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jueves, 28 de octubre del 2021

Cambio de gobierno: Desempleo y huesos …

14 Ministerios y sus Viceministerios, 7 Secretarí­as presidenciales, Servicio exterior en más de 40 paí­ses, 65 oficinas de Autónomas, Direcciones, Institutos, Fondos, pueden representar entre 2 mil o 3 mil puestos de confianza. Este dato tiene dos puntos de vista: Nuevos desempleados o nuevas oportunidades. A raí­z de lo anterior, el cambio de gobierno ha generado mucho estrés, ansiedades, nuevos sindicatos y nombramientos exprés; algo vergonzoso…

¿Para dónde van los nuevos desempleados, o de dónde vienen los nuevos inquilinos del gobierno? Es una pregunta interesante. Pero antes de responder, debemos saber que el “servicio público a nivel gerencial” es un trabajo precario o de corto plazo –para 5 años-. Este dato es importante ya que implica un cambio de paradigma: los servidores públicos ya no deben ver en el gobierno una “oportunidad” o “botí­n”, algo así­ como sacarse la loterí­a, sino un sacrificio.

En efecto, en el pasado, mucha gente llegaba al gobierno, y tras un lustro lograba algo de esto:

Incrementar su patrimonio filtrando información de licitaciones;

Crear empresas paralelas o fantasmas con prestanombres para beneficiarse de proyectos del gobierno –venta de servicios-;

Recomendar y colocar proveedores que sean amigos o parientes;

Vender información, permisos, contactos –vil corrupción o robo-;

Colocar amigos y/o parientes en cargos claves del gobierno (nepotismo);

Becar a sus hijos o familiares con los programas gubernamentales;

Utilizar los recursos del gobierno para fines propios y/o particulares;

Ayudar a delincuentes, evasores, criminales, narcotraficantes, etcétera, con favores de la burocracia;

Entre otras prácticas perversas.

Los mismos de siempre o los nuevos “mismo de siempre”, gastan una fortuna en campañas para llegar al poder y utilizarlo de manera perversa. Bien sea por la autoestima patológica del poder, o por hacer dinero, y son pocos los que desean honestamente servir. Tenemos una historia de corrupción e impunidad extensa y densa; y como dicen los adagios populares, casi todos tienen “techo de vidrio” o la “cola pateada”.

El Presidente Pepe Mujica ha definido diversos imaginarios para quienes están en la res publica contemporánea, sobre todo para sobrevivir al desgaste y a la mala reputación de la clase polí­tica –tomen nota-:

“No soy pobre, soy sobrio, liviano de equipaje, vivir con lo justo para que las cosas no me roben la libertad” (…) “tenemos que vivir como vive la mayorí­a, y no como vive la minorí­a” (…) “a los que les gusta mucho el dinero hay que correrlos de la polí­tica, porque si no terminamos hipotecando la confianza de la gente. Una sociedad para que funcione necesita creer en algo” (…) "La polí­tica es una pasión, al que le guste la plata que se dedique a los negocios".

La raí­z etimológica de Ministro proviene del latí­n y significa “servir”; en efecto, hablamos de servidores públicos, es más, de honorables servidores públicos, cuando la mayorí­a han sido una patota de delincuentes y corruptos. Los pecados de la pobreza en Latinoamérica no hay que seguir achacándoselos a la conquista española o el imperialismo yankee; ellos sembraron algunas cizañas significativas, pero el daño mayor ha sido nuestra clase polí­tica.

Muchos están ya soñando con sus guardaespaldas, carros de lujo, chofer, privilegios, pasaportes diplomáticos, viajes y la atención mediática; mientras otros, los “más polí­ticos” y sin oficio o profesión alguna, están viendo cómo diablos hacen para mantener el nivel de vida de ricos y famosos en un escenario sin conectes ni compadres.

Servir en el gobierno debe ser un acto heroico y patriota, supone sacrificar las comodidades que se tienen en el sector privado, estar 24 horas y 7 dí­as a la semana disponible para lo que demande la nación y pasar a ser un sujeto público o persona expuesta públicamente; con grandes desafí­os y responsabilidades.

Debemos erradicar esa foto borrosa del funcionario público “vivián” y aprovechado, que tiene las llaves del poder selectivas para castigar o premiar al que le dé la gana; y sobre todo no debemos olvidar que todo lo que utilice y haga en Ministro, Gerente, Director o lo que sea, lo hace con fondos aportados por los impuestos que pagan ciudadanos; en efecto, no le damos las gracias a un cajero automático cuando retiramos el dinero de nuestra cuenta… ¡¡¡No se vuelvan a equivocar!!!

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