Por Alonso Rosales
En una cumbre celebrada el 20 de mayo en el Gran Salón del Pueblo de Pekín, los presidentes Xi Jinping y Vladimir Putin ratificaron una alianza estratégica reforzada y emitieron una declaración conjunta que carga contra la política de seguridad y nuclear de Estados Unidos y reclama con urgencia la reanudación del diálogo diplomático sobre Irán. El encuentro, que incluyó la firma de más de 40 acuerdos bilaterales, busca proyectar una alternativa de coordinación política frente al unilateralismo occidental, según los mandatarios.
La declaración conjunta subraya que la prioridad inmediata es “un pronto retorno al diálogo y las negociaciones de todas las partes implicadas” para evitar la expansión del conflicto en Medio Oriente. Xi insistió en la necesidad de un “alto el fuego integral de suma urgencia” y advirtió que nuevas hostilidades son “desaconsejables” por sus efectos sobre la estabilidad energética global y las cadenas de suministro. Putin aseguró que Rusia permanecerá como “proveedor fiable de recursos energéticos” y vinculó la cooperación en energía con la estabilidad internacional.
En materia de seguridad estratégica, ambos líderes criticaron el proyecto estadounidense de defensa antimisiles conocido como “Cúpula Dorada”, que calificaron de amenaza para la estabilidad global. Asimismo, denunciaron lo que describieron como el uso “hipócrita” de foros internacionales para encubrir ataques militares, y defendieron la inmunidad de líderes políticos frente a procesos judiciales impulsados desde otros países.
La agenda económica y tecnológica de la visita se concretó en más de 40 acuerdos de cooperación que abarcan comercio, ciencia y tecnología, investigación, medios y propiedad intelectual. Entre los documentos destacados figura la ampliación del Tratado de Buena Vecindad y Cooperación Amistosa, y una declaración que promueve un orden mundial multipolar y mayor coordinación estratégica. Sin embargo, la cumbre no resolvió asuntos claves del proyecto energético Fuerza de Siberia 2: aunque existe “entendimiento general” sobre parámetros, no se definieron precios ni calendario final para el gasoducto a través de Mongolia.
Analistas interpretan la cumbre como un gesto político dirigido también a audiencias internacionales, en particular Washington, y como una demostración de que Moscú y Pekín buscan consolidar mecanismos de cooperación frente a sanciones y presiones externas. La ceremonia estuvo marcada por simbolismo oficial y por el mensaje convergente de ambos líderes contra lo que llamaron un posible retorno a la “ley de la selva”.
Fuentes: France 24; Reuters; Associated Press (AP); EFE.


