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jueves, 29 de julio del 2021

Biden-Trump: El fantasma del doble gobierno

Las cadenas de TV – por primera vez, incluyendo a Fox News – lo llaman a Biden “presidente electo” y cortan la transmisión de Trump o sus portavoces cuando la sarta de mentiras e incitación que pronuncian ya es insoportable

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Los resultados de las elecciones presidenciales Biden-Trump son claros: ganó el candidato Joe Biden. Perdió el actual mandatario Donald Trump. Por una diferencia, por ahora, de 279 a 214 votos en el colegio electoral. Por casi cinco millones de votantes.  

El plan de Donald Trump

Pero semanas antes de las elecciones, este último ya había puesto al descubierto su estrategia para quedarse en el poder a toda costa: reclamar un fraude inexistente; montar una avalancha de demandas judiciales; involucrar a todas las esferas políticas y del gobierno en una farsa. Su objetivo, crear una nueva imagen de la realidad, destinada a ignorar la voluntad popular y especialmente, incitar a sus millones de admiradores a oponerse al ejercicio de la democracia.

Sí, porque la creación de nuevas imágenes de la realidad, por más ficticias que sean, es la especialidad de Donald Trump, el personaje televisivo, el experto en bancarrotas, el embaucador.

Trump lo tenía preparado Ahora pone en práctica su plan.

Pero como tantas veces, se le da el beneficio de la duda. 

Inicialmente, la negativa de Trump a reconocer su derrota fue interpretada como un capricho personal inofensivo. Había, dijeron, que darle al hombre tiempo para elaborar su derrota.

En lugar de ello, el hombre utilizó el tiempo así concedido para lanzar lo que, si llevase la delantera, podría definirse como preparativos para un autogolpe de estado, por más remotas que sean sus probabilidades de lograrlo. 

Porque esas probabilidades, si bien muy bajas, no son cero.

La amenaza se pone seria

Una semana después de las elecciones, ya parece que esta no es la quijotada de un narcisista empeñado en no salir perdedor, sino una urgente amenaza a las instituciones democráticas y la esencia del país. 

Uno tras otro, por apoyo político, por miedo a sus represalias, o por cálculos maquiavélicos de conveniencia inmediata, los miembros de la clase política republicana se suman al intento de conservar el poder pese a los resultados electorales.

El líder de la mayoría en el Senado Mitch McConnell se niega a reconocer la victoria de Biden. 

El secretario de Justicia William Barr ha instruido a los fiscales federales a entablar demandas contra serias instancias de fraude, aunque sabe que éstas tienen que ser inventadas.

Emily Murphy, una hasta ahora desconocida burócrata federal que encabeza la Administración de Servicios Generales, se niega a certificar la victoria de Biden y a permitir el crucial inicio del traspaso de gobierno. Porque así se lo ordenó Trump.

Y John McEntee, jefe de la oficina Presidencial de Personal anuncia que despedirá a los designados políticos que busquen nuevos trabajos fuera de la administración.

Una telaraña de opciones

Otros fieles de Trump en puestos de poder han indicado su postura de que las elecciones aún no han terminado.

En varias dependencias del gobierno relacionadas con el cambio de poder se reportan despidos inmediatos de quienes se niegan a mantener esta farsa y contratación de fieles al actual Presidente.

Así, el partido Republicano vuelve a desilusionar y se arrastra detrás de los caprichos de su jefe absoluto. Es inútil mantener la esperanza de que, incluso en la derrota del intimidante presidente, vuelva a la cordura.

Contrariamente a los países democráticos, gobiernos de corte autoritario tampoco han felicitado y reconocido al presidente electo Biden. Son reflejos de lo que Trump quisiera para este país. Como Bolsonaro en Brasil o Putin en Rusia.

Se agrega a éstos, extrañamente, el presidente de México López Obrador, que con su errónea defensa de Trump expone las relaciones bilaterales futuras a un grave riesgo. Como con Trump, tratan de explicar las declaraciones de AMLO con base en su propia historia. Pero la historia no se repite.

Acciones del Presidente electo

Joe Biden prepara las primeras acciones de su gobierno a partir del 20 de enero de 2021. Crea un grupo de trabajo de lucha contra el coronavirus. Obtiene apoyo internacional. Llama incansablemente a la unidad. Anuncia sus prioridades de lo que hará desde el primer día de su administración.

Que Estados Unidos protegerá el medio ambiente. Que volverá al acuerdo de París. 

Pero más que nada, iniciará una lucha coordinada contra el COVID-19. La misma que hace medio año podría haber salvador muchos miles de vidas y inenarrable sufrimiento. Eso incluye coordinación con gobernadores, alcaldes, expansión de los exámenes como principal elemento de contención institucional, cancelación de hasta 10,000 dólares de deuda estudiantil para damnificados de la pandemia, distribución urgente de la vacuna, gratuita.

¿La respuesta de Trump? Más protestas y reclamos de ilegalidad y robo. La diferencia en el binomio Biden-Trump no podría ser mayor.

Las cadenas de TV – por primera vez, incluyendo a Fox News – lo llaman a Biden “presidente electo” y cortan la transmisión de Trump o sus portavoces cuando la sarta de mentiras e incitación que pronuncian ya es insoportable. 

Y sin embargo, los intentos de Trump de mantenerse en el poder – o, si llega así al 20 de enero, de tomar ilegalmente el poder – no bajan, sino que se intensifican. 

Republicanos que apoyan a Biden

Por otra parte, no es despreciable la cantidad de políticos y renombrados republicanos que reconocieron la victoria de Biden y lo hicieron público.

Son los senadores Mitt Romney, Susan Collins, Lisa Murkowski y Ben Sasse, los congresistas Fred Upton, Francis Rooney, Will Hurd, Tom Reed, Paul Mitchell, Adam Kinzinger.

Los gobernadores Charlie Baker de Massachusetts, Phil Scott de Vermont y Spencer Cox de Utah.

En la contienda Biden-Trump, estas voces ayudan a un poco más de claridad y cordura.

Hasta la Cámara Nacional de Comercio reconoció la victoria de Biden.

Esto es especialmente importante cuando se trata de senadores y miembros de la Cámara Baja, porque la última instancia de aprobación – que siempre fue automática y ceremonial – es la presentación del futuro presidente ante una sesión conjunta del Congreso, el 6 de enero, y su voto de confirmación. Los demócratas tienen mayoría en la Cámara de Representantes, y si los senadores que felicitaron a Biden repiten la felicitación en el voto, Biden será Presidente.

Doble gobierno

A pesar de lo anterior, de hecho se está formando un peligroso doble gobierno. Esto sería más grave de lo que se anticipaba.

Trump despidió este lunes a su secretario de Defensa Mike Esper, quien en junio se había negado a enviar tropas federales a reprimir manifestantes; podría ser un indicio de lo que intentará hacer si la situación llega a protestas callejeras. 

El momento más dramático, el escenario de pesadilla, podría ser que cuando llegue el momento de asignar a los miembros del Colegio Electoral, las legislaturas de mayoría republicana nombrarán adeptos a Trump en lugar de reflejar los resultados de los comicios y así cambiaran la voluntad del votante por el capricho del perdedor.

Hay quien sigue insistiendo que esto es un teatro. Que Trump solo quiere recolectar fondos para ayudarle en su vida post presidencial. Que a McConnell solo le preocupa preservar la mayoría republicana en el Senado – ante la inminente votación de dos senadores en Georgia. Que esa es la clásica manera de Trump de negociar su salida, para prevenir que lo enjuicien en el futuro. O que los republicanos solo esperan que los tribunales rechacen todas las demandas y alegatos de fraude por falta de evidencias, para no tener que tomar responsabilidad. Para que nadie le diga nada malo a Trump.

Quizás. 

Biden-Trump en perspectiva

Pero demasiadas veces hemos sido indulgentes y optimistas, solo para encontrar que de todas las sendas, Trump siempre elige la más beligerante y destructiva.

Si no hay quien lo detenga en su entorno cercano, Trump podría llevar esta confrontación a sus últimas consecuencias, cualesquiera que sean, en detrimento de la población y en plena crisis del coronavirus.

Es improbable, sí.

Peor hubiera sido si, tal como era su plan, Trump hubiese tenido ventaja en las primeras horas del conteo de votos. De esa manera pensaba, como se recordará, declarar victoria con base en los números incipientes e inconclusos. Y en la demonización del voto por correo a la que se dedicó en el último mes de la campaña.

Las próximas semanas serán clave en el rumbo futuro de Estados Unidos.

Como escribió Jeshua Keating en Slate: “El riesgo de una crisis constitucional no desaparecerá hasta que Trump se suba a un helicóptero el 20 de enero”.

Debemos mantener la calma y la claridad de miras que llevó a una derrota de Trump en las urnas. 

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Gabriel Lerner
Periodista argentino.estadounidense, ex editor general de La Opinión de Los Ángeles, EEUU. CoFundador de HispanicLa.com; colaborador y columnista de ContraPunto
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