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miércoles, 28 de julio del 2021

Camino hacia los dioses

Mi abuelo habí­a sido el jefe miliar máximo de mi etnia indí­gena, en su vida ganó dos guerras: la primera contra los Quiché y la segunda contra los chorotegas; era un perí­odo histórico en que se perdió la estabilidad de los asentamientos de las etnias autóctonas en la mayor parte de lo que ahora es Centroamérica.

No se las razones por las cuales mi abuelo me escogió para educarme en su casa, posiblemente porque ninguno de los hijos habí­a tenido el valor necesario para ser militar. Mi abuelo y varios de sus asesores militares me contaron en detalle como habí­an sido esas dos guerras, la primera con una duración de aproximadamente seis semanas y la segunda de sólo dos dí­as, pero así­ también otra decena de batallas en que habí­a participado mi etnia como aliado.

Mi abuelo y mi abuela descubrieron en mi un gran potencial para ser guerrero o para sacerdote, el primero me amenazó con eliminar su apoyo familiar si yo me dedicaba a sacerdote, entonces mi niñez y adolescencia la pasé jugando de darnos verga, sin importar los daños corporales que nos hicieran los contendientes. El sacerdote mayor de mi etnia. tení­a la esperanza de que yo dedicara mi vida a relacionarme con los dioses, habí­a descubierto mi capacidad de comunicarme con los muertos y de leer el pensamiento de algunas personas adultas.

Cuando se empezó a discutir los tributos de maí­z, pescado seco, alguashte y esclavos que estaban cobrando los aztecas de la zona de Yucatán, así­ como la prohibición de hacer la guerra a pueblos vecinos para obtener tributos. El gran jefe, con el consejo de sus asesores militares y sacerdotes habí­a llegado a la conclusión que la guerra era inevitable, tres meses antes se les mandó a decir a los aztecas para que se prepararán, porque si se hacia la guerra en base a la sorpresa se enojaban los dioses.

Yo tení­a catorce años y en tan pocos meses era imposible que me prepararan para ser un jefe militar, así­ que me capacitaron como guerrero a ser sacrificado para que los dioses se pusieran de nuestro lado. Me hicieron un repaso histórico de cuales eran los principales dioses, como se habí­a  creado el hombre de maí­z, como se habí­an desarrollado y migrado las etnias existentes en lo que hoy es el sur de los EEUU, México y los tres paí­ses del llamado triángulo norte de Centroamérica; así­ como los bailes y cantos que deberí­a ejecutar una vez que hubiere sido sacrificado para caerle bien a los dioses.

Tení­a una novia, de buena familia, de las que viven cerca de la pirámide mayor y tienen servicio de agua potable (mediante canales que bajan de los arroyos en las tierras altas). Mi abuelo previendo que ella podrí­a hacerme desistir de ser sacrificado, la mandó a envenenar dos meses antes de la guerra, eso me dio mucho deseo de ser sacrificado.

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