Por Alonso Rosales
Cuando la noche se viste de pasión encendida,
y la luna nos contempla con su luz plateada,
yo quisiera recorrer los rincones de tu vida,
y beber de tus besos, mi mujer adorada.
Tu mirada me provoca dulcemente el deseo,
tu sonrisa me desnuda con su dulce candor,
y en la magia de tus labios lentamente me pierdo,
como un hombre que ha encontrado su más bello amor.
Quiero acariciar tu piel con mis manos temblorosas,
descubrir cada secreto que guardas con ternura,
y escribir sobre tu cuerpo mil palabras hermosas,
mientras arde entre nosotros la llama de la locura.
Que se detenga el tiempo cuando estés junto a mí,
que se callen las estrellas para oír tu respiración,
porque no existe otro cielo más hermoso que vivir,
entre tus brazos rendido, entregándote el corazón.
Quiero ser la dulce brisa que acaricie tu cabello,
el suspiro que te envuelva cuando llegue la madrugada,
el fuego que encienda tu cuerpo con su destello,
y el hombre que te adore sin pedirte nunca nada.
Déjame besar tu cuello bajo un cielo de estrellas,
susurrarte al oído mis deseos más profundos,
hacer de nuestras noches las historias más bellas,
y fundir nuestros anhelos en un abrazo profundo.
Porque eres mi tentación, mi pasión y mi destino,
la mujer que hace de mi mundo un jardín florecido;
y aunque cambien los tiempos, seguiré en tu camino,
amándote con el alma y con el deseo encendido.


