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martes, 27 de julio del 2021

A mala información, malos resultados

La incertidumbre y la mentira son muy peligrosas; nos hacen tomar malas decisiones que parecen buenas. Hubert Kast

Gonzalo Casino es un periodista científico, doctor en medicina y profesor de periodismo en la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona. Nadie se atrevería a descalificar sus trabajos… Bueno… Aquí en El Salvador sí hay alguien que seguramente lo haría… y hasta podría calificarle de “el loco de la Pompeu Fabra” o de “imbécil”.

Casino afirma que “…la investigación científica es un proceso metódico y ordenado, en el que es tan importante la imaginación creativa (basada en la observación experta) como el registro transparente de datos fiables, para asegurar así la reproducibilidad…”. Estos principios son aplicables en cualquier disciplina del quehacer científico, incluyendo la Medicina y una de sus más importantes ramas: la  Epidemiología.

A partir de la reproducibilidad de los datos fiables, los científicos son capaces de construir modelos para la formulación de planes y proyectos sanitarios para enfrentar, sea un marco epidemiológico global de un país en situación “normal” o una catástrofe epidémica como la que actualmente tenemos, tomando en cuenta el perfil demográfico, epidemiológico y socioeconómico de un país.

El rotundo fracaso de Su Excelencia y de sus súbditos se ha debido a que las únicas estrategias para enfrentar la pandemia han sido una cuarentena mal diseñada e insostenible en el tiempo y un diluvio de mentiras que han saturado los medios y las redes sociales. Agreguemos un bono de $300 y los llamados paquetes solidarios que no han resuelto más que mínimamente las necesidades de algunas familias, pero que le pueden redituar votos para 2021. Ante el fracaso del hospital, este gobierno se ha convertido en el más populista de Latinoamérica.

El subregistro de contagios y decesos por Covid 19 ocurre en cualquier parte del mundo, pero no es aceptable que deliberadamente se manipulen las cifras con el objeto de no quedar mal ante las estadísticas internacionales y para fingir que todo marcha bien entre nosotros,  como si no pasara nada. Para los expertos y para el 3 por ciento de la población que tiene capacidad de análisis, estos hechos son fácilmente demostrables, aún sin tener acceso a toda esa información. El 97 por ciento seguirá creyendo y aplaudiendo todo lo que le dicen.

Aún con las cifras disfrazadas, expertos científicos afirman que en nuestro país el subregistro puede ser escandalosamente superior de lo que se nos informa, hasta de un 600 por ciento, considerando en primer lugar, que las muertes atribuidas a neumonías de otra causa o infecciones respiratorias agudas se han disparado sospechosamente desde la aparición de la pandemia y que, además, los casos de compatriotas que fallecen con un diagnostico secundario de “sospecha de Covid” no se contabilizan como tales puesto que no tuvieron acceso a una prueba RT PCR. Esta información ha sido obtenida gracias al periodismo investigativo, incómodo para ciertos estratos del poder pero que nos permite tener acceso al menos a una parte de la verdad.

Las autoridades insisten en que el sistema de salud está “a punto del colapso” cuando se sabe que está colapsado desde hace más de un mes y medio, y cuando los cementerios son mudos testigos de una dramática realidad que se nos trata de disimular. Resulta entonces que solamente los funcionarios (y no todos) de salud pública, Casa Presidencial y los asesores venezolanos conocen la realidad de lo que pasa en El Salvador en relación con la pandemia, pero la verdad verá la luz más temprano que tarde.

La información ha sido deliberadamente limitada, distorsionada, imprecisa y tendenciosa, generando una confusión que no permite a los ciudadanos valorar el riesgo en su justa dimensión. Esto, sumado a su instinto de supervivencia les hace salir a la calle y olvidar protocolos de sanidad porque necesita sobrevivir junto a su familia y porque el gobierno está más preocupado por su imagen y por las elecciones, que por educar masivamente a la población, como se evidencia en los medios y las redes sociales, en los que se destaca lo que supuestamente el gobierno ha hecho y no lo que la gente debería hacer.

Después de cuatro largos meses, como resultado de una pésima gestión, el problema ahora es mucho más complejo. Se calcula conservadoramente que los números reales al menos quintuplican los del gobierno: es decir, alrededor de 80 mil casos y dos mil fallecimientos. Estas muertes y las del sacrificado personal de salud estarán siempre sobre la conciencia del señor Bukele, el doctor Alabí y sus súbditos. Que Dios les ilumine y les permita dormir tranquilamente. Y… ¿Qué dicen el Consejo Superior de Salud Pública y la Junta de Vigilancia de la Profesión Médica?

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