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lunes, 26 de julio del 2021

¿Arte contemporáneo?

“Arte”, un concepto que, al igual que el Universo, se expande y se achica con el tiempo. “Contemporáneo”, otro concepto tan flexible, que cabe en cuanto cuento cuente el contador. Podemos definir llanamente: “Es el arte de la actualidad”. Estos son los tiempos de las viñetas y los esquemas que proliferan como hongos después de las lluvias.

Para mí­, en mi papel de artista, a la vez que estudiante de arte y filosofí­a, porque éstas no se terminan de estudiar nunca, intentaré aportar una definición. El arte, para carlosvelis, es la decodificación de la vida y la recodificación en imágenes, que hablan al yo superior, al mundo de la intuición. No hay arte de viñeta, solo arte. En las imágenes artí­sticas, el tiempo se curva en una perfecta espiral y a nosotros, los artistas y espectadores, nos queda la misión de ser testigos vivenciales de esa espiral. No hay lí­mites más que la sinceridad del artista creador, que desnuda su alma y la expone en su obra. Las únicas viñetas que yo doy por válidas, son “arte provocador” o “arte decorativo”. Y no estoy soslayando a ninguna. Ambas corrientes son válidas, en la medida de que cumplen una función social y responden a su público, o sector social.

Saliendo de ese campo minado, espero que ileso, aterrizo en una polémica que llegó a las redes sociales, de la crí­tico (no es dedazo) de arte Avelina Lesper, quien desenfunda un hacha inmisericorde y reduce a astillas a todo el arte comtemporáneo. Pontifica, de manera lapidaria, “El arte contemporáneo es una farsa”. Revisando los nombres que ella menciona, Demian Hirst, Gabriel Osorio y Teresa Margolles, y su obra, me inclino a creerle, solo que ellos no son “El arte contemporáneo”. Son tres galeristas, que responden a las necesidades de un mercado. Recuerdo el caso de una amiga curadora, que trabajó en una galerí­a de Los íngeles, le tocó cuidar una exposición, y me contó muy divertida, que estaba cuidando que nadie se sentara en unas bancas pintadas de rojo, porque eran una pieza de arte en exhibición. Le pedí­ que me definiera más esas bancas, y me dijo como tres veces, “bancas, bancas, bancas”, esa forma que tenemos los latinoamericanos de enfatizar por la repetición. Solo que valí­an $40,000.00. Al dí­a siguiente, habí­a perdido su trabajo, porque unos niños se sentaron y rayaron una.

Recordemos el caso de la cama desarreglada de Tracy Emin, que la valoró como en 4,000,000.00 de dólares o euros, que para eso no hay lí­mites. ¿Es arte? Creo que el arte está en la audacia de llamarle arte, que es un gesto provocador para ver quién del 1% de la población es capaz de soltar un montón de plata solo porque la tiene. Pero no pasa de eso. No hay nada más y, al terminar la exposición, el destino de esas “grandes” obras de arte, es el basurero. Ninguna galerí­a las va a tener en catálogo, o embodegadas, inflando su inventario con basura.

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