Por Redacción ContraPunto
El Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN) mantiene iniciativas para promover la recolección y manejo adecuado de los Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos (RAEE), conocidos comúnmente como basura o chatarra electrónica. El objetivo es evitar que teléfonos celulares, computadoras, electrodomésticos, radios, controles, microondas y otros equipos que han dejado de funcionar terminen mezclados con la basura doméstica.
El MARN ha desarrollado campañas específicas de recolección y ha establecido lineamientos para que estos residuos reciban un tratamiento ambientalmente adecuado. En 2026, la institución también convocó a empresas que poseen equipos electrónicos en desuso para que puedan entregarlos para una disposición final apropiada.
Un problema que crece en todo el planeta
La dimensión del problema trasciende las fronteras de El Salvador. De acuerdo con el Global E-waste Monitor 2024, elaborado por la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) y UNITAR, el mundo generó aproximadamente 62 millones de toneladas de residuos electrónicos en 2022, una cifra récord que representó un incremento del 82 % respecto de 2010.
La tendencia apunta a un crecimiento todavía mayor. Las estimaciones internacionales señalan que los residuos electrónicos podrían alcanzar 82 millones de toneladas anuales para 2030, mientras que la proporción de estos desechos que son formalmente recolectados y reciclados podría disminuir si no se fortalecen los sistemas de gestión. En 2022, solamente el 22.3 % fue documentado como recolectado y reciclado adecuadamente.
Esto significa que decenas de millones de toneladas de aparatos descartados permanecen fuera de los circuitos formales de reciclaje, con pérdida de materiales que podrían recuperarse y con riesgos derivados de su manejo inadecuado.
¿Por qué contaminan los aparatos electrónicos?
La basura electrónica no es un residuo convencional. Muchos aparatos contienen sustancias y componentes que requieren un manejo especializado. Entre ellos pueden encontrarse mercurio, plomo, cadmio y otros materiales potencialmente peligrosos. Cuando estos equipos son abandonados en vertederos no controlados, desarmados sin medidas de seguridad o quemados, pueden liberar sustancias contaminantes.
El MARN advierte que los RAEE contienen materiales recuperables de alto valor, pero también elementos químicos catalogados como peligrosos, por lo que requieren un manejo ambientalmente adecuado.
Uno de los principales riesgos es la contaminación del suelo y de los acuíferos. La institución salvadoreña señala que una gestión adecuada evita que elementos contaminantes terminen liberándose en vertederos sin control.
También se pierden recursos valiosos
El problema ambiental tiene otra dimensión: muchos dispositivos que son considerados basura contienen materiales que todavía tienen valor económico y pueden reincorporarse a procesos productivos.
El informe internacional estima que los residuos electrónicos generados en 2022 contenían recursos con un valor aproximado de 91,000 millones de dólares, incluyendo metales como hierro, cobre y oro. Sin embargo, una parte importante de estos materiales no fue recuperada mediante sistemas adecuados de reciclaje.
Por ello, la recolección de aparatos electrónicos no solamente busca reducir la contaminación. También forma parte de una estrategia de economía circular, mediante la cual los materiales pueden recuperarse, procesarse y volver a utilizarse en lugar de extraer continuamente nuevos recursos naturales.
El desafío para El Salvador
El crecimiento del consumo de teléfonos, computadoras, televisores, electrodomésticos y otros dispositivos hace que la cantidad de aparatos que llegan al final de su vida útil aumente constantemente.
En El Salvador, la gestión de estos residuos requiere la participación conjunta de instituciones públicas, empresas, consumidores y gestores autorizados. La ciudadanía también tiene una responsabilidad fundamental: no colocar los aparatos electrónicos en los recipientes de basura común ni abandonarlos en calles, quebradas o terrenos baldíos.
La existencia de campañas de recolección permite que equipos que ya no funcionan tengan una segunda oportunidad mediante la recuperación de materiales y, al mismo tiempo, reduce la posibilidad de que sustancias peligrosas lleguen al ambiente.
El desafío mundial es considerable: si en 2022 se generaron 62 millones de toneladas de residuos electrónicos y la proyección para 2030 alcanza los 82 millones, el manejo responsable de celulares, computadoras, televisores y electrodomésticos dejará de ser solamente una tarea de reciclaje para convertirse en una necesidad ambiental y de salud pública.
En este escenario, cada aparato electrónico entregado correctamente para su tratamiento representa una pequeña acción frente a un problema global que crece al ritmo de la transformación tecnológica.


