Antivirus Mental: Coordenadas para recuperar el sentido común

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Antivirus Mental, de Manolo Alcázar, es un libro de filosofía y de superación, de lectura fácil y rápida. Conozcalo, através de Hans Alejandro Herrera.

Por Hans Alejandro Herrera Núñez


Si el siglo XX fue el siglo de las grandes herejías que elevaron en pedestales de sangre los monstruos de nuevos dogmatismos como el marxismo y el fascismo, el cansado siglo XXI es sin duda el siglo de las enfermedades mentales. Conviviendo con el error, la mentira y el new fake, la incertidumbre es la reina de nuestro tiempo. Sin embargo algunos libros emergen como pedradas en la cara para hacernos despertar. Uno de esos libros es Antivirus Mental, de Manolo Alcázar, un libro para pensar saludablemente en una época, la nuestra, insana.

En un reciente análisis demográfico sobre enfermedades mentales, se calculó entre enfermedades leves y graves que el 31% de alemanes tienen este mal, en EE.UU. el número asciende a 50 millones en la población adulta. Los números son más opacos en América Latina. Las causas además de la autoexplotación laboral, la omnipresencia de las redes en la vida, pero también una progresivamente acelerada transformación en los modos de vida e incluso en la autopercepción personal sumado a otros cada vez más extravagantes componentes que se van incorporando en la existencia contemporánea, no hacen más que complejizar las relaciones humanas, las cuales cada vez están más en crisis. Ante una ausencia de delimitaciones de qué es qué, y en dónde lo verdadero se ha convertido en un oximorón, las personas y los pueblos quedan ante el desamparo de no saber que los une en su convivencia, y cuál es la deseada ética para poder vivir como hombres libres.

No pecaría de exagerado si puedo afirmar que nuestros actuales problemas que agudizan la polarización que se vive en todas las sociedades del mundo (en lo político, económico, sexual, cultural, social, etc.), se deben en buena medida a qué se han normalizado toda una serie de ideas y conceptos que se han convertido en axiomas, y en algunos a nivel de dogma, las cuales han llevado a la actual situación: que cada vez estamos más separados los unos de los otros, y cada vez más enfrentados con nosotros mismos, empezando por nuestras propias mentes. Cómo si un virus, o mejor dicho cientos de virus o trojanos se hubiesen descargado en nuestras mentes alterando nuestro sistema operativo. Visto así, quizá está es la razón por la cual nos sentimos mal con nosotros mismos.

Pero si muchos de nuestros males nos vienen de escuelas de filosofía moderna que nos han generado está actual gastritis que se convierte en úlcera; la solución pueda estar como lo estuvo en el pasado en la filosofía bien ejercida, esa que Boecio llamaba Consuelo de filosofía.

Cómo si de Sócrates se tratara, así es el libro de Alcázar, Antivirus Mental, un libro de filosofía que gracias a Dios y a una extraña confusión de los libreros, no se vende en el estante de libros de filosofía pesimista y posthumana, sino en la sección de libros de superación y negocios. Así es como un libro llega a la gente correcta, por una equivocada asociación de ideas.

Es justo llamar a este libro un libro de filosofía, de la buena, y es una suerte que se vende en el estante de libros equivocado. Es un libro de filosofía porque en primer lugar hace pensar, interpele, como el tábano ateniense, y por supuesto, como el tábano, molesta. Pensamiento que no jode no te hace pensar. Es también de filosofía porque es una especie de compilación, o mejor de un destilado del mejor pensamiento clásico de filosofía. Desde los inmortales griegos y romanos hasta los modernos como Chesterton, pasando por Santo Tomás de Aquino y San Agustín, Antivirus Mental es una reunión no de erudición de quién dijo qué sino de lo esencial: lo aprendido, aquel pensamiento útil que sirvió en el s. V a.C. como también puede servirnos ahora en el s. XXI. Porque pensamiento útil es aquel que nos remueve de nuestras poltronas y nos empuja a preguntarnos por qué. Pero no un porque pasivo, que lleva a una puerta giratoria que nos devuelve a la calle antes que dejarnos entrar. Lo que propone Antivirus es algo que no se atreven a ofrecer los libros que se pudren en los estantes de la sección de filosofía, y es ofrecer coordenadas para reconocer lo verdadero y reconocer por dónde no caer. Porque las nuevas herejías son las mismas viejas herejías, pero con mejor marketing. Tal vez por eso merezca este libro un lugar más alentador a la esperanza de los compradores de libros al catalogarsele en el sitial de libros de superación. Porque ayuda a superar las taras de nuestro normalizado error.

A través de un desmantelamiento de axiomas que hemos normalizado en nuestro día a día, los cuales van desde la opinión al relativismo, lo que se propone este libro es desmantelar también los distintos postulados de corrientes filosóficas que han dado más problemas que soluciones a los problemas reales de la gente real. Cómo si el positivismo, el existencialismo, el constructivismo, el psicoanálisis freudiano no fueran otra cosa que grandes sofismas asumidos que no aguantan el soplo de una pregunta simple que las desbarata. Porque más allá de lo enriquecedor que puedan ser las ideas, si estás no nos ayudan a mejorar nuestra relación con nosotros mismos y el mundo, francamente esas ideas no sirven ni para un glosario.

El libro por otro lado tiene la ventaja de una lectura fácil y rápida, accesible y democrática, algo totalmente impensable en libros de filosofía postmoderna plagados de una jerga académica solo accesible a los iniciados en los misterios de la hermenéutica areopagita. Está extraña simpleza demuestra que la filosofía no es algo exclusivo para doctorados en Hegel, Foucault o Kant, sino que es algo inherente en el humano como es el hecho de pensar. De preguntarse con rigor y hacer autocrítica, de abrirse a saber que como señala Santo Tomás, hay en las opiniones de los contrarios también algo de verdad, y que está no es inaccesible, sino más bien puente entre unos y otros. Porque la búsqueda honesta de la verdad, más allá del ego de saberse de tener razón, es saber que se puede estar equivocado. Porque no hay nadie más peligroso que aquel que se cree sus propias mentiras. Y porque un antídoto frente a la era de la polarización que vivimos empieza por una revolución desde la filosofía, desde la buena filosofía. Porque si no somos capaces de reconocer la verdad, solo queda la equivocación, y a estas alturas podría ser la última vez que nos equivoquemos. Literalmente, la última.

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Hans Alejandro Herrera
Hans Alejandro Herrera
Consultor editorial y periodista cultural, enfocado a autoras latinoamericanas, Chesterton y Bolaño. Colaborador de ContraPunto
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