, desterró al Dr. Villeda y Morales. Tras su retorno a suelo hondureño, a raíz del golpe del 21 de octubre de 1956, el Dr. Villeda y Morales volvió a ser electo en las urnas e inició un régimen de amplios beneficios sociales y de enfrentamiento con la oligarquía predominante, que lo derrocó mediante un movimiento militar, en octubre de 1963, encabezado por el entonces coronel Osvaldo López Arellano, bajo cuya presidencia (1965-1975) tendría lugar la guerra contra El Salvador.

En la página 12 del diario capitalino Patria nueva, el viernes 24 de diciembre de 1954, dio a conocer su cuento navideño Caballo de palo, lo cual mostró una faceta narrativa poco conocida de este escritor salvadoreño.

En los homenajes que se le rindieron a Alfredo Espino, entre el 16 y el 23 de enero de 1955, la AED-UES lo declaró "Hijo predilecto de la Facultad de Jurisprudencia y Ciencias Sociales" del Alma Mater nacional. En su memoria, tuvo lugar un recital poético a partir de las 20:00 horas del día 20, en el que intervinieron Julio Enrique Ávila, Luis Gallegos Valdés, Oswaldo Escobar Velado, Luis Villavicencio Olano y José Enrique Silva. El ensayo del Dr. Escobar Velado, titulado La personalidad de Alfredo Espino, fue leído por el Br. Mario Flores Macal, en ausencia de su autor. Bajo el título Alfredo Espino, poeta nacional de El Salvador, ese trabajo fue divulgado por la revista Síntesis, una publicación cultural de la Secretaría de Información de la Presidencia de la República, dirigidas ambas por Quino Caso (San Salvador, año I, no. 10, enero de 1955, págs. 27-34), de donde fue retomado por La universidad, revista institucional de la Universidad Nacional de El Salvador (San Salvador, nos. 1-4, año LXXXVII, enero-diciembre de 1962, págs. 113-121).

En febrero de 1955, se hizo acreedor a una mención de honor en la rama de poesía de los Juegos Florales convocados con motivo del centenario fundacional del departamento de Santa Ana. La ceremonia de premiación tuvo lugar desde las 20:45 horas del lunes 21, en la Gran Sala del Teatro Nacional de esa urbe occidental salvadoreña.

En mayo de 1955 dio a conocer su poemario Volcán en el tiempo, publicado por la Imprenta Nacional con el patrocinio del Departamento de Publicaciones e Información del Ministerio de Defensa (cartera gubernamental en la que laboraba desde 1952, a las órdenes de la Misión Cultural organizada para ofrecer servicios culturales a los cuarteles, guarniciones y destacamentos militares del país). En ese volumen, que fue ilustrado por Camilo Minero, su autor incluyó otros dos trabajos poéticos: su galardonado En la patria del soneto y el experimental A la orilla de los verbos inventados, en que “cieliza” y “manzaniza” a la realidad salvadoreña). Por estas mismas fechas, el bufete del abogado y escritor fue robado por personas desconocidas que, al cobijo de las horas nocturnas, se introdujeron y robaron poco más de quinientos colones en efectivo y algunos pocos objetos.

El martes 6 de noviembre de 1955, por invitación que le hiciera el Círculo Literario Universitario (CLU), intervino en un ciclo de conferencias y recitales desarrollado en el local capitalino de la Confederación de Obreros Salvadoreños. Como parte de esas actividades, el Dr. Escobar Velado disertó acerca de Angustias y esperanza revolucionaria en dos poetas jóvenes de la Universidad, que fue el preámbulo analítico del recital conjunto de Otto René Castillo y Roque Dalton García.

Desde febrero de 1956, el Dr. Escobar Velado colaboró con el coronel Rafael Carranza Amaya (nacido en Zacatecoluca, se retiró del ejército en mayo de 1956, tras 25 años y siete meses de servicio activo) en intentar hacerle realidad sus aspiraciones presidenciales como candidato de la coalición opositora, compuesta por el Partido Auténtico Constitucional (PAC, inscrito ante el Consejo Central de Elecciones el 22 de diciembre de 1955 y removido de las listas electorales por medio del acuerdo 35 del 2 de junio de 1960), el Partido Acción Nacional (PAN), el Partido Democrático Nacionalista (PDN) y el Partido Institucional Demócrata (PID). Este apoyo político para Carranza Amaya le valió votos de rechazo y censura al poeta y abogado, emitidos por el grueso de la intelectualidad nacional, afiliada entonces al triunfante y arrollador Partido Revolucionario de Unificación Democrática (PRUD).

Pese a esos votos de distanciamiento y crítica, el sábado 21 de julio de 1956, en la página 14 del diario sansalvadoreño El independiente –fundado y dirigido por el joven Jorge Pinto Meardi-, Roque Dalton García divulgó su artículo Dos poetas de Santa Ana, dedicado a analizar y elogiar los aportes literarios de Escobar Velado y Pedro Geoffroy Rivas.

Se desempeñó como empleado en los departamentos jurídicos del Ministerio de Defensa y de la Guardia Nacional. En esta última institución, se dio a la tarea de promover entre los elementos de tropa la formación de tríos y grupos musicales, uno de los cuales –después denominado Trío Armónico Santa Cruz- grabó un sencillo disco de 45 revoluciones por minuto, con las letras de sus poemas Machete estate en tu vaina y Ruego a la virgen de Fátima, ambos musicalizados por Carmelo Quintanilla. Ese acetato fue editado en México y puesto a la venta en El Salvador a partir de junio de 1956. El 16 de febrero de 1963, esa incursión en el mundo discográfico se vio complementada de forma póstuma, gracias al lanzamiento de un disco con poemas grabados por el propio Dr. Escobar Velado, en los estudios de Radio Nacional de El Salvador, en una sesión realizada en octubre de 1960.

En agosto de 1957, el jurado literario compuesto por Luis Gallegos Valdés, Juan Felipe Toruño y Alberto Rivas Bonilla le otorgó el segundo lugar de poesía –compartido con Orlando Fresedo- de los Juegos Florales Agostinos de la ciudad de San Salvador. El trabajo galardonado fue su poema El maíz, el hombre y don Alberto, dedicado a la vida y obra de Alberto Masferrer, el cual presentó amparado tras el seudónimo “Pepe Milpa”. Ese texto fue publicado por la Página de literatura de Tribuna libre, el domingo 11 de ese mes y año.

 Entre 1957 y septiembre de 1959 fue director de doce números de la revista literaria Gallo gris, fundada por él mismo y publicada en San Salvador. Entregada a la juventud nacional agrupada en la Asociación “5 de noviembre”, esta nueva dirección, encabezada por José Roberto Cea, logró editar cinco números más de esa revista. Bajo el sello editorial Gallo Gris, el Dr. Escobar Velado publicó varios libros de diversos poetas nacionales, entre los que se encontraban sus propios poemarios Cristoamérica (1959) y Cubamérica (1960). Años más tarde, el sábado 30 de agosto de 1975, el poeta Rafael Mendoza reproduciría el primer número de esa revista, mediante las páginas literarias del diario capitalino El mundo.

 El 14 de noviembre de 1957, un jurado compuesto por el salvadoreño Luis Gallegos Valdés, el guatemalteco Manuel José Arce y Valladares y el hondureño Eliseo Pérez Cadalso le confirió la flor natural y los 500 colones correspondientes a la máxima presea poética de los V Juegos Florales de la ciudad de San Miguel, convocados por la Sociedad de Profesores de Secundaria “Alberto Masferrer”. Escudado tras el seudónimo “Julio Sombra”, su trabajo ganador fue Tierra azul donde el venado cruza, que fue publicado -con algunos errores tipográficos y ortográficos- en el libro Juegos Florales de San Miguel 1956-1957 (San Miguel, Sociedad de Profesores de Secundaria “Alberto Masferrer”, ¿1958?, 70 pàgs.), junto con sus Coplas a manera de salutación para Nena I, la reina de esa justa literaria, cuya premiación tuvo lugar en el Teatro Nacional “Francisco Gavidia”. En esa ceremonia, donde la flor de oro y las cantidades en efectivo fueron donadas por las viudas de los doctores Atilio Peccorini y Ramón C. Giralt, el segundo premio le fue entregado a Canto al hombre futural –presentado por Armando López Muñoz bajo el alias “Ricardo Estévanez”-, mientras que sendas menciones honoríficas les fueron conferidas a Antífona de Paolo y Francesca y Ciudad de rosa y campana, presentados por “Oxil-Tla” y “Ezequiel”, correspondientes a los literatos Matilde Elena López y José Enrique Silva.

En la semana final de enero de 1958, su texto Amorosa canción a la ciudad de Sonsonate obtuvo el segundo premio en la rama de poesía de los Juegos Florales de esa localidad del occidente salvadoreño. El principal galardón de esa justa literaria lo obtuvo Exaltación fluvial de Sonsonate, del joven poeta Roberto Armijo, entonces de 21 años de edad.

Pocos días más tarde, el martes 11 de febrero de 1958, anunció en varios periódicos capitalinos que no haría la defensa judicial del periodista Dr. José Luis Salcedo Gallegos, procesado y encarcelado por supuestas injurias en contra del mandatario José María Lemus. Su decisión se basó en que el Juzgado Quinto de lo Penal, donde se ventilaba la escandalosa causa, no le había pedido su consentimiento previo para efectuar el referido nombramiento.

De forma sucesiva, residió en la avenida Barberena, en el barrio capitalino de San Jacinto, en el número 107 del último pasaje de la 9a. avenida sur (colonia Ferrocarril, San Salvador) y en el edificio Grosz, situado en la confluencia de la calle Arce y la 21ª. avenida sur. En horas del mediodía y luego de almorzar en el comedor Occidental –situado detrás de los talleres centrales del Grupo Didea-, solía sostener encuentros bohemios, literarios y políticos con José Roberto Cea, Alfonso Morales, Dagoberto Orrego Candray, Tirso Canales, Roberto Armijo, Manlio Argueta, Roque Dalton y otros escritores, periodistas y profesionales de distintas ramas laborales. Quizá inspirado por los resultados de esas tertulias, destinó algún tiempo a reflexionar en su propia actividad creadora, parte de lo cual dejó asentado en su artículo En torno a “Mi recuerdo de Miguel Hernández” (revista La universidad, San Salvador, año LXXXIII, nos. 3-4, julio-diciembre de 1958, págs. 263-268), donde analizó el proceso de creación de su poema con ese título.

En 1958, la radioemisora YSKL Radio Universal “La del sonido de oro” (760 kHz en amplitud modulada. Cofundada el 7 de mayo de 1956, por Rafael Orantes, Oscar Tario, Sigfrido Munés y Manuel Antonio Flores Barrera –San Salvador, 24.mayo.1923-3.febrero.2006-) dio a conocer el programa noticioso y crítico Mediodía, dirigido por Escobar Velado, el que contaba con reporteros como Dalton, Cea, Canales, Candray, José Napoleón Rodríguez Ruiz y Jorge Campos. Con transmisiones de lunes a viernes, de 12:00 a 12:30 horas, este programa emitía un suplemento cultural sabatino, titulado Antología de la palabra. Por el nivel crítico de sus emisiones en general, este espacio informativo y cultural fue censurado pocos meses más tarde por el régimen de José María Lemus y sus conductores fueron salvados de ser capturados por la policía gracias a una amplia manifestación popular, convocada por los propios locutores durante la última transmisión del programa.

 A fines de julio de 1958, un jurado compuesto por Luis Gallegos Valdés, Ricardo Martell Caminos y Pedro Geoffroy Rivas le otorgó el primer y tercer premios de los Juegos Florales de San Salvador a sus poemas Tekij y Jinete de América, los que sometió a concurso escudado bajo los alias “Vladimiro” y “Nicolás Tapia”. La ceremonia de premiación tuvo lugar en la noche del viernes 1 de agosto, ante una mesa de honor encabezada por la reina del evento cultural, Arely I, el presidente de la comisión organizadora, Dr. J. Antonio Pinto Lima, y el mantenedor de la justa, Br. José Enrique Silva. Al Dr. Escobar Velado le correspondió saludar a la soberana de la noche, ante quien leyó su Salutación junto a la patria, publicada por Tribuna libre en su Página de literatura del domingo 10 de agosto.

A mediados de septiembre de 1958, la asociación juvenil “5 de noviembre” le rindió homenaje a sus afiliados triunfadores en las justas literarias de San Salvador, Suchitoto y el certamen anual de la Asociación de Estudiantes de Derecho. Entre esos poetas triunfadores se encontraban Escobar Velado, Dalton, Armijo, López Muñoz y Cea. Durante la ceremonia, este último leyó sus sonetos Lejana cercanía y Victoria.

El viernes 5 de diciembre de 1958, el jurado compuesto por el Dr. Alberto Rivas Bonilla, Luis Gallegos Valdés y Juan Miguel Contreras anunció que su poema TV en frutas obtuvo el primer premio en los II Juegos Florales Dicembrinos de Nueva San Salvador. Durante el acto de premiación, efectuado en la noche del 20 de ese mes y año, le correspondió hacer la salutación a Dolores Porras, la reina de esa justa literaria, en la que el Dr. Escobar Velado se agenció 200 colones, una medalla y un diploma. El segundo premio, consistente en 100 colones, medalla y diploma, le fue otorgado a Roberto Armijo.

En la noche del viernes 30 de enero de 1959, durante una ceremonia desarrollada en el quiosco del parque “Rafael Campo”, en la ciudad occidental de Sonsonate, le fue entregado el tercer premio poético de los Juegos Florales anuales de esa cabecera departamental. El primer premio le fue conferido a Alfonso Morales por su Tentativa canción a Sonsonate, mientras que el segundo lo obtuvo Roberto Armijo por su Oda a Martí.

Entre abril y mayo de 1959 sufrió una severa crisis alcohólica, que hizo que su familia lo mantuviera en su residencia, encerrado bajo varias llaves y candados. Debido a que pronto circuló el rumor de que el poeta y abogado había sufrido un intento de suicidio, varios poetas jóvenes, impulsados por Pedro Geoffroy Rivas, se dieron cita ante su casa y escalaron el techo y penetraron al interior de la vivienda, donde verificaron el estado del poeta sobre su cama y lo proveyeron de algunas botellas de licor, para que pudiera superar la “goma” o estado posterior a una ingestión etílica, que sólo en la lengua castellana tiene más de 2500 formas de denominación. Estos hechos hicieron que algunos periódicos capitalinos difundieran, en tono sarcástico, que Escobar Velado se encontraba recluido en la redacción de su primera novela, que llevaría por título Siete candados y una llave.

En compañía de los poetas Tirso Canales, Julio Escamilla Saavedra (nacido en Verapaz, departamento de San Vicente, el 23 de diciembre de 1923, fue autor del poemario Semilleros de esperanza y de varias mociones culturales ante el pleno legislativo. Falleció en San Salvador, el domingo 27 de noviembre de 1978) y Agustín Martínez, el primer día de octubre de 1959 fundó una nueva empresa editorial y literaria: las Carpetas antológicas centroamericanas, publicadas en San Salvador por la editorial Serpentario S. A., dirigidas ambas por Escobar Velado. El primer número de esta colección poética, ilustrado por Héctor Rafael Ruiz, apareció al mes siguiente y constaba de varios poemas de Claudia Lars (Casa sobre tu pecho, Tres sonetos del arcángel –I, II y V-, La rosa, Este origen del mar y Dibujo de la fuga). Poco después apareció la segunda entrega de este nuevo sello editorial, la cual constaba de una muestra literaria del guatemalteco Miguel Ángel Asturias.

 El domingo 24 de enero de 1960, mediante la primera de las dos páginas literarias del diario progubernamental Tribuna libre anunció la pronta aparición de su poemario Elegía infinita, compuesto por diez poemas redactados con ocasión del venidero primer aniversario del fallecimiento de su progenitora. En esa edición periodística difundió los últimos dos poemas del conjunto, el cual no vio la luz editorial sino hasta dos años más tarde, de forma póstuma y entre las páginas del número 8 de la revista Vida universitaria.

Escribió y publicó otros poemarios, entre los que puede mencionarse a 10 sonetos para mil y más obreros (San Salvador, 1950), Árbol de lucha y esperanza (San Salvador, 1951), Tierra azul donde el venado cruza (San Miguel, 1959, obra ganadora de los Juegos Florales de esa ciudad del oriente salvadoreño) y Cuscatlán en T. V. (San Salvador, 1960, obra que triunfó en los Juegos Florales de Nueva San Salvador). Durante varios años, el Dr. Escobar Velado compiló, seleccionó y anotó la antología Puño y letra (San Salvador, Editorial Universitaria, 1959, 174 págs.), compuesta por copias facsimilares de poemas manuscritos, redactados por distintos autores y escritoras del país.

A fines de julio de 1960, fue el poeta encargado de hacerle la salutación de estilo a María Elena Aguilar Ávila, como parte del programa de su coronación como reina de los anuales festejos patronales de la ciudad de San Salvador.

Desde octubre de 1960 fue secretario de prensa de la efímera Junta de Gobierno Cívico-Militar (octubre de 1960-enero de 1961), que derrocó del poder a Lemus. Mediante el acuerdo ejecutivo no. 249, ese cuerpo colegiado y de facto lo nombró colaborador de su Secretaría General, con sueldo pagadero desde el 2 de diciembre de 1960.

Por esas fechas y debido a su condición de fumador empedernido, se le diagnosticó un cáncer terminal en la garganta. A fines de la segunda semana de enero de 1961, se marchó hacia Estados Unidos, lo cual fue señalado como “un viaje de negocios” por Tribuna libre en su edición del sábado 14. Tres días más tarde, ese mismo medio impreso rectificó su error y señaló que el intelectual iba enfermo de suma gravedad, por lo que, en los meses siguientes, fue sometido a varias intervenciones quirúrgicas, tratamientos de quimioterapia y a la extirpación de su lengua, todo efectuado en las localidades estadounidenses de Houston y Colorado Springs. Mientras se encontraba fuera del país, en la madrugada del 25 de enero, la Junta fue depuesta por un Directorio Cívico-Militar, que tomó la decisión de destituir al Dr. Escobar Velado de su cargo oficial y entregó sus funciones a otra persona, a partir del primer día de febrero. Sin embargo y debido a los altos costos de los tratamientos médicos a los que estaba siendo sometido, el intelectual solicitó y contó con la colaboración económica del Directorio.

Tres charlas suyas (En torno a Miguel Hernández, El gran presidiario Nazim Hikmet y Referencias sobre Gabriela Mistral) fueron reunidas bajo el título común Tres conferencias de Oswaldo Escobar Velado y publicadas en La universidad, revista institucional de la Universidad Nacional de El Salvador (San Salvador, nos. 1-2, año LXXXVI, enero-junio de 1961, págs. 145-164).


Retornado a la capital salvadoreña, a las 20:00 horas del viernes 21 de abril de 1961 le fue ofrecido un homenaje en el paraninfo de la Universidad de El Salvador, donde la presentación de estilo estuvo a cargo del secretario del Alma Mater, el poeta e historiador Dr. José Enrique Silva, mientras que el actor de teatro Emmanuel Jaén Escobar (San Miguel, El Salvador, 13.diciembre.1924-Managua, Nicaragua, 21.febrero.1982) realizó la lectura de los versos del homenajeado, quien no pudo asistir al acto, debido a una súbita recaída en su delicado estado de salud.

El 11 de mayo de 1961, la radiodifusora nacional argentina LRA transmitió el recital con que el poeta Dr. Gustavo García Garaví le rindió homenaje al Dr. Escobar Velado. En esa oportunidad, el intelectual suramericano elogió la poesía del salvadoreño y leyó los tres sonetos correspondientes a Cristo-maíz. Una síntesis de esas palabras fue ofrecida por Tribuna libre a su público lector, mediante las páginas literarias del domingo 18 de junio de 1961.

En sus últimos meses de vida, decidió ingresarse en el Hospital Psiquiátrico (antiguo Asilo Salvador, fundado el 6 de enero de 1928), donde fue cuidado y asistido por la trabajadora social Celia Trigueros –quien cobraba para él una modesta pensión mensual, otorgada por un benefactor anónimo-, para quien escribió la letra del Himno al trabajador social salvadoreño, manuscrito después en poder del escritor y catedrático universitario Francisco Andrés Escobar. En junio de 1961, el escritor y editor Ítalo López Vallecillos acudió a hacerle una visita, gracias a la cual pudo escuchar su lamento por no haber tenido los recursos económicos para continuar su tratamiento en Estados Unidos. Además, el joven pudo contemplar la miseria en la que se desenvolvía el intelectual en ese cuartucho, sobre cuya mesa de pino, entre medicinas, vasos, recetas médicas y monedas de cinco centavos de colón, se encontraban los últimos manuscritos del poeta, enrollados con un trozo de cuerda. De vez en cuando, el escritor y abogado realizaba periódicos paseos por el patio del nosocomio, para matar el aburrimiento, fumar un poco o aspirar aire puro.

Impactado por aquella realidad, López Vallecillos redactó una sentida crónica de esa visita, la cual difundió mediante el tiraje no. 2 de la segunda época de la revista Vida universitaria, de donde fue retomada por las páginas literarias de Tribuna libre, en las que apareció el domingo 25 de junio de ese año. Ese escrito traspasó las fronteras nacionales y causó honda impresión en los hombres y mujeres de la Asociación de Estudiantes de Humanidades de la Universidad de San Carlos (USAC, Guatemala), la cual, el 29 de junio, le remitió al poeta salvadoreño un mensaje solidario, suscrito por su presidente, Óscar Ernesto Carrera, y el cual fue difundido mediante las páginas literarias de Tribuna libre, el domingo 9 de julio.

El Dr. Escobar Velado falleció en su cuartucho de ese nosocomio capitalino, a las 07:15 horas del sábado 15 de julio de 1961. Sus restos mortales fueron velados en la casa de su hermano, el Dr. Héctor Escobar Velado (nacido un 12 de diciembre, con su bachillerato en Ciencias y Letras obtenido en el Instituto Nacional de San Salvador, el sábado 13 de octubre de 1920, se doctoró después en Química y Farmacia en la Universidad de El Salvador. Contrajo nupcias con Emely Contreras, el 27 de septiembre de 1939. Fueron padres de Eugenio -quien se casó con María Concepción Contreras y Contreras en el templo católico de La Asunción, colonia Flor Blanca, San Salvador, en la tarde del sábado 12 de octubre de 1963-, Héctor, Ana María –de Hannaux-, Ricardo Antonio, Julia Emely –casada con Drago Milovic-, Carmen Irene –casada con Miguel Eduardo Araujo Padilla- y Eduardo Rodolfo. Vinculado con actividades farmacéuticas industriales, el Dr. Escobar Velado falleció en la ciudad de San Salvador, el sábado 20 de mayo de 2006. Tras ser velado en el Parque Memorial Santa Elena, su cadáver recibió sepultura en el camposanto privado Jardines del Recuerdo). Esa residencia estaba situada en el número 515 de la 91 avenida norte, en la colonia Escalón de la ciudad capital.

Su entierro tuvo lugar a las 16:00 horas del domingo 16, en el Cementerio General de San Salvador, mientras en la ciudad circulaba la edición de Tribuna libre que honró su memoria con la publicación de prosas luctuosas redactadas por Roberto Armijo y Orlando Fresedo, quien también aportó un soneto para esa edición entristecida. Una semana más tarde, el domingo 23 de julio de 1961, Tribuna libre dedicó sus dos páginas literarias a honrar su memoria, para lo cual contó con las colaboraciones en prosa y verso de Matilde Elena López, Tirso Canales, Roberto Armijo, Eduardo Menjívar Rodríguez y Vicente Rosales y Rosales.

Poco antes de su muerte, varios poetas jóvenes fundaron el Círculo Cultural Universitario “Oswaldo Escobar Velado” (julio de 1961), que difundió un número de la revista Taztalut (San Salvador, octubre de 1961), imprimió varios cuadernos literarios, realizó recitales y libro-foros, distribuyó hojas volantes de poesía y promovió el Certamen Cultural Universitario (1961-1963), a la vez que sus integrantes aportaron materiales para diversos periódicos y revistas de tipo universitario, gremial y combativo. El primero de los cuadernos literarios del Círculo fue In memoriam: Oswaldo Escobar Velado (San Salvador, agosto de 1961), mediante el cual difundieron dos de sus poemas inéditos –Capitán de la patria y Nueva canción para Radmila Peters (anagrama ficticio, de elogio báquico, creado mediante la clave militar establecida desde el siglo XIX por el general y presidente salvadoreño Francisco Malespín)-, que fueron reproducidos por Tribuna libre el domingo 27 de agosto.

El sábado 5 de agosto de 1961, la primera de las dos entregas literarias de Tribuna libre acogió al sentido poema Introito, justificación, coloquios y responso jubiloso en la antología poética de Oswaldo Escobar Velado, redactado por su amigo Pedro Geoffroy Rivas, de quien el escritor fallecido siempre se consideró su discípulo espiritual. El sentimiento de esos versos hizo que Roberto Armijo rompiera el cerco de silencio que los jóvenes poetas nacionales habían tendido alrededor de Geoffroy Rivas y abordara la profundidad de su dolor en un artículo publicado el domingo 20. Incluso, ese intercambio de palabras y versos quizá haya servido para acercar de nuevo a los poetas distanciados, pues el lunes 18 de septiembre fue posible verlos departir juntos durante la fiesta del 151 aniversario de la independencia de Chile, organizada en la residencia del poeta y embajador chileno Juan Guzmán Cruchaga (Santiago, 25.marzo.1895-Viña del Mar, 21.julio.1979), como lo atestigua la fotografía publicada por Tribuna libre el miércoles 20 de septiembre.

Tres días antes, el domingo 17 de septiembre de 1961, la primera página literaria semanal de Tribuna libre divulgó el intenso poema Y apagará mi corazón, dedicado a Celia Trigueros y que fue presentado como el último escrito redactado por el vate desaparecido.

Pocos meses después de su muerte, su nombre fue usado para designar a uno de los premios poéticos del certamen literario anual convocado, en el ámbito centroamericano, por la Asociación de Estudiantes de Derecho (AED) de la Universidad de El Salvador.

En septiembre de 1961, en algunos periódicos capitalinos se dio a conocer que su hermano Héctor patrocinaría un grueso volumen con las Obras completas del poeta fenecido, prologadas por Claudia Lars y acompañadas por un retrato hecho por el entonces exiliado pintor Camilo Minero y con una portada diseñada por el caricaturista chalchuapaneco José Bernardo “Nando” Pacheco. Sin embargo, ese volumen no pasó de ser un proyecto.

Varios de los textos de sus Conferencias fueron reunidos y publicados por la revista La universidad, órgano oficial de la Universidad de El Salvador (San Salvador, año LXXXVI, no. 1, enero-junio de 1962).

A las 20:00 horas del viernes 30 de marzo de 1962, uno de sus poemas formó parte del programa ofrecido por la declamadora chilena Isolda Betina ante el público reunido en el paraninfo de la Universidad de El Salvador, ante el cual recitó textos de Gabriela Mistral, Pablo Neruda, José Coronel Urtecho, Nicolás Guillén, Walt Whitman y el sonsonateco Eduardo Menjívar.

A las 07:00 horas del miércoles 18 de julio de 1962, la juventud del partido político Acción Democrática (AD) ofreció una misa en el templo católico de San Francisco (7ª. calle oriente, San Salvador, hoy alameda “Juan Pablo II), en conmemoración del primer aniversario de la muerte del poeta, abogado y amigo.

A partir de las 09:00 horas del martes 11 de septiembre de 1962, su nombre fue empleado por las autoridades del Ministerio de Educación para bautizar a una escuela parvularia situada sobre la avenida “Juan Aberle”, en la capital salvadoreña.

El 16 de febrero de 1963, la Radio Nacional de El Salvador imprimió un disco basado en una grabación que el Dr. Escobar Velado hizo de varios de sus poemas, en octubre de 1960, en los estudios que para esos momentos estaban ubicados en el Teatro Nacional de San Salvador.

En marzo de 1963, en la Escuela de Varones “Tomás Medina”, situada en la ciudad de Santa Ana, se llevó a cabo una ceremonia solemne, mediante la cual la dirección de ese plantel educativo bautizó a su biblioteca y a sus distintos salones de clases. Para las aulas, fueron escogidos los nombres de importantes escritores y educadores nacionales, vivos y muertos, como el Dr. Escobar Velado, José Valdés, Francisco Gavidia, Alberto Masferrer,  José Antonio Martínez, Salarrué, Serafín Quiteño, Alfredo Espino, Arturo Ambrogi, Saúl Flores y Juan Ramón Uriarte.

Desde el sábado 16 de noviembre de 1963, el Dr. Geoffroy Rivas asumió la dirección del vespertino sansalvadoreño Tribuna libre. En uno de sus editoriales, publicado el jueves 28 de ese mes y año, ese poeta, antropólogo y periodista denunció que había fuertes motivos ideológicos en la decisión gubernamental para retrasar la edición de sendos poemarios de Escobar Velado y Roberto Armijo, entregados desde varios años atrás al Departamento General de Publicaciones del Ministerio de Educación.

En octubre de 1964, el escritor, periodista y diplomático salvadoreño Cristóbal Humberto Ibarra fue recibido por la Sociedad de Escritores de Chile, ante cuyos miembros disertó acerca de Las cuatro cimas poéticas del vivir creador de El Salvador, donde analizó las vidas y obras de Escobar Velado, Francisco Gavidia, Arturo Ambrogi y Alfredo Espino.

Entre marzo de 1966 y diciembre de 1968, varios de sus trabajos poéticos (Muestrario de Cuscatlán, Mural de abril y El principio de autoridad me asiste) fueron difundidos desde la Universidad de El Salvador por el colectivo editor del periódico La pájara pinta.

 Para llenar el vacío intelectual dejado por sus frustradas Obras completas, hubo que esperar otras compilaciones y antologías póstumas, entre las que se destacan Poemas escogidos (antología prologada por Matilde Elena López e ilustrada con un grabado de Camilo Minero, San Salvador, Editorial Universitaria, 1967, 200 págs.), Patria exacta y otros poemas (compilación de poemas dispersos, selección de obra publicada, prólogo y notas de Ítalo López Vallecillos, San Salvador, UCA Editores, 1978. Hasta el año 2002, este libro había merecido siete reimpresiones en la misma casa editorial) y Tierra azul donde el venado cruza (antología, con selección y prólogo de José Roberto Cea, San Salvador, DPI-CONCULTURA, 1997). Algunos poemas suyos figuran también en la compilación Con la cruz a cuestas: cinco voces poéticas (San Salvador, La hora cero, 1977).

En 1969, el narrador, periodista y poeta salvadoreño Cristóbal Humberto Ibarra (1920-1988) presentó su Elegía para Oswaldo Escobar Velado, con la cual obtuvo un galardón poético en la II Olimpíada Cultural de la ciudad de Santa Ana. 

El escritor y catedrático Francisco Andrés Escobar realizó un primer acercamiento académico a la biografía y quehacer literario de este autor nacional, ámbitos que abordó en su tesis Lectura poética de la realidad política: introducción a la vida y obra de Oswaldo Escobar Velado (San Salvador, Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas”, 1987, 225 págs.), aunque también dedicó varios artículos sucesivos a su poemario Elegía infinita, divulgados hacia mediados de la década de 1980 por el capitalino Diario Latino.

Inspirados por el título de uno de sus poemas más conocidos, los jóvenes poetas Roberto Armijo, Tirso Canales, Jorge Campos y otros, crearon el Frente Cultural Universitario “Tekij”. La primera actividad pública de esta nueva como efímera agrupación cultural fue desarrollada a las 16:00 horas del sábado 18 de noviembre de 1961, en el Paraninfo de la Universidad de El Salvador, con un recital y homenaje para “Pipo” Escobar Velado y el también poeta Vicente Rosales y Rosales. En esa ocasión, Canales leyó el Manifiesto estético de esa agrupación (divulgado por las páginas literarias de Tribuna libre, el domingo 3 de diciembre de 1961), mientras que Armijo dio lectura a un poema suyo con igual título.

En 1971, “Tekij-Sonoro pez del bosque” fue el término empleado por la Dirección de Publicaciones del Ministerio de Educación para denominar a una de sus colecciones bibliográficas de poesía.

En marzo de 1973, el escritor y promotor cultural Roberto Monterrosa comenzó la publicación del cuaderno literario Tekij. Sonoro pez del bosque, en el que colaboraron Alfonso Quijada Urías, David Escobar Galindo, Roberto Armijo, Rolando Costa, Armando Solís y otros escritores y pintores más.

En 1974, un grupo de jóvenes pintores y escultores empleó el nombre “Tekij” para identificarse, a la vez que la Asociación de Estudiantes de Derecho de la Universidad de El Salvador convocó a una nueva edición del Torneo Cultural Estudiantil Centroamericano, denominada “Oswaldo Escobar Velado”.

Catorce años más tarde, apareció una compilación de algunos de sus poemas, titulada Izbrannoe, cuya edición y traducción al ruso estuvo a cargo de Vladimir Maksimov (Moscú, Molodaia gvardiia, 1988,  62 págs.).

 Durante los años de la más reciente guerra salvadoreña (1979-1992), uno de sus más conocidos sonetos, Regalo para el niño, fue adaptado y musicalizado por el grupo musical Yolocamba I Ta (cuyo nombre indígena significa “la revolución de la siembra”, fundado en San Salvador, en 1975), que lo incorporó en su primer disco de larga duración, titulado El Salvador. Su canto, su lucha y su victoria amaneciendo (1980), de donde fue retomado por el ya desaparecido grupo musical universitario Güinama, compuesto casi en su totalidad por estudiantes de psicología de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA). A inicios del siglo XXI, otros poemas suyos fueron convertidos en canciones en el álbum Reciclando razones (2001), del guitarrista y cantante salvadoreño Ernie Di Ascenzione, quien contó con la colaboración del compatriota Roberto Alfaro.

A fines de la década de 1980, un grupo de estudiantes de la licenciatura en Letras de la Facultad de ciencias y Humanidades de la Universidad de El Salvador dieron vida al taller literario Patriaexacta, que mantuvo una página de divulgación semanal en el suplemento cultural sabatino Tres mil, fundado en el diario capitalino Co-Latino el 23 de marzo de 1990 y que, quince años más tarde, aún existe.

Entre los más recientes estudios de su obra literaria se destaca el de la catedrática Marta Umanzor, titulado Las edades en la poética de Oswaldo Escobar Velado y mi propia experiencia política en El Salvador, el cual fue presentado como ponencia en el Sixth Annual Hispanic Forum, organizado en septiembre de 1999 por el Department of Romance Languages y el Latin American Studies Program –ambos pertenecientes a la University of Vermont (Burlington, Estados Unidos)-, en conjunto con La Casa Hispánica.

Su poema Patria sin ti –publicado por la revista La universidad (Universidad de El Salvador, San Salvador, año LXXXV, nos. 1-2, enero-junio de 1960, págs. 345-349)- fue musicalizado y cantado por Carlos Efraín “Payín” Moreno –exintegrante del grupo salvadoreño “Los vikings”, en las décadas de 1960 y 1970-, quien lo incluyó en su disco compacto Ay, mi pobre corazón (México D. F., Consejo Nacional para la Cultura y las Artes-CONACULTA, 2003).

—————


REGALO PARA EL NIÑO

 

Te regalo una paz iluminada.

Un racimo de paz y de gorriones.

Una Holanda de mieses aromada.

Y California de melocotones.

 

Un Asia sin Corea ensangrentada.

Una Corea en flor, otra en botones.

Una América en frutos sazonada.

Y un mundo con azúcar de melones,

 

Te regalo la paz y su flor pura.

Te regalo un clavel meditabundo

para tu blanca mano de criatura.

 

Y en tu sueño, que tiembla estremecido,

hoy te dejo la paz sobre tu mundo

de niño, por la muerte sorprendido.

 

 

PATRIA EXACTA

 

Esta es mi Patria:

un montón de hombres; millones

de hombres; un panal de hombres

que no saben siquiera

de donde viene el semen

de sus vidas

intensamente amargas.

 

Esta es mi Patria:

un río de dolor que va en camisa

y un puño de ladrones

asaltando

en pleno día

la sangre de los pobres.

Cada Gerente de las Compañías

es un pirata a sueldo; cada

Ministerio del Gobierno Democrático

un demagogo

que hace discursos y que el pueblo

apenas los entiende.

 

Ayer oí decir a uno de esos técnicos

expertos en cuestiones

económicas; que todo

marcha bien; que las divisas

en oro de la patria

iluminan las noches

de Washington; que nuestro crédito

es maravilloso; que la balanza

comercial es favorable; que el precio

del café se mantendrá

como un águila ascendiendo y que somos

feliz que vive y canta.

 

Así marcha y camina la mentira entre nosotros.

Así las actitudes de los irresponsables.

Y así el mundo ficticio donde cantan

como canarios tísicos,

tres o cuatro poetas,

empleados del Gobierno.

 

Digan, griten, poetas del alpiste.

Digan la verdad que nos asedia.

Digan que somos un pueblo desnutrido.

Que la leche y la carne se la reparten

entre ustedes

después que se han hartado

los dirigentes de la cosa pública.

 

Digan que el rábano no llega

hasta las mesas pobres; que diariamente

mueren cientos sin asistencia médica

y que hay mujeres que dejan

la uva de su vientre

a plena flor de calle.

 

Digan que somos lo que somos

un pueblo doloroso,

un pueblo analfabeto,

desnutrido y sin embargo fuerte

porque otro pueblo ya se habría muerto.

 

Digan que somos, eso sí, un pueblo excepcional

que ama la libertad muy a pesar del hambre

en que agoniza.

Yo grito, afirmo y aseguro:

En todas partes donde vivo, el cerro.

En todas partes donde canto, el hambre

El hambre y el dolor junto a los hombres.

La miseria golpeándoles la vida

hasta quebrar el barro más cocido del alma.

 

Y a esto, amigo, se le llama Patria

y se le canta un himno

y hablamos de ella como cosa suave,

como dulce tierra

a la que hay que entregar el corazón hasta la muerte.

Mientras tanto al occidente de la casa que ocupo

hay una imagen encaramada en el mundo

(¡mayor razón para que viera claro!)

y allá junto a sus pies de frío mármol

una colonia alegre

se va en las tardes

cantando, a los cinemas

 

Bajo la sombra de "El Salvador del Mundo"

se mira el rostro de los explotadores.

Sus grandes residencias con sus ventanas que cantan.

La noche iluminada para besar en Cadillac

a una muchacha rubia.

 

Allá en el rostro de la Patria, un gran dolor

nocturno: allá y yo con ellos, están los explotados.

Los que nada tenemos como no sea un grito

universal y alto para espantar la noche.

 

Allá las mesa de pino; las paredes

húmedas; las pestañas de las tristes candelas;

la orilla de un marco de retrato

apolillado; los porrones

donde el agua canta; la cómoda

donde se guardan las boletas

de empeño; las desesperadas

camisas; el escaso pan junto a los lunes

huérfanos de horizontes; el correr

de los amargos días ; las casas

donde el desahucio llega y los muebles

se quedan en la calle

mientras los niños y las madres lloran.

 

Allá en todo esto, junto a todo esto,

como brasa mi corazón

denuncia al apretado mundo

la desolada habitación del hombre que sostiene

el humo de las fábricas.

 

Esta es la realidad.

 

Esta es Mi Patria: 14 explotadores

y millones que mueren sin sangre en las entrañas.

 

Esta es la realidad.

 

Yo no callo aunque me cueste el alma!

 

 

CRISTOAMÉRICA

 

Venid a ver conmigo

Este mapa de mi tierra sulfurosa y volcánica.

Venid a ver este dolor que estalla

Aprisionado entre sus dos océanos.

El mapa aquí lo tengo.

Fijaos bien en esta mano simple que señala.

En esta mano de hombre sin anillos papeles.

Voy a tocar a un Cristo.

Sí. Sí, aquí está.

Su cabeza herida en la llanura de México,

Su corona de espinas formada

Con los niños héroes

De la bandera tricolor

Del águila, la tuna y la serpiente.

Venid a ver mi mapa desgarrado.

Ved el cuerpo del Cristo y sus venas azules.

El Suchiate le ofrece una esponja con agua

Y una mano le quita la bondad de ese gesto

Tan fluvial y tan alto.

Para su sed, Belice.

Ved el cuerpo del Cristo y sus venas azules.

En el Petén hay llagas con olor a madera.

Ved su brazo derecho clavado en Tiquisate.

Mirad el otro brazo moribundo en honduras

Sobre la Costa Norte.

Venid a ver, que Nicaragua entera

Es un lanzazo abierto

En el desnudo pecho

Del Cristo que os indico.

Ved como el Cristo al firmamento mira,

Y oíd cómo  sus labios marchitados balbucen:

“No los perdones, Sandino,

Porque Ellos,

Sí saben lo que hacen”.

Mirad los cárdenos golpes en su pecho;

Aquí está en Venezuela

Donde el petróleo es una vasta sombra;

La carne magullada tiembla debajo de los Andes.

Sangran las minas de Perú y Colombia.

El Amazonas llora su lágrima selvática

Y cae, en medio, de la noche de América.

Grita Cuba con voz azucarada:

Su miel es sangre de vegetal campana

Que golpea el anillo del mar en que reposa.

El cocodrilo suelta su magnolia en el río

Y el violín de los peces se desnuda en el agua,

Y una rosa silvestre de las costas de Chile

Llora junto al estambre salado del nitrato.

¡Desgarrado está el cuerpo!

Seguid mi mano simple sin anillos papeles;

Ved aquí en Panamá las carnes mutiladas,

Las oceánicas rosas golpeando su cintura.

¡Desgarrado está el cuerpo!

¡Desgarrado en Colombia!

En Paraguay las llagas iluminan la noche.

En Puerto Rico un hombre medita en una cárcel

Y en Brasil otro hombre regala su ceniza.

¡Desgarrado está el cuerpo!

¡Mirad sus pies helados

Clavados en la Antártica!

En Perú los sonámbulos metales resuenan

Como huesos quebrados

Y en la pampa argentina hay temblor de caballos

Por el Cristo del mapa.

Este Cristo sangrante que mi mano señala

Se llama Cristoamérica.

La piedra de su Iglesia se levanta en Bolívar.

Morazán sostiene su bandera de siglos

Y en su coro de niños su mineral estatua

Nos abre su esperanza.

Cristoamérica que estás en el pueblo,

Que estás en el niño, en el pan y en la uva

Esperamos que tú resucites

El día tercero.

 

 

ESTÁS CON NOSOTROS

 

En la cabeza india de Francisco Gavidia             

Estás volcán perenne como una estrella clara.       

En cada poeta nuestro regalas tu ceniza.            

En Masferrer nos diste tu sangre y tu doctrina,     

Tu ramo de paciencia y tu águila que nutre.         

                                                    

Trompetería cósmica para Rubén Darío,               

Arcangélica llama de su Marcha Triunfal.            

                                                    

Hermano de los Andes.                               

Nieto del ventisquero.                              

Abuelo de la noche, equinoccial campana.            

                                                    

Padre de los poetas, huracán de sus cantos.         

Águila que en mi verso sacude sus dos alas.         

                                                    

Préstame tu gran furor nocturno                     

Y la orquídea de sangre que levanta tu llama.       

                                                     

Quiero que el mundo sepa que llevo en la solapa     

La flor que besa al cielo en las noches de América!

 

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Carlos Cañas Dinarte
Historiador, escritor e investigador salvadoreño, residente en España. Experto en temas centroamericanos, columnista de ContraPunto
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