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jueves, 4 junio 2026

Adiós a Jürgen Habermas

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(1929-2026)

Por Luis Armando González

“La filosofía ya no puede referirse hoy al conjunto del mundo, de la naturaleza, de la historia y de la sociedad, en el sentido de un saber totalizante. Los sucedáneos teóricos de las imágenes del mundo han quedado devaluados no solamente por el progreso fáctico de las ciencias empíricas, sino también, y más aún, por la conciencia reflexiva que ha acompañado a ese progreso”

Jürgen Habermas

Allá por 1985 yo era un estudiante de filosofía que trataba de dejar atrás unos marcos de referencia mentales anclados en lecturas de autores soviéticos que –especialmente en los manuales de materialismo histórico y dialéctico— me resultaban, por mera intuición, mecánicos, fríos y repetitivos. La búsqueda de conocimiento me llevó a ellos, y esa misma búsqueda me empujaba a aprender de otros autores, siempre en el campo del marxismo. En mi alma mater –la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA)— descubrí que hablar de marxismo en singular era un error y que era peor error era identificar al marxismo con el leninismo o con los filósofos pertenecientes a la Academia de Ciencias de la URSS.  

Fuente de la imagen: https://mediosaudiovisualeseinteractivos1.wordpress.com/2020/03/13/jurgen-
habermas-origen-y-transformacion-de-la-opinion-publica/

Lo que había era marxismos, en plural, los cuales abarcaban un amplio espectro de posturas, enfoques y corrientes que el filósofo Ernst Bloch agrupó en dos grandes clases –la del “marxismo frío” y la del “marxismo cálido”— y los historiadores Leszek Kolakowski –en Las principales corrientes del marxismo— y G. D.H. Cole –con su Historia del pensamiento socialista— mostraron en su diversidad.

Puse atención al tema de los marxismos y pronto me di cuenta de que en un extremo del espectro estaba la ortodoxia dogmática, doctrinaria y simplista –como, por ejemplo, la plasmada por Iosif Satalin en Cuestiones del leninismo— y en el otro una heterodoxia abierta y flexible que, incluso, cabía la duda –como en el caso del llamado “freudomarxismo”, cultivado por Erich Fromm y Herbert Marcuse— de si lo surgido de ella constituía una corriente del marxismo. Estos eran algunos de los asuntos que se comentaban en los pasillos y las aulas en donde, a mediados de los años ochenta, nos congregábamos los estudiantes de filosofía.  Y en algunas clases con el querido y entrañable Armando Oliva le escuché referirse una y otra vez a “Habermas y Apel” y al debate en torno a lenguaje del cual ambos eran figuras destacadas.

Quizás me equivoqué en aquel momento, pero creí ver en el profesor Oliva una preferencia por el primero, así que decidí buscar libros de Habermas. Le agradezco por haberme colocado en una ruta de lecturas, reflexión y aprendizaje con este pensador alemán que dedicó sus energías a la comprensión de los procesos culturales, políticos y económicos que han configurado primero a occidente y después al mundo.  Hice dos lecturas inmediatas de obras de Habermas: la primera, Conocimiento e interés y, poco después, Ciencia y técnica como ideología

Según recuerdo, lo primero que me llamó la atención –sobre todo en el primero de los libros referidos— fue la enorme capacidad de su autor para relacionar prácticas humanas de envergadura, lo cual ponía de manifiesto potencia intelectual; y lo segundo, su forma de hacer filosofía en la cual esta se ocupaba de asuntos que también eran abordados por las ciencias sociales, en especial por la sociología, la historia, la ciencia política y la economía.  Sin hacerme cuestión del tratamiento que daba a la ciencia y a la tecnología –y en lo que tiempo después me enteraría que era su postura crítica ante el positivismo lógico y el Círculo de Viena—, sus abordajes –al leer esos dos primeros libros—me parecieron más ciencia social que filosofía, y dado que yo me encontraba inmerso en mi personal “giro metafísico” no me sentí muy a gusto con lo que me había encontrado. Como se decía en aquellos años ochenta en el ambiente filosófico en el que me movía, había que leer y estudiar a autores que trataran de los fundamentos de las cosas, y entendí que no era el caso con esos dos libros de Habermas. Obvio: estaba poniendo de manifiesto mi gran ignorancia, la cual suele traducirse casi siempre en petulancia.

  A finales de la década de los años ochenta, un curso dedicado a filosofía del lenguaje me permitió acercarme por primera vez a la teoría de la acción comunicativa de Habermas, pero a la vez me interesé por conocer el pensamiento de Karl Otto Apel (1922-2017). Leí, con fruición y no sin dificultad, los dos tomos de La transformación de la filosofía de este autor y aquí vi satisfechas mis ansias metafísicas, especialmente con la formulación por parte de Apel del “a priori de la comunidad de comunicación”.  Conversé muchas veces –y durante largas horas— del tema con mi amigo y profesor en aquellos años Antonio González –un conocedor como pocos de la filosofía alemana contemporánea— y estuvo de acuerdo conmigo en que Apel era un pensador de fundamentos, así que sin llegar a ser un “ottoapeliano” –de hecho, nunca he sido ni eso he sido ni tampoco marxiano, zubiriano, ellacuriano o habermasiano— a la altura de 1990, aunque leí algo más de Habermas –para el caso, La reconstrucción del materialismo histórico y partes de su Teoría de la acción comunicativa— , estaba firme mi preferencia por Otto Apel.

Con todo, justo cuando se iniciaba la nueva década –y mientras estaba matriculado en la maestría en teología en la UCA— me surgió la inquietud de volver (de nuevo) la mirada a las ciencias sociales.  Si antes había vivido un “giro metafísico”, al iniciarse la década de 1990 me encaminaba hacia un “giro científico-social” para lo cual fue clave un profesor visitante en la UCA, y con el cual establecí una grata relación de amistad en esos momentos: José María Mardones que no sólo era (y es) un profundo conocedor de las corrientes intelectuales y culturales contemporáneas –como la Teoría crítica de la Escuela de Frankfurt, el posmodernismo y el neoconservadurismo— , sino un experto en Habermas. 

Fui a las clases de Mardones, leí sus libros –sobrios, informados, amplios de miras, sugerentes— y platiqué en diferentes momentos con él de las relaciones entre la filosofía y las ciencias sociales. Me hizo ver que estas últimas eran claves para un quehacer filosófico a la altura de los desafíos que planteaba la realidad social e histórica, y que desde su punto de vista se las tenía que estudiar en profundidad. Y tal cual: dos años después me estaba metiendo de lleno, a partir de mi ingreso como estudiante de postgrado en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), Sede Académica de México, en ese mundo, el cual no he abandonado desde entonces.

En México me reencontré con la obra de Habermas, de la mano de René Millán Velenzuela, mi extraordinario y creativo profesor de teoría social y cultural.  Me metí de lleno en la lectura de la teoría de la acción comunicativa, así como sus escritos sobre los Problemas del de legitimación del capitalismo tardío y su El discurso filosófico de la modernidad; presté atención a su debate con clásicos como Max Weber –a quien estudiaba en otra asignatura del programa de postgrado— y también a su debate con autores actuales como Niklas Luhman. Pero, sobre todo, traté de entender su visión de cómo se constituyó la modernidad occidental y cuál es la mejor manera de comprender sus problemáticas más acuciantes, como las crisis políticas; la erosión de la cultura y los cambios culturales; los medios de comunicación y la opinión pública; las estructuras estales, la democracia y los derechos humanos; y la economía y el medio ambiente.  Su compromiso con la democracia –que debe sostenerse en unos supuestos ideales de comunicación—me pareció digna de elogio y respeto.

Así pues, en mi recuentro con la obra de Habermas traté de aprender lo más que pude de él, a través de sus obras y de profesores como René Millán. Cuando regresé a El Salvador, en 1994, para reintegrarme a mis labores docentes y de investigación en la UCA venía con un buen bagaje conceptual, de análisis y ético político de procedencia habermasiana. Lo primero que hice, en reconocimiento a mi deuda con este pensador, fue trabajar en un ensayo dedicado a su confrontación con Niklas Luhmann, el cual titulé “Teoría crítica y teoría de sistemas: la confrontación Habermas-Luhmann”. 

Expliqué sus ideas en múltiples clases, pero –más que eso— en mis ensayos y artículos dedicados al análisis social, político, cultural o educativo los marcos conceptuales habermasianos se hicieron, y siguen, presentes. Lo que quiero decir con esto es que Jürgen Habermas llegó para quedarse para siempre en mis estructuras mentales, en mis enfoques analíticos y en mis compromisos ético-políticos. Fue uno de los dos autores esenciales –el otro fue Karl Popper— que se convirtieron en el puente que me ayudó a transitar desde la filosofía hacia las ciencias sociales; y, lo reconozco, es un puente que no he cruzado –ni quiero ni creo que pueda cruzar— del todo: estoy atado a la filosofía con un fuerte nudo que ha sido amarrado por ese portento intelectual y moral que fue Jürgen Habermas. Asimismo, he hecho amarres fuertes con las ciencias sociales y naturales y, en este quehacer, me he acercado hacia actividades investigativas ajenas, por su especificidad, a las grandes problemáticas que siempre acuciaron a este pensador. También me he decantado por el estudio de lo fáctico (social y natural), para explicarlo, y Habermas siempre mostró reparos a lo explicativo en el sentido que es usado en las ciencias empíricas; lo suyo fue la comprensión, en un sentido más cercano a la hermenéutica gadameriana.

Pero bien, de lo que se trata en el ámbito académico intelectual es de respetar a los maestros no repitiendo dogmáticamente sus planteamientos. Y yo guardo un respeto sincero y agradecido por Jürgen Habermas. Fue uno de los grandes intelectuales del siglo XX –miembro una estirpe única, a la que pertenecen, entre otros, Walter Benjamin, Max Horkheimer, Theodor Adorno, Karl Popper, Karl Otto Apel, Bertrand Russel, Rudolf Carnap, Ernst Bloch, Hannah Arendt— que al partir hacia la Otra Orilla deja un vacío que es imposible que alguien más pueda llenar.

 Un referente intelectual y moral universal: eso es para mí Jürgen Habermas. Que descanse en paz y que su aguijón crítico siga calando en las ideas y compromisos de quienes le sobrevivimos.

San Salvador, Marzo de 2026


Cfr., Ruth Levitas, “La Esperanza Utópica: Ernst Bloch y la reivindicación del futuro”. https://utopialab.csic.es/wp-content/uploads/2024/11/2_Levitas-Ruth-La-Esperanza-Utopica-Ernst-Bloch-y-la-reivindicacion-del-futuro-PDF.pdf

Publicada en español por Alianza Editorial, entre 1978 y 1983, en tres tomos.

Publicada en español por el FCE, entre 1957 y 1963, en siete tomos.

https://www.abertzalekomunista.net/images/Liburu_PDF/Internacionales/Stalin/Cuestiones-del-leninismo.pdf

Madrid. Taurus, 1982

Madrid, Tecnos, 1986

Ni con el libro de Habermas, que leí posteriormente,Pensamiento postmetafìsico Madrid, Taurus, 1990.

Madrid, Taurus, 1985

Madrid, Taurus, 1981.

Madrid, Taurus, 1987.

A cuya segunda generación perteneció Habermas.

Anoto aquí algunos de los más significativos para mí: Capitalismo y religión. La religión política neoconservadora. Santander, Sal Terrae, 1991; Postmodernidad y cristianismo. El desafío del fragmento, Santander, Sal Terrae, 1988, Fe y política. El compromiso político de los cristianos en tiempos de desencanto. Santander, Sal Terrae, 1993.

Buenos Aires, Amorrortu, 1991.

Madrid, Taurus, 1989.

Y quizás su obra cumbre al respecto es Facticidad y validez. Sobre el derecho y el Estado democrático de derecho en términos de teoría del discurso. Madrid, Trotta, 2010

Publicado en la Revista Realidad, de la UCA, en 1994. https://camjol.info/index.php/REALIDAD/article/view/5211?articlesBySameAuthorPage=3

Algunos de los pensadores que he colocado en la lista—y otros, como Martin Heiddeger y Ludwig Wittegenstein— son abordados en el libro de Habermas Perfiles filosófico-políticos. Buenos Aires, Taurus, 2019. 

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Luis Armando González
Filósofo, historiador, académico y colaborador de ContraPunto

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