Por Alonso Rosales, analista internacional
El viraje discursivo de Donald Trump en relación con la guerra en Ucrania no deja de sorprender. De haber sido un político ambiguo, muchas veces crítico del gasto en ayuda militar hacia Kiev, pasó ahora a proclamar en su red social que “Ucrania puede ganar la guerra y que Rusia es un tigre de papel”. El giro genera interrogantes: ¿es convicción real o una maniobra para recuperar protagonismo político?
Diversos expertos coinciden en que las palabras de Trump buscan más un impacto mediático que un efecto estratégico. El analista de seguridad europeo Marcelo Grunwald señala que “presentar a Rusia como un tigre de papel es desconocer la realidad militar. Moscú aún conserva una capacidad significativa de destrucción y un poder de maniobra geopolítica que no puede minimizarse”.
Por su parte, la investigadora en asuntos euroatlánticos Clara Montesinos subraya que Trump, al instar públicamente a la OTAN y a la Unión Europea a derribar aviones rusos, actúa como si fuese un “comandante en jefe de la Alianza”, cuando en realidad se trata de un político sin cargo institucional. “Ese tipo de declaraciones en redes sociales son irresponsables porque banalizan decisiones que, en la práctica, significarían un enfrentamiento directo entre la OTAN y Rusia”, advierte.
Más crítico aún se mostró el exasesor de seguridad global James Holloway, quien interpretó los mensajes de Trump como una estrategia de desgaste: “Lo que está intentando es prolongar la guerra, porque cada día adicional significa mayor presión para Europa, más sacrificio para Ucrania y un beneficio indirecto para su narrativa política en Estados Unidos”.

La comparación con la Unión Europea resulta inevitable. Mientras Trump apuesta por frases altisonantes, Ursula von der Leyen y la Comisión Europea han preferido la prudencia y la coherencia: mantener un apoyo material y financiero a Ucrania sin caer en excesos retóricos. Desde Bruselas se entiende que la guerra es larga y costosa, pero también que el compromiso con Kiev es vital para la seguridad continental.
Zelensky, por su parte, se ve obligado a aprovechar cualquier expresión de apoyo, incluso cuando proviene de una figura tan volátil como Trump. En su discurso ante Naciones Unidas, el presidente ucraniano subrayó la importancia de contar con un respaldo “decisivo”, consciente de que cada gesto político ayuda a sostener el frágil equilibrio de alianzas internacionales.
En definitiva, el nuevo lenguaje de Trump no responde a un cálculo estratégico serio sino a una necesidad de reposicionamiento personal en medio de su desgaste político. El riesgo es que sus declaraciones contribuyan a enredar aún más un conflicto que ya ha cobrado miles de vidas. No se trata de subestimar a Rusia ni de vender falsas victorias, sino de buscar soluciones responsables en un escenario que, de por sí, ya es lo suficientemente complejo.


