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jueves, 29 de julio del 2021

Al Ejército Nacional le gusta el chisme

Las fuerzas militares están en boca de la gente, otra vez. En una revista nacional se publicó un artículo que revela el nuevo escándalo de chuzadas ilegales realizadas por la inteligencia militar, que como cosa rara nada sabía su general, el ministro de defensa y menos el presidente. Las nuevas víctimas que se suman a la larga lista de interceptados se destacan por seguir, investigar o buscar casos de corrupción en el Ejército Nacional (EN); aunque once miembros de la institución fueron destituidos y su jefe de inteligencia removido por la propia presidencia a realizar otras labores, la institución castrense vuelve a ser motivo de escándalo en Colombia.

¿Es tan grande la infraestructura y burocracia del EN para que ni los altos mandos sepan que hacen los subalternos? ¿por qué son los medios de información los que destapan las ollas podridas y no el gobierno nacional? ¿estos actos del EN ponen en tela de juicio el carácter “democrático del régimen colombiano? Algo que no se puede desconocer en este caso es el poder económico que sostienen a las fuerzas militares desde las alianzas económicas y militares con Estados Unidos desde el siglo pasado y acelerado con el Plan Colombia impuesto cuando llegó el año 2000.

A partir de ahí la guerra desde el Estado se convirtió en un negocio donde se llueven premios y ascensos en la medida que sangre el país. Por eso en el Plan Nacional de Desarrollo 2018-2022 el rubro más alto que pone el gobierno nacional de la plata pública es el de Defensa y Policía con el 96.2% mientras que Agricultura y Desarrollo Rural reciben 11%. Ya entiende uno porque se necesita cuidar a cualquier costo el negocito de los uniformados. El pensamiento crítico, la oposición tibia o el rechazo rotundo al régimen impuesto son vigilados permanentemente con tecnología de punta en inteligencia y equipos humanos formados para esa tarea específica que bajo la protección de la normatividad vigente despliegan estrategias clandestinas de espionaje.

Como cualquier dictadura, el Estado ve en cada ciudadano un enemigo interno que debe mantener controlado al igual que los sectores públicamente contradictores del establecimiento son además de controlados, perseguidos sin saberlo. Este eslabón es tal vez uno de los más peligrosos pues la información personal recaudada es el fundamento de otras estrategias más agresivas que ejecutan acciones contra la vida e integridad de las victimas ¿y adivinen quién ejecuta estas otras estrategias?

Se entiende entonces el papel de las fuerzas paramilitares y mafiosas (articuladas directamente con el narcotráfico) en los territorios donde tienen sus bases a pocos kilómetros del EN. Lamentablemente, llega a la mente el asesinato del periodista Jaime Garzón, cuya vida fue arrebatada por las balas de paramilitares pero gracias a la información de inteligencia del entonces Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) esas balas lograron dar en el blanco sin ningún problema en plena capital del país.

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