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jueves, 06 de mayo del 2021

Acuerdos

Es curioso, la mayoría de personas que conozco son incapaces de cumplir con acuerdos y su palabra se desdibuja cuando los actos tienen mayor densidad simbólica que cualquier balbuceo. Es fácil afirmar algo y sumarse a causas múltiples, lo difícil es apegarse a lo que se ha dicho y darle secuencia a ello.

¿Qué es un acuerdo y por qué nos suscribimos a cosas que no estamos dispuestos a hacer? En algunas ocasiones, tiene que ver con presión social o miedo o angustia sumergida en el estómago, enterrada en forma de agruras. En otras ocasiones, tiene que ver con que no somos capaces de medir nuestras fuerzas y capacidades y creemos ser dueños del Universo.

Ah, las ilusiones, los espejismos, son tan parecidos a las mentiras, a los engaños, a las traiciones.

Sin embargo, se erigen acuerdos: personales, políticos, jurídicos, y el problema fundamental yace en que no se cumplen.

Existen, pero lo primordial es que se subvierten, se ignoran, se rompen cada vez que hay un cambio de panorama o de opiniones cruzadas o de intereses corporativos. Hablemos de acuerdos políticos. En esta región del centro de América, durante el siglo XX se llevaron a cabo acuerdos que buscaban pacificar la región y normalizar los procesos más allá de la sangre y la irreverencia. ¿Se cumplieron? Ya se imaginarán que no. Y se vuelve un reto confiar en alguien en la tierra de la hipocresía, de los crímenes, de la venganza, de las trampas. Cuántos líderes políticos no han esgrimido una supuesta verdad y han terminado siendo unos ladrones irredentos, farsantes que mearon sobre la cara crédula de la población a la que le inyectaron publicidad y promesas que se aseguraron de romper, que sabían que iban a romper, como los acuerdos que sin duda tienen con sus parejas o con sus amantes o con sus amigos o con su consorcio financiero. Se traiciona a los otros cuando prima el egoísmo. Se olvidan los acuerdos cuando la coyuntura exige modificaciones que no pueden ser consultadas porque nunca fueron capaces de mostrar la posibilidad del desacuerdo. ¿Qué pasaría si algún político dijera que no está de acuerdo en servir a la población y hacer valer la justicia? ¿Qué pasaría si en lugar de mentir se dijera la verdad?

El panorama es escabroso. Pero siempre hay luz y una carretera por la que podemos deslizarnos a pesar de los trucos de prestidigitación discursiva. El tiempo apremia, la época exige de nosotros asumir la realidad, por muy mordaz que sea, y cargar con los acuerdos fallidos directo al tacho de basura. Nacerán nuevos modos de organización y nuevas mentiras y nuevas traiciones y nuevos acuerdos que se romperán en la dinamicidad del cosmos. No hay que asustarse, ni siquiera enojarse, hay que ser como el camaleón y adaptarnos a los colores y las formas. ¿Pragmatismo? Sí, un poco de eso, como quien le pone pimienta a una sopa de pollo. ¿Desprendimiento? Sí, como quien deja a la mitad un vaso con fresco de fresa por el riesgo a que te dañe el estómago, porque puede ser que las fresas estuvieran mal lavadas o el vaso lleno de bacterias o una mosca se posó por el borde y dejó sus huevecillos, nunca sabemos con certidumbre hacia dónde empuja la vida, mucho menos el amor. ¿A cuántos no se nos ha roto el corazón cuando la persona amada transgredió un acuerdo fundamental? Seamos como las hormigas que siguen el camino trazado previamente, aunque se les caiga su carga y parecieran estar perdidas en un mundo que se deforma y muta.

El reto de la existencia implica ser contundentes con o sin acuerdos. Si algo se rompe, se repara, y si no puede ser reparado, se deja a un lado y se inaugura algo distinto. La clave es el compromiso, saber que se es capaz de seguir adelante y no esperar nada de nadie, por muy feo que suene, esperar es para quienes están acostumbrados a recibir en lugar de dar y se acomodan a lo que los demás entregan con desdén o con mentiras.

¡Acción!

Necesitamos menos acuerdos que bailen con el viento y más acciones que se introyecten en la sociedad.

Rodrigo Barba
Rodrigo Barba
Analista local

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