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jueves, 13 agosto 2026

“No se quieren ir”: los pueblos que quedaron en pie entre los escombros del terremoto en Colombia

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Por Alonso Rosales

273 muertos, 377 desaparecidos y más de 3.800 heridos

En los municipios de Argelia, El Águila y Roldanillo, cientos de familias enfrentan casas destruidas, edificios inhabitables y una reconstrucción que apenas comienza. Mientras la ayuda en Valle del Cauca se concentra en el área urbana de Cali, las poblaciones de la periferia desafían el miedo y buscan pequeños signos de normalidad, mientras sus habitantes se resisten a abandonar los lugares donde construyeron su vida entera.

Última actualización: 14 de agosto de 2026

El terremoto de magnitud 7,4 que sacudió el occidente de Colombia el lunes 10 de agosto deja ya 273 personas fallecidas, 377 desaparecidas y más de 3.800 heridas, mientras continúan las labores de búsqueda, atención humanitaria y evaluación de daños. Más de 40.000 familias han resultado afectadas por la tragedia.

Cuando volvió la luz en Argelia, en el departamento del Valle del Cauca, se vivió como una celebración. En medio de casas dañadas, edificios que deberán ser demolidos y el temor que aún recorre el pueblo, recuperar la energía eléctrica fue, al menos por un rato, una noticia que valía la pena celebrar.

“Llegó la energía y eso fue de verdad una felicidad absoluta para todos. La gente estaba feliz, contenta en medio de tanta tragedia. Esa pizquita de esperanza y de ánimo también para ellos es importante”, cuenta Joan Varela, un estudiante de Buga que viajó hasta el municipio después del terremoto.

Lo que encontró al llegar fue un panorama “bastante desolador”. Según relató, las autoridades se preparaban para demoler varios edificios que quedaron muy comprometidos por el sismo, entre ellos la iglesia y la sede de la alcaldía.

“Van a demoler casi una cuadra entera porque la infraestructura ya no aguanta”.

Los habitantes también le hablaron de un barrio que habría quedado completamente destruido y de una montaña que, describieron, “se partió prácticamente en dos”.

“La gente no se quiere mover”

Pero entre todos esos relatos había una preocupación que se repetía: qué hacer con quienes ya no pueden quedarse en sus casas, pero tampoco quieren abandonarlas.

“A ellos prácticamente ya les dijeron que Argelia es inhabitable, que lo mejor es que todos desalojen, pero hay mucha gente reacia y que no quiere dejar su pueblo”, relató Varela.

“Argelia representa para ellos la vida entera y no se quieren ir”.

La destrucción, sin embargo, contrasta con el alivio por las vidas que se salvaron.

“Muchos de los locales nos decían: ‘No estamos llorando a un amigo, no estamos llorando a un familiar, no estamos llorando a un habitante de Argelia’”.

Para quienes permanecen allí, eso importa más que cualquier edificio perdido.

A unos kilómetros y del otro lado del límite departamental, en El Águila, Valle del Cauca, el escenario es prácticamente el mismo. El hospital quedó destruido y muchas familias perdieron sus viviendas.

Una joven del municipio que participa en la recolección y distribución de donaciones contó que muchos vecinos se resisten a alejarse de sus casas, incluso cuando ya no pueden dormir dentro de ellas.

“Muchas familias perdieron todo, la casa, pero no se quieren mover de ahí. Están muy tristes porque ven su casa destruida, pero al mismo tiempo tienen mucho miedo de moverse”, relató.

La prioridad ahora pasa por conseguir materiales que permitan improvisar algún tipo de refugio: láminas de zinc para cubrir los techos, además de cobijas, colchonetas, almohadas, sábanas y alimentos.

“No tienen dónde dormir. De una u otra manera se han acomodado porque la gente no se quiere mover de su casa, a pesar de que esté destruida. Quieren tratar de salvar lo que más pueden”.

En El Águila, la preocupación está puesta también en las zonas rurales. Hay familias de veredas cercanas cuyas casas quedaron destruidas y que todavía esperan asistencia.

La comunicación tampoco ayuda. Durante los primeros días, la señal telefónica funcionó de manera intermitente, lo que incluso provocó que algunas personas fueran reportadas como desaparecidas cuando, en realidad, sus familias simplemente no conseguían comunicarse con ellas.

Ayudas y reclamos

Ante la dimensión de los daños, vecinos de El Águila comenzaron a organizar sus propios centros de acopio.

Las donaciones son recibidas, clasificadas y llevadas directamente a familias que, según los vecinos, todavía no han recibido asistencia.

“Han llegado ayudas, sí, pero están llegando a ciertas personas, no a la población en general que las necesita”.

La joven cuestionó además la respuesta de la alcaldía y aseguró que parte de las donaciones recibidas por el municipio permanecían almacenadas en la Casa de la Cultura sin haber sido distribuidas.

“Lo que las personas están recibiendo en este momento son donaciones de particulares y es con lo que la gente está tratando de pasar las noches”, afirmó.

Quinientas casas destruidas en Roldanillo

Más al norte, Roldanillo intenta poner en números su propia destrucción.

El alcalde Jaime Ríos Álvarez dijo en diálogo con Blu Radio que alrededor de 1.200 viviendas resultaron afectadas por el terremoto y unas 500 quedaron completamente destruidas. Las inspecciones realizadas por ingenieros llevaron además a ordenar el desalojo de más de 15 edificios.

“Triste con la situación de nuestro municipio. La economía se va a pique con la destrucción total de Pueblo Mágico”, lamentó el alcalde.

Ríos confirmó además la muerte de dos personas en el municipio.

En Roldanillo, como en Argelia y El Águila, la emergencia empieza ahora a transformarse en otra cosa. Tras el impacto inicial del terremoto, quedan cientos de familias frente a viviendas a las que no pueden entrar, edificios que deberán ser demolidos y pueblos que tendrán que reconstruir buena parte de su infraestructura.

Sin embargo, marcharse no es fácil.

En Argelia, algunos vecinos se resisten a abandonar un pueblo que consideran su vida entera. En El Águila, familias permanecen junto a los restos de sus casas para cuidar lo poco que pudieron salvar. Y en Roldanillo, donde cientos de viviendas desaparecieron, el alcalde advierte que el golpe amenaza también el futuro económico del municipio.

Entre los escombros, las donaciones que llegan y las que todavía se necesitan, la recuperación de la electricidad o de una señal de teléfono pueden convertirse en pequeñas victorias.

Después viene una pregunta mucho más compleja: cómo empezar de cero sin dejar atrás el lugar al que llaman casa.

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