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viernes, 07 de mayo del 2021

Apuntes sobre la corrupción que vendrá

Alguna razón tiene que existir (o varias, vaya usted a saber) para que mediáticamente solo visualicemos la corrupción polí­tica. Cuando pensamos en la corrupción, de inmediato se nos viene a la cabeza la imagen de un ex presidente esposado y flanqueado por dos policí­as muy altos. Si alguien nos pregunta por ella, le dirí­amos sin pensarlo que es una infracción ética y legal cometida por individuos que se valen de su cargo público para lucrarse o beneficiar a sus allegados. Esta definición apresurada incluye en el universo de los corruptos a ciertos polí­ticos y a ciertos funcionarios.

Pero esta solo es una parte del rompecabezas, porque en esta obra de teatro hay más personajes a tener en cuenta. En ella pueden participar, y con papeles nada despreciables, empresarios, periodistas y hasta expertos asesores. Una de las caras activas y centrales de la corrupción y, también hay que decirlo, una de las menos perseguidas, la encarnan aquellos dueños de empresas que tienen una caja negra para torcer leyes y comprar voluntades con el objetivo de beneficiar a sus negocios. La narrativa periodí­stica, ignoro por qué razón, suele presentar a estos personajes centrales como figuras borrosas y bastante secundarias.

Algunos periodistas suelen aparecer en esta tragicomedia como sujetos pasivos de la corrupción: son sobornados por polí­ticos o empresarios para que callen aquella noticia, griten aquella otra o para que mientan a secas. Waldo Chávez Velasco dijo que una parte de su oscuro trabajo al servicio de las dictaduras militares habí­a sido ese: comprar periodistas. Y que no les quepa duda, esta práctica que el cí­nico Waldo confesó continúa siendo un deporte muy practicado en nuestro paí­s.

El caso es que hay un tercer personaje en esta intriga que no cuenta con apellidos ilustres, ni grandes sumas de capital y que es más bien como un coro griego compuesto por ciudadanos de a pie que ha interiorizado de manera harto pragmática que para acelerar o torcer procedimientos judiciales y administrativos conviene pasarles modestas sumas de dinero por debajo de la mesa a los funcionarios. En este coro suelen encontrarse aquellos primos en primer y segundo grado que tranzan para obtener un cargo público gracias a sus ví­nculos familiares.

Estas redes de corrupción interactuante donde intervienen polí­ticos, empresarios, funcionarios, periodistas y ciudadanos comunes y corrientes se mantienen vivas a lo largo del tiempo porque son una economí­a sumergida donde se intercambian bienes, servicios, cargos y exenciones de manera lucrativa. Su continuidad en el tiempo la explican sus beneficios, pero también una cultura que justifica la recurrencia de dichas infracciones.

Hablamos, pues, de una maquinaria que lleva años en movimiento y echando sus raí­ces en el fondo de nuestra sociedad. Una maquinaria que va a ser muy difí­cil que tuerza la voluntad polí­tica que pueda tener el nuevo Presidente. Lo más probable es que, en cierta medida, acabe siendo una nueva ví­ctima de ella. Tal como lo ha sido el FMLN.

Álvaro Rivera Larios
Álvaro Rivera Larios
Escritor, crítico literario y académico salvadoreño residente en Madrid. Columnista y analista de ContraPunto

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