miércoles, 19 junio 2024
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Aborto espontáneo

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El aborto espontáneo es más común en las primeras semanas de embarazo, puede ocurrir en cualquier momento antes de la semana 20

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Por Margarita Mendoza-Burgos

El embarazo es un momento de felicidad y esperanza para la mayoría de las mujeres. Sin embargo, este viaje puede tomar un giro inesperado y doloroso con la experiencia del aborto espontáneo. Aunque no se habla con tanta frecuencia como el polémico aborto inducido, el aborto espontáneo es algo común que afecta a muchas mujeres en todo el mundo.
Aunque el aborto espontáneo es más común en las primeras semanas de embarazo, puede ocurrir en cualquier momento antes de la semana 20.
Por lo general, la mujer lo asume con tristeza, dolor emocional y un deterioro severo de su autoestima. Existe una sensación de culpa que puede derivar en depresión y se instala el deseo de no volver a embarazarse para no pasar otra vez por ese calvario. Básicamente cuesta tanto superarlo por toda la ilusión que las personas se habían hecho, por esto muchas embarazadas prefieren estar bien seguras antes que precipitarse a anunciarlo públicamente.  
No en vano un estudio del Colegio Estadounidense de Obstetras y Ginecólogos confirma que las mujeres que sufren un aborto espontáneo tienden a culpabilizarse, lo que les hace sentirse aisladas y solas. Al sufrirlo, se multiplican por dos las posibilidades de sufrir depresión y ansiedad y por cuatro el riesgo de suicidio.
Aunque pocos manejen estas estadísticas, cada año se producen 23 millones de abortos espontáneos en todo el mundo. Esto equivale a 44 pérdidas de embarazos cada minuto. Curiosamente, es más común de lo que muchos piensan: entre el 15% y el 25% de los embarazos reconocidos clínicamente acaban en pérdida.
El riesgo de aborto espontáneo es del 12% para las mujeres de 20 a 29 años y aumenta con la edad hasta rozar el 65% en las mujeres de más de 45 años. Las causas pueden variar y a menudo no se pueden identificar con certeza. Algunos factores comunes incluyen anomalías cromosómicas en el embrión, problemas uterinos, desequilibrios hormonales, enfermedades crónicas, infecciones y trastornos inmunológicos.
A pesar de que quien lo sufre inevitablemente intenta autoculparse, en la mayoría de los casos el aborto espontáneo no se debe a ninguna acción por parte de la mujer embarazada.
En el caso de los hombres, la tendencia es a no sufrir tanto, principalmente porque en el embarazo no tienen un rol tan protagónico como la mujer, que es quien lleva en el vientre a la criatura. Por lo general el golpe anímico es menor, pero depende de cómo han sido educados y lo sensibles que puedan ser o por las circunstancias que rodean el suceso.
Es esencial que quienes atraviesan un aborto espontáneo tengan acceso a un sistema de apoyo sólido. Esto puede incluir el soporte emocional de amigos o familiares para pasar el mal momento.
Quienes atraviesan un aborto espontáneo con frecuencia pueden sentirse solos y aislados en su dolor, ya que la sociedad tiende a no hablar abiertamente sobre este tema. Es importante fomentar un ambiente de empatía y compasión, donde se pueda hablar libremente sobre el aborto espontáneo y donde las personas se sientan seguras para compartir sus experiencias sin temor a ser juzgadas.
Un paso importante dio Michelle Obama, la ex primera dama de los Estados Unidos, cuando confesó en televisión que habia sufrido un aborto espontáneo: “Sentí que había fallado porque no sabía que eran tan comunes los abortos espontáneos, porque no hablamos de ellos”, admitió. “Esa es una de las razones por las que creo que es importante hablar con las madres jóvenes sobre el hecho de que ocurren abortos involuntarios”, agregó.
Tras esa declaración de Obama, ampliada en su libro de memorias, varios psicólogos aplaudieron sus palabras ya que le dio visibilidad al tema, algo que consideran importante. Es que la ignorancia puede contribuir al costo emocional y psicológico de perder un embarazo, aislando a las mujeres y a sus parejas, y dejando a sus seres queridos sin saber cómo consolarlos.

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Margarita Mendoza Burgos
Margarita Mendoza Burgos
Titulaciones en Psiquiatría General y Psicólogía Médica, Psiquiatrí­a infantojuvenil, y Terapia de familia, obtenidas en la Universidad Complutense de Madrid, España; colaboradora de ContraPunto

El contenido de este artículo no refleja necesariamente la postura de ContraPunto. Es la opinión exclusiva de su autor.

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